USA Rare Earth dio un paso que el mercado llevaba tiempo esperando. La compañía activó la fase 1a de su línea comercial de imanes permanentes de neodimio, hierro y boro en Stillwater, Oklahoma. Con ese arranque, la empresa prevé comenzar a surtir pedidos durante el segundo trimestre de 2026. También espera llevar esta primera fase a una capacidad anualizada de 600 toneladas hacia el cierre de este año.
El dato importa por una razón simple. Estados Unidos todavía depende con fuerza del exterior para cubrir su consumo de tierras raras. El USGS estimó que el país mantuvo en 2024 una dependencia neta de importaciones de 80% para compuestos y metales de tierras raras. Además, una parte relevante de esos materiales llega incorporada en imanes permanentes dentro de bienes terminados. En otras palabras, el problema no se limita a la mina. También alcanza al componente industrial de mayor valor.
Stillwater no aparece de la nada. USA Rare Earth produjo su primer lote de imanes sinterizados en enero de 2025. Dos meses después, la empresa puso en servicio su Innovations Lab para prototipos, desarrollo de recetas magnéticas y validación con clientes. El complejo de Oklahoma supera los 310 mil pies cuadrados y hoy opera con más de 100 trabajadores, según la propia compañía. Esta fase comercial, por lo tanto, no abre una historia nueva. Más bien convierte una promesa industrial en un proceso de ejecución verificable.
Conviene subrayar qué significa “comisionar” una línea como esta. No se trata de cortar un listón y encender maquinaria. La empresa describe una secuencia exigente que parte de polvos metálicos y de tierras raras, sigue con molienda fina de 3 a 5 micras, prensado, maquinado, recubrimiento y magnetización. El Departamento de Energía ya había advertido que el tramo medio de la cadena, que incluye separación y refinación, concentra gran parte de la complejidad técnica del negocio. Por eso el avance de Stillwater tiene peso industrial real.
La noticia también llega en un momento oportuno para la empresa. Apenas unos días antes, USA Rare Earth anunció un acuerdo de ventas y distribución con Arnold Magnetic Technologies. Ese convenio busca ampliar la oferta de imanes y materiales procesados para sectores como defensa, aeroespacial, semiconductores y tecnología avanzada. El mensaje resulta claro. La compañía no quiere limitarse a fabricar. Quiere asegurar canales comerciales y presencia en aplicaciones donde la confiabilidad del suministro pesa tanto como el precio.
El trasfondo del proyecto sigue en Texas. USA Rare Earth desarrolla Round Top como base minera de su estrategia integrada de mina a imán. El plan actualizado apunta a iniciar producción comercial en 2028. La hoja de ruta presentada al gobierno federal contempla extraer 40 mil toneladas diarias de alimentación mineral y procesar una docena de minerales críticos y tierras raras, entre ellos itrio, galio, disprosio y terbio. Aquí aparece una parte que suele pasar desapercibida: el proyecto opera sobre tierras estatales y los ingresos del arrendamiento apoyan al Texas Permanent School Fund. La minería, cuando se vincula con cadena de valor y rentas públicas, deja una lectura económica mucho más completa.
La empresa, además, busca respaldo federal para acelerar esa integración. En enero, el programa CHIPS del Departamento de Comercio anunció una carta de intención no vinculante para aportar hasta 277 millones de dólares en apoyo directo y hasta 1.3 mil millones en un préstamo garantizado. El paquete se orienta a proyectos en Texas y Oklahoma con inversiones de capital estimadas en 3.3 mil millones de dólares. No obstante, ese respaldo todavía no equivale a dinero asegurado. Reuters informó después que una legisladora demócrata pidió documentos y cuestionó la estructura del acuerdo. El capital público puede impulsar una cadena estratégica, pero también exige un escrutinio igual de estratégico.
Ahí se ubica el verdadero examen para USA Rare Earth. La línea ya quedó comisionada, pero ahora debe demostrar estabilidad operativa, rendimiento, calidad repetible y entregas a tiempo. En esta industria no basta con producir una pieza aceptable. El cliente pide uniformidad, certificaciones, trazabilidad y cumplimiento en volúmenes crecientes. La manufactura de imanes NdFeB castiga cualquier improvisación. Por eso este anuncio vale más que muchas presentaciones corporativas, aunque todavía no cierre el caso. A partir de hoy, la historia se mide en toneladas vendidas y en clientes retenidos.
Desde una óptica industrial, la señal resulta positiva para la minería de tierras raras. Durante años, buena parte del debate en Occidente giró alrededor de abrir minas, pero dejó en segundo plano el procesamiento, la metalurgia y la manufactura final. Ese enfoque dejó un hueco evidente. El mineral sin conversión local genera menos valor, menos aprendizaje y menor capacidad de respuesta ante tensiones geopolíticas. El propio DOE ha explicado que la separación y el refinado constituyen el núcleo del tramo medio de la cadena de imanes NdFeB. El avance de Stillwater ataca justamente ese cuello de botella.
También conviene poner el movimiento en perspectiva. USA Rare Earth no compite sola en este terreno. En enero de 2025, MP Materials informó el inicio de producción comercial de metal NdPr y la producción de prueba de imanes sinterizados de grado automotriz en Texas. Esa referencia muestra que Estados Unidos empieza a reconstruir capacidad en más de un frente. Aun así, la escala nacional sigue lejos de resolver toda la dependencia externa. El USGS mantiene una fotografía sobria: importaciones altas y exposición estructural a proveedores extranjeros. Stillwater ayuda, pero no clausura el problema.
Para el sector minero, hay otra conclusión relevante. El valor no se captura únicamente en el yacimiento. Se captura cuando el país suma extracción, separación, metal, aleación, magneto y cliente industrial. Esa secuencia genera empleos especializados, contratos de largo plazo y una base manufacturera más difícil de deslocalizar. USA Rare Earth intenta construir exactamente esa escalera. Todavía debe probar rentabilidad y escala. Sin embargo, la nueva línea de Oklahoma ya ofrece algo que escasea en el negocio de minerales críticos: evidencia concreta de avance operativo.
La pregunta de fondo, entonces, ya no es si USA Rare Earth puede encender una línea. Ya la encendió. La pregunta ahora apunta a si puede sostener calidad comercial, ampliar capacidad y conectar su futura mina de Texas con una cadena industrial rentable. Si lo logra, Stillwater no será solo una buena noticia corporativa. Será una prueba de que la minería crítica gana mucho más valor cuando deja de exportar expectativa y empieza a entregar producto terminado.

