Columbia Británica acaba de convertir dos de los proyectos auríferos más grandes del oeste canadiense en una lección sobre lo que ocurre cuando la regulación, los litigios entre privados y la tensión con comunidades indígenas convergen sin que nadie los coordine. Seabridge Gold y su coloso KSM, junto con el proyecto vecino, enfrentan retrasos de permisos que no vienen del gobierno federal ni de una nueva ley ambiental: vienen de un pleito legal entre mineras que la provincia decidió no ignorar.
- KSM: cuando el vecino puede detener un proyecto de clase mundial
- El doble golpe: dos proyectos, el mismo obstáculo regulatorio
- Lo que esto dice sobre el sistema de permisos canadiense en 2025-2026
- Implicaciones para la cadena norteamericana de minerales críticos
- La comparación con México: dos jurisdicciones, dos tipos de riesgo
- Seabridge y el costo de la espera
- Lo que Columbia Británica necesita resolver
KSM: cuando el vecino puede detener un proyecto de clase mundial
KSM no es un proyecto menor. Con reservas que lo colocan entre los depósitos de oro y cobre sin desarrollar más grandes del mundo, Seabridge Gold lleva años negociando el laberinto regulatorio de Columbia Británica. El paso más reciente —permisos para construir túneles de acceso— debería ser un trámite técnico dentro de un proceso ya avanzado. No lo es.
La provincia pausó esos permisos mientras Seabridge resuelve en corte su disputa con una minera vecina. El razonamiento del gobierno es comprensible desde una óptica de administración de riesgos: no otorgar autorizaciones sobre terreno en conflicto legal hasta que la jurisdicción quede clara. Pero la consecuencia práctica es una parálisis que no distingue entre un litigio menor y uno que podría extenderse años.
Para los inversionistas institucionales en TSX y NYSE que siguen a Seabridge, el problema no es la disputa en sí. Es la señal: Columbia Británica está dispuesta a congelar el avance de un proyecto avanzado —con estudios de viabilidad, compromisos ambientales y consultas indígenas parcialmente completadas— por factores que escapan al control de la empresa emisora. Eso redefine el perfil de riesgo del activo.
El doble golpe: dos proyectos, el mismo obstáculo regulatorio
El problema no se limita a KSM. El segundo proyecto aurífero de mayor envergadura en la provincia enfrenta un obstáculo de naturaleza similar, lo que convierte esto en un patrón, no en una anomalía. Cuando dos proyectos de primer nivel en la misma jurisdicción chocan simultáneamente con el mismo tipo de freno, la lectura del mercado es inevitablemente institucional: algo está fallando en el marco de gestión de permisos de BC.
Columbia Británica no es una jurisdicción hostil a la minería. Fraser Institute la ha ubicado consistentemente entre las regiones más atractivas de Canadá para la inversión. Pero la atracción de una jurisdicción no se mide solo por su política de regalías o por la claridad de sus leyes ambientales. Se mide también por la velocidad y predictibilidad con que convierte un proyecto aprobado en uno en construcción. En ese indicador, la provincia está fallando en este ciclo.
Lo que esto dice sobre el sistema de permisos canadiense en 2025-2026
Canadá lleva años promoviendo su sector minero como alternativa estable frente a jurisdicciones más conflictivas de América Latina y África. El argumento es conocido: estado de derecho, certeza jurídica, procesos transparentes. Ese argumento sigue siendo válido en términos comparativos, pero los retrasos en BC exponen una fragilidad estructural: el sistema de permisos no tiene mecanismos eficientes para aislar disputas entre privados del proceso de otorgamiento de licencias públicas.
En la práctica, esto significa que una empresa puede cumplir todos los requisitos ambientales, completar la consulta con comunidades indígenas y aun así ver sus permisos detenidos por un litigio que involucra a un tercero. No hay garantía de separación entre ambos procesos. Para un director de operaciones que está calculando el cronograma de construcción o para un analista en Toronto que modela el flujo de caja, esa incertidumbre tiene un costo concreto.
La pregunta que nadie en el gobierno de BC ha respondido con claridad es cuánto tiempo puede extenderse esta suspensión y bajo qué condiciones se reactiva el proceso. Sin esa respuesta, el capital institucional simplemente descuenta el riesgo aplicando una prima mayor o redirigiendo la atención hacia proyectos con menor exposición procesal.
Implicaciones para la cadena norteamericana de minerales críticos
El contexto geopolítico hace estos retrasos especialmente costosos. La administración Trump ha elevado los minerales críticos a categoría de seguridad nacional. El acuerdo bilateral México-EUA de febrero de 2026 y las conversaciones en curso con Canadá buscan integrar cadenas de suministro dentro del marco USMCA. En ese mapa, BC ocupa un lugar central: KSM contiene no solo oro sino cobre y molibdeno, metales que Washington considera estratégicos.
Cada mes que KSM permanece en pausa regulatoria es un mes en que la cadena norteamericana depende más de suministros externos para esos metales. El Departamento de Energía de EUA y el Departamento de Interior llevan meses presionando a Ottawa para acelerar proyectos en el corredor noroeste de Canadá. Un litigio entre privados que paraliza el otorgamiento de permisos no es el tipo de obstáculo que esas presiones pueden resolver directamente. Pero sí crea fricción política.
Natural Resources Canada tiene instrumentos limitados para intervenir en disputas provinciales de permisos. El gobierno federal puede agilizar evaluaciones ambientales bajo la Impact Assessment Act, pero no puede ordenar a BC que separe sus procesos. Esa brecha constitucional entre las prioridades de Ottawa en minerales críticos y la administración cotidiana de permisos en las provincias es una de las vulnerabilidades más subvaloradas del modelo canadiense.
La comparación con México: dos jurisdicciones, dos tipos de riesgo
Para los ejecutivos que administran carteras binacionales —proyectos en Sonora o Zacatecas y simultáneamente en BC o Ontario— la coyuntura actual presenta una comparación incómoda. México bajo Sheinbaum ha reducido su backlog de permisos en Zacatecas de 25 a 5 expedientes pendientes en 2025. La SEMARNAT está procesando autorizaciones con una velocidad que no se veía desde antes de la reforma minera de 2023. Eso no convierte a México en una jurisdicción más segura que Canadá —la inseguridad en Sinaloa y el amparo constitucional de la reforma minera ante la SCJN siguen siendo riesgos reales— pero sí complica la narrativa simple de “Canadá es certero, México es incierto”.
Los dos países enfrentan tipos de riesgo distintos. México tiene riesgo político e inseguridad física con ventanas de certeza regulatoria crecientes bajo el gobierno actual. Canadá tiene certeza institucional con bloqueos procesales puntuales que pueden ser igual de costosos en tiempo y capital. Un proyecto paralizado doce meses en BC por un litigio entre privados y un proyecto paralizado doce meses en Zacatecas por un backlog de permisos tienen el mismo efecto sobre el VPN.
Seabridge y el costo de la espera
Para Seabridge Gold específicamente, el impacto se mide en más de una dimensión. Primero, el costo financiero directo: cada año de retraso en el inicio de construcción de KSM representa capital inmovilizado, financiamiento que se encarece y una curva de producción que se desplaza hacia el futuro en un momento en que el oro cotiza por encima de los 3,100 dólares. Segundo, el costo reputacional ante inversionistas: un proyecto que acumula retrasos sin que la empresa pueda explicar un camino claro hacia la resolución genera una prima de riesgo que se refleja en la valuación.
Seabridge no ha construido nada aún en KSM. Todo su valor bursátil descansa sobre la expectativa de que eventualmente lo hará. Cada trimestre que ese “eventualmente” se aleja, el mercado lo castiga con descuentos crecientes sobre el valor neto de activos. Los permisos de túneles no son el proyecto completo, pero son el paso que demostraba que el proceso avanzaba. Sin ellos, el mercado no tiene señales de progreso que valuar.
Lo que Columbia Británica necesita resolver
La provincia tiene tres opciones. Puede esperar la resolución judicial y mantener la suspensión, lo que puede extenderse años. Puede crear un mecanismo expedito para separar la disputa entre privados del proceso de otorgamiento de permisos públicos, avanzando en paralelo con garantías condicionadas. O puede establecer un proceso de arbitraje acelerado entre las partes en conflicto, con incentivos legales para una resolución rápida.
La primera opción es la menos costosa para el gobierno en el corto plazo y la más costosa para el sector en el mediano plazo. Las otras dos requieren voluntad política y capacidad técnica para diseñar mecanismos que hoy no existen en el marco regulatorio de BC. Esa es la conversación que CAMIMEX tendría en México, que la Mining Association of Canada debería estar teniendo en Victoria.
Dos proyectos de clase mundial detenidos en la misma jurisdicción por el mismo tipo de problema no es mala suerte. Es un diagnóstico.

