El tungsteno volvió a colarse en la conversación de compras industriales. No llegó por una moda. Llegó por una urgencia. En las últimas semanas, consumidores y traders han visto cómo el mercado se endurece. El detonante combina controles de exportación, inventarios bajos y una oferta minera que no crece al ritmo que el mundo exige. Un análisis de BMO Capital Markets sostiene que el “crunch” del tungsteno todavía admite correcciones. El mensaje resulta relevante porque el precio ya manda señales de estrés.
El tungsteno, también llamado volframio, sostiene parte de la economía real. La mayor fracción termina como carburo cementado. Esa mezcla se convierte en piezas de corte y componentes de alta resistencia. Ahí aparecen la construcción, el mecanizado y la propia minería. En Estados Unidos, una estimación del USGS coloca cerca de 60% del consumo en ese tipo de aplicaciones. El resto se dirige a aleaciones y usos eléctricos, además de químicos industriales.
Esa presencia explica por qué el mercado reacciona con sensibilidad. Cuando el tungsteno se encarece, suben costos en herramientas, brocas y consumibles. Eso pega en talleres, fabricantes de autopartes y también en perforación energética. En paralelo, el metal conserva valor estratégico. Su densidad y su desempeño a altas temperaturas lo vuelven atractivo para aplicaciones críticas. Esa combinación, industrial y estratégica, agranda el impacto de cualquier restricción comercial.
Los números recientes ayudan a dimensionar el problema. Reuters reportó récords en enero de 2026. El APT, un insumo clave para llegar a metal y carburo, rondó niveles históricos tanto en China como en Rotterdam. La nota atribuyó el salto a la oferta ajustada y a los controles chinos, además de una demanda industrial firme. Reuters también señaló un recorte de exportaciones y un mercado que obliga a los compradores a “perseguir” material.
Fastmarkets aportó otra pieza del rompecabezas. Tras la adopción de controles en China, las exportaciones chinas de APT entraron en un régimen de licencias. El medio consignó una caída fuerte del volumen exportado durante 2025 frente a 2024. Ese cambio alteró flujos y presionó a consumidores fuera de Asia.
En China, la industria local también documentó el alza. La China Tungsten Industry Association publicó referencias de precios en febrero de 2026 con incrementos marcados en APT y concentrados. Ese seguimiento refuerza la idea de un mercado que no solo sube por expectativa, sino por transacciones y disponibilidad.
El USGS, en su resumen de febrero de 2026, ubicó el trasfondo político con precisión. Indicó que Estados Unidos elevó a 50% los aranceles a varios productos de tungsteno provenientes de China a finales de 2024. Luego, señaló que China aplicó nuevos controles de exportación sobre artículos seleccionados en febrero de 2025. El organismo describió un resultado directo: los precios subieron con fuerza durante 2025. También registró incrementos en Rotterdam para concentrados y APT dentro de ese año.
La dependencia estructural amplifica el choque. El mismo documento del USGS recuerda que Estados Unidos no extrae tungsteno de forma comercial desde 2015. Aun así, el país mantiene capacidad para transformar concentrados, APT, óxidos y chatarra en polvos, carburos y químicos. Esa cadena industrial existe, pero depende de insumos importados o reciclados. En esa fotografía, el USGS ubica una dependencia neta de importaciones superior a 50% del consumo aparente.
Del lado de la mina, la concentración geográfica pesa. El USGS colocó a China como el principal productor mundial. Estimó 67,000 toneladas de producción minera en 2024 y repitió el mismo nivel estimado en 2025. El total mundial rondó 82,000 toneladas en 2024 y 85,000 en 2025. Ese reparto deja poco margen a un reemplazo rápido si China restringe exportaciones o si su industria absorbe más material localmente.
Aquí entra el punto de BMO. Según una reseña técnica que retoma el contenido del reporte, BMO considera que el mercado “caminó dormido” hacia una estrechez. El banco observa inventarios muy bajos y prevé otro déficit en 2026. A la vez, sostiene que el mercado puede encontrar válvulas de ajuste antes de un nuevo salto extremo. Esa tesis no suena a alivio inmediato. Suena a corrección gradual, con costos altos mientras el sistema se reacomoda.
¿Dónde aparece el margen de maniobra? En mi análisis, el primer amortiguador real llega desde la oferta secundaria. El tungsteno se presta al reciclaje porque una parte relevante vive en herramientas y piezas que vuelven como chatarra industrial. Cuando el precio sube, la cadena se disciplina. Los talleres separan mejor el material. Los gestores de residuos elevan tasas de recuperación. Los refinadores invierten en capacidad. El USGS reconoce el rol del secundario, aunque oculta cifras por confidencialidad. Eso, por sí solo, ya dice que el flujo existe y que mueve el mercado.
El segundo amortiguador viene del lado de la demanda. No se trata de reemplazar el tungsteno con facilidad. El USGS enumera sustitutos posibles, pero advierte que muchos reducen el consumo más que sustituirlo. Además, la sustitución suele encarecer o degradar desempeño. Aun así, los fabricantes ajustan diseños, optimizan herramientas y estiran ciclos. Ese tipo de “ahorro” no suena heroico, pero ayuda a que el mercado respire cuando la oferta se tensa.
La tercera salida se asoma en proyectos fuera de China, aunque el calendario manda. El USGS resaltó que la producción minera mundial creció y mencionó el inicio de producción en el yacimiento Boguty, en Kazajistán. También reportó anuncios de cooperación entre Kazajistán y Estados Unidos para desarrollar recursos de tungsteno. Ese tipo de acuerdos no construye minas en meses, pero reduce riesgo país y acelera decisiones de inversión.
La cuarta palanca llega por la política industrial. El USGS señaló apoyos bajo el Defense Production Act, Título III, para proyectos en Nevada, New Brunswick y Yukon. Esa señal importa porque el tungsteno suele quedar fuera del radar frente a litio o cobre. Aquí, el apoyo público funciona como puente financiero. Puede destrabar estudios, permisos y preconstrucción. También puede impulsar plantas de procesamiento, que suelen convertirse en el cuello de botella.
En este tablero, la minería tiene una oportunidad clara para “rescatar” valor social. Un proyecto de tungsteno no solo entrega concentrado. Suele activar empleos técnicos, contratos locales y cadenas de servicios. También empuja estándares ambientales porque hoy nadie financia a ciegas. El reto consiste en no vender humo. La minería tarda, cuesta y enfrenta licenciamiento exigente. Por eso conviene hablar de plazos reales y de dónde sí puede haber avances rápidos, como reciclaje y procesamiento.
El efecto para Norteamérica va más allá de Estados Unidos y Canadá. México no figura como gran productor en las tablas globales recientes del USGS, pero sí aparece como gran manufacturero. La industria metalmecánica mexicana consume herramientas de carburo en automotriz, aeroespacial y maquinaria. Cuando el tungsteno sube, el costo se filtra a toda la cadena. También abre una ventana para negocios de recuperación de chatarra de carburo y para servicios de “regrinding” y gestión de herramientas. En otras palabras, incluso sin mina, México puede capturar valor en la economía circular del volframio.
El componente geopolítico seguirá presente. Reuters ha documentado cómo China utiliza controles de exportación en minerales críticos en un contexto de tensiones tecnológicas. En tungsteno, esa lógica opera desde 2025, con un impacto directo en precios y flujos. Eso obliga a las empresas a diversificar proveedores y a firmar contratos más largos. También obliga a gobiernos a mapear vulnerabilidades con más seriedad.
La pregunta clave para compradores no es si el mercado “se arregla” solo. La pregunta real es cuánto cuesta el puente mientras llega nueva oferta. BMO plantea que existen rutas para reequilibrar antes de otro pico mayor. El USGS muestra que la producción global ya reaccionó en el margen. Reuters y Fastmarkets exhiben el golpe de los controles y la caída de exportaciones. Con esas piezas, el escenario más plausible combina precios altos por más tiempo, con episodios de tensión cada vez que la logística falle o que los permisos se retrasen.
La minería, bien ejecutada, ofrece parte de la solución. Lo hace cuando invierte en yacimientos viables, cuando cumple estándares y cuando construye capacidad de procesamiento fuera de los cuellos de botella. El tungsteno no vive de promesas. Vive de toneladas, licencias y contratos. Quien entienda eso llegará antes al siguiente ciclo de escasez.

