La discusión sobre igualdad de género en la minería dejó de ser un asunto periférico en Zacatecas. El conversatorio “Liderazgo de las Mujeres en la Minería”, organizado por la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Zacatecas y Women in Mining México Distrito Zacatecas, colocó el tema en el terreno donde realmente importa: el de la operación, la cultura laboral y la toma de decisiones. El encuentro se realizó el 10 de marzo de 2026, en el contexto del Día Internacional de la Mujer, y reunió a funcionarias, directivas, representantes empresariales y profesionistas del sector.
La señal más relevante del evento no fue solo discursiva. La CDHEZ y WIM Zacatecas firmaron un convenio de colaboración para impulsar acciones de promoción, difusión y capacitación en derechos humanos con perspectiva de género dentro de la industria minera. Ese paso importa porque mueve la conversación desde el diagnóstico hacia la institucionalización. En un sector que históricamente operó bajo estructuras masculinizadas, cualquier avance serio necesita reglas, seguimiento y compromiso entre organismos, empresas y asociaciones.
Durante el conversatorio, la presidenta de la CDHEZ, Maricela Dimas Reveles, sostuvo que el liderazgo femenino en minería no debe verse como excepción, sino como una expresión legítima del derecho a la igualdad y a la no discriminación. La funcionaria también subrayó que Zacatecas arrastra una larga tradición minera en la que muchas aportaciones de mujeres quedaron relegadas o invisibilizadas. El planteamiento tiene peso porque reconoce un problema estructural y, al mismo tiempo, admite que la transformación ya empezó.
La presidenta de WIM México Distrito Zacatecas, Fátima Santillán Díaz, ubicó ese cambio dentro de la realidad diaria del sector. Según su exposición, cada vez más mujeres participan en operación, ingeniería, geología, tecnología y gestión. Esa afirmación no describe una intención abstracta. Refleja un reacomodo visible en la minería mexicana, donde la presencia femenina creció de manera sostenida y hoy ya forma parte de la discusión sobre productividad, talento y permanencia.
Los datos del sector respaldan esa lectura. De acuerdo con CAMIMEX, 77 mil 190 mujeres trabajaban en la minería mexicana al cierre de 2024, lo que equivale al 18.5 por ciento de la fuerza laboral. Un año antes, el mismo organismo reportó 74 mil 529 trabajadoras, cerca del 18 por ciento del total, además de un crecimiento acumulado importante en los últimos años. No se trata todavía de una participación equilibrada, pero sí de un cambio con escala suficiente para exigir políticas de inclusión más robustas.
Ese crecimiento también explica por qué la agenda de derechos humanos ya no puede quedarse en el terreno declarativo. Cuando más mujeres ingresan a un sector exigente, la discusión pasa por infraestructura adecuada, protocolos contra acoso, procesos de promoción, conciliación vida-trabajo y formación de liderazgos. WIM México destacó hace unos días que, en las tres generaciones del Sello WIM, ya participaron 30 centros de trabajo y se benefició a 4 mil 116 mujeres. La organización sostuvo, además, que varias empresas dejaron de ver la equidad como una simple métrica y comenzaron a tratarla como cultura con efectos medibles.
Zacatecas aparece en ese proceso con un peso específico. El estado no solo organizó este conversatorio. También figura de manera destacada en las iniciativas recientes de inclusión minera. En la entrega del Sello WIM 2026, varias operaciones ubicadas en Zacatecas recibieron reconocimientos, entre ellas Minera Camino Rojo, Mina La Colorada, Unidad Minera Saucito, Minas de San Nicolás y Tecmin Servicios. Esa presencia sugiere que la entidad ya participa en una ruta concreta de mejores prácticas laborales y no solo en un debate simbólico.
El contexto económico explica por qué el tema merece atención. Zacatecas se mantiene como líder nacional en producción de oro, plata, plomo y zinc, de acuerdo con cifras oficiales estatales construidas con base en la Estadística de la Industria Minerometalúrgica del INEGI. En enero de 2026, el gobierno estatal reportó 3 mil 371 toneladas de oro, 190 mil 070 de plata, 14 mil 826 de plomo y 39 mil 819 de zinc. Hablamos, por tanto, de una entidad donde la minería no es una actividad marginal, sino uno de los ejes centrales de la economía regional.
Por eso el fondo del conversatorio resulta más importante que la forma. En un estado minero de esa magnitud, los derechos humanos y la igualdad de género no deben tratarse como un anexo reputacional. Deben entenderse como parte de la competitividad. Una industria que retiene talento, abre espacios de decisión y reduce barreras internas se vuelve más sólida. El propio presidente del Clúster Minero de Zacatecas y gerente general de Capstone Copper, Abel González Vargas, lo dijo con claridad al señalar que la inclusión femenina fortalece el desarrollo del sector.
Los indicadores salariales refuerzan ese argumento. Según el compendio estadístico de CAMIMEX, Zacatecas figura entre las entidades más competitivas del sector minero-metalúrgico y encabeza el salario base de cotización en el rubro minero con 1,116.47 pesos diarios. El mismo organismo reportó que, en 2023, el salario de las mujeres en la minería metálica fue 79.3 por ciento superior al salario promedio diario nacional femenil. Ese dato no cancela las brechas pendientes, pero sí muestra que la minería puede ofrecer empleos formales y mejor remunerados para perfiles especializados.
También conviene mirar la base formativa. CAMIMEX reportó que, en el ciclo 2023-2024, las mujeres representaron 38.4 por ciento de la matrícula en carreras de Ciencias de la Tierra. Además, 44 por ciento de la plantilla laboral femenina afiliada a la cámara ocupó puestos ligados a áreas STEM. Esa combinación importa porque la igualdad real en la minería no dependerá solo de mejores discursos en la superficie. Dependerá de que más ingenieras, geólogas, metalurgistas y técnicas encuentren rutas claras de ingreso, permanencia y ascenso.
El reto, entonces, no consiste únicamente en sumar más mujeres a la nómina. Consiste en ampliar su presencia en supervisión, áreas técnicas y mandos directivos. La propia información de CAMIMEX muestra que, entre las mujeres no sindicalizadas del sector, 49 por ciento labora en áreas administrativas, 25 por ciento en supervisión, 21 por ciento en áreas técnicas y solo 5 por ciento en puestos ejecutivos. Ahí está uno de los nudos del problema. La participación avanza, pero el poder de decisión todavía crece con más lentitud.
En términos editoriales, el convenio firmado en Zacatecas vale por una razón sencilla: reconoce que la modernización de la minería ya no puede medirse solo en toneladas, inversiones o precios de los metales. También debe medirse en dignidad laboral, prevención de la discriminación y acceso equitativo a los espacios de liderazgo. Esa discusión no debilita a la industria. La hace más profesional, más estable y más apta para sostener su legitimidad social en territorios donde la actividad extractiva pesa de manera decisiva.
Zacatecas tiene una oportunidad concreta para convertir este momento en política sectorial. La entidad ya concentra producción estratégica, salarios competitivos y presencia empresarial suficiente para probar que una minería fuerte también puede ser una minería más incluyente. El conversatorio de esta semana dejó claro que el debate ya arrancó. Ahora toca que empresas, autoridades y organismos traduzcan esa voluntad en protocolos, capacitación, indicadores y ascensos visibles. Solo así la igualdad de género dejará de ser promesa y se volverá parte del estándar operativo del sector minero zacatecano.

