BMI, la firma de análisis de Fitch Solutions, revisó al alza sus proyecciones de precio para el litio en 2025: US$17,000/t para carbonato de litio 99.5% y US$16,700/t para hidróxido de litio monohidratado 56.5%, ambos referenciados al mercado continental chino. No es la primera corrección del año. BMI ya había ajustado sus estimados fuera del ciclo regular de revisiones, lo que habla de un mercado que se está moviendo más rápido que los modelos.
El giro que nadie esperaba tan pronto
Hace doce meses, el consenso del mercado apuntaba a una recuperación lenta del litio. Los precios habían colapsado más del 80% desde sus máximos de 2022, arrastrados por una sobreoferta estructural que China construyó deliberadamente para abaratar insumos de su industria de baterías. El carbonato de litio llegó a cotizar por debajo de US$10,000/t a principios de 2024. La narrativa era sencilla: demasiado litio, demasiado pronto.
Lo que cambió no fue la demanda —que sigue siendo robusta pero con señales mixtas de corto plazo, como reconoce el propio BMI— sino la oferta. Varios productores australianos redujeron operaciones o las suspendieron ante precios que no cubrían costos operativos. Pilbara Minerals, Liontown y Core Lithium tomaron decisiones distintas, pero con el mismo resultado: menos espodumeno saliendo al mercado en el segundo semestre de 2024 y el primero de 2025. Esa restricción de oferta está llegando ahora a los procesadores chinos.
La revisión de BMI no es una señal de euforia. Es una corrección de realismo.
China: el procesador que determina el precio global
Entender el mercado del litio en 2025 requiere entender primero que China no es solo el mayor consumidor —absorbe más del 60% de la demanda global— sino el árbitro de precio. Sus plantas de conversión transforman el espodumeno australiano y la salmuera sudamericana en los químicos que terminan en las baterías de los vehículos eléctricos. Cuando esa capacidad de conversión supera la oferta de materia prima, los precios suben. Eso es exactamente lo que está pasando.
El inventario de carbonato de litio en los almacenes chinos cayó a niveles que no se veían desde mediados de 2023. La Asociación de Metales No Ferrosos de China reportó una reducción del 18% en los stocks monitoreados durante el primer trimestre del año. Para los procesadores, eso significa mayor competencia por asegurar toneladas, y esa competencia se traduce directamente en el precio spot que BMI usa como referencia para sus proyecciones.
Pero hay una tensión real en el análisis. BMI advierte que los niveles de precio de inicio de año “parecían moverse más allá de lo que los fundamentos por sí solos justificarían.” Es una señal de alerta: parte del rally reciente incorpora expectativas de restricción futura, no escasez presente. Cuando el mercado corre adelante de los fundamentos, la corrección es posible si la demanda no confirma el ritmo esperado.
La demanda que no termina de convencer a todos
Las ventas de vehículos eléctricos siguen creciendo, pero el ritmo varía por mercado. En China, el crecimiento del primer trimestre de 2025 superó el 40% interanual, impulsado por subsidios renovados y una penetración que ya supera el 35% del mercado automotriz total. Esa cifra es estructuralmente alcista para el litio. Sin embargo, Europa frenó: los incentivos a la compra de EVs se recortaron en varios países, y las ventas del primer trimestre mostraron caídas en Alemania y Francia.
Estados Unidos, por su parte, vive su propio dilema político. Los aranceles al sector automotriz chino y la incertidumbre sobre los créditos fiscales del Inflation Reduction Act generan un entorno donde los fabricantes de baterías —en su mayoría operando con socios asiáticos— no terminan de comprometer nuevas expansiones de capacidad. Esa pausa de inversión en el eslabón de manufactura es la señal mixta de demanda que BMI reconoce en su informe.
El mercado de almacenamiento energético estacionario compensa parcialmente esa incertidumbre automotriz. China instaló en 2024 más de 60 GWh de almacenamiento en red, y las proyecciones para 2025 apuntan a superar los 100 GWh. Ese segmento consume litio —principalmente carbonato, no hidróxido— y tiene una elasticidad de precio distinta a la del segmento automotriz.
Lo que le importa a Sudamérica: el Triángulo ante una ventana
Para los productores del Triángulo del Litio —Argentina, Bolivia y Chile—, la revisión de BMI llega en un momento de alta relevancia estratégica. Chile opera el Salar de Atacama a través de SQM y Albemarle, y es el segundo productor mundial después de Australia. Argentina avanza en su agenda de atracción de inversión bajo el RIGI, con proyectos como Livent-Allkem (ahora Arcadium Lithium, adquirida por Rio Tinto a finales de 2024), Lithium Argentina y varios otros en distintas etapas de desarrollo.
Un precio de US$17,000/t para carbonato es el umbral que vuelve viables proyectos que a US$10,000/t eran pérdidas. Varios desarrolladores en el Puna argentina y en el norte de Chile tienen costos operativos proyectados entre US$8,000 y US$12,000/t en escenario pleno de producción. A los niveles que BMI proyecta para 2025, los márgenes son positivos y las conversaciones con bancos de infraestructura vuelven a tener sentido.
Chile, sin embargo, enfrenta su propio condicionante: la Estrategia Nacional del Litio del gobierno de Boric estableció que el Estado debe tener participación en los nuevos contratos de explotación a través de CODELCO y ENAMI. Esa estructura no ha disuadido a todos los inversionistas, pero sí ha prolongado los procesos de negociación. La ventana de precio que se abre en 2025 puede no esperar los tiempos administrativos del modelo chileno.
Argentina juega diferente. El RIGI ofrece estabilidad fiscal y cambiaria por 30 años para grandes proyectos, y Rio Tinto —con Arcadium en su portafolio— ya tiene posiciones en el país. La inversión extranjera directa hacia el litio argentino creció más del 60% en 2024, según datos del Ministerio de Economía. Si los precios se sostienen, esa tendencia se acelera.
México: reservas enormes, producción mínima
México tiene las mayores reservas de litio del mundo —243 millones de toneladas según el Servicio Geológico Mexicano—, concentradas principalmente en Sonora. Sin embargo, la producción comercial sigue siendo prácticamente inexistente. La controversia por la reserva estratégica decretada en 2022, los límites a la participación privada y la capitalización insuficiente de LitioMx han paralizado el desarrollo.
Un precio de US$17,000/t debería ser el mejor argumento para desatascar esa agenda. No lo ha sido. La razón es simple: los inversionistas no evalúan el precio spot de hoy, evalúan la certeza regulatoria de los próximos diez años. Mientras esa certeza no exista, el litio mexicano permanece en el subsuelo independientemente de lo que haga el mercado.
Lectura de corto y mediano plazo
BMI proyecta que los precios se sostendrán en el rango revisado durante 2025, con posibilidad de mayor fortaleza si la producción australiana no se recupera al ritmo que el mercado anticipa. El riesgo bajista principal no es la demanda —que tiene un piso estructural robusto en la electrificación—, sino un regreso de capacidad de oferta más rápido de lo esperado o una desaceleración más severa de las ventas de EVs en Europa y Norteamérica.
Para los productores del Triángulo del Litio, el mensaje es directo: el ciclo de castigo terminó, y los próximos 18 meses ofrecen condiciones para avanzar en financiamiento y expansión. Para los gobiernos de la región que aún no han resuelto sus marcos regulatorios —México incluido—, la oportunidad tiene fecha de vencimiento. La próxima fase de sobreoferta llegará cuando Australia reactive y cuando los proyectos africanos y latinoamericanos que se financiaron en 2021 terminen de construirse. Ese momento no está lejos.
El litio no volvió al boom de 2022. Pero el suelo se ve más firme de lo que muchos analistas calcularon hace apenas seis meses.

