El mercado internacional del oro registró una corrección severa el martes 17 de febrero de 2026, después de que Estados Unidos e Irán reportaran avances en su diálogo nuclear en Ginebra. La percepción de menor riesgo geopolítico enfrió la demanda de refugio y activó una toma de utilidades que arrastró al metal a mínimos de más de una semana.
Durante la sesión, el oro al contado cayó 2.2% y se ubicó en 4,884.46 dólares por onza, mientras los futuros de abril en Comex cerraron con baja de 2.8%, en 4,905.90 dólares. El ajuste no fue aislado: la plata también mostró un descenso relevante, junto con el platino y el paladio, en un movimiento amplio de salida de posiciones defensivas.
La presión vendedora se amplificó por el repunte del dólar. El índice DXY avanzó 0.3%, encareciendo el oro para compradores con otras divisas y reduciendo tracción en la demanda internacional. Ese binomio, menor prima de riesgo geopolítico y dólar más firme, explicó la magnitud del retroceso en metales preciosos.
El catalizador político fue claro: Teherán y Washington informaron que alcanzaron entendimientos sobre “principios rectores” para encauzar la negociación, aunque ambas partes advirtieron que un acuerdo final no es inminente. El mensaje del mercado fue inmediato: menos cobertura de riesgo en oro y mayor preferencia por activos vinculados al dólar en el muy corto plazo.
La reacción cruzada en energía confirmó ese cambio de ánimo. El Brent cerró en 67.42 dólares por barril y el WTI en 62.33, ambos en retroceso, reflejando una reducción parcial de la prima de tensión en Medio Oriente. Cuando oro y petróleo corrigen al mismo tiempo por señales diplomáticas, suele imponerse una lectura de descompresión táctica del riesgo global.
En paralelo, la atención del mercado se desplazó hacia la política monetaria de Estados Unidos. Los inversionistas esperan las minutas de la Fed y el reporte de inflación PCE para afinar expectativas sobre tasas; por ahora, el consenso de mercado sigue apuntando a que el primer recorte del año podría llegar en junio. Para el oro, que no paga rendimiento, esa variable sigue siendo determinante para la tendencia de fondo.
El ajuste reciente no invalida el papel estratégico del metal en portafolios institucionales, pero sí eleva la volatilidad táctica para productores, comercializadores y coberturas financieras en América Latina. Si el canal diplomático entre EE.UU. e Irán gana tracción, la prima geopolítica podría seguir moderándose. Si se estanca, el oro tiene espacio para recomponer parte de lo perdido en sesiones cortas. Esa sensibilidad binaria vuelve indispensable una gestión activa del riesgo de precio en toda la cadena minera.

