La transición energética suele medirse en gigawatts, baterías y redes. Sin embargo, hay un componente más pequeño que se volvió estratégico por su impacto industrial y por su sensibilidad geopolítica: los imanes permanentes de alto desempeño, en particular los basados en neodimio-hierro-boro, conocidos como NdFeB. Están en motores de vehículos eléctricos, generadores eólicos, robótica, electrónica y equipos donde la relación potencia-peso manda.
- De la dependencia del NdFeB al problema real: fabricar con escala y costo competitivo
- PM-Wire: una idea industrial para salir del molde
- La señal del sector público: defensa e industria como primeros clientes exigentes
- Qué cambia para la minería y por qué conviene mirar más allá del yacimiento
- México ante la oportunidad: demanda industrial y el reto de capturar valor
- Un mercado que ya no premia solo el costo
El problema no es nuevo, pero se endureció con decisiones comerciales y controles que volvieron a poner la oferta bajo lupa. En 2025 y 2026, el mercado ha seguido con atención la gestión china de exportaciones y licencias, con efectos en disponibilidad y precios para industrias intensivas en imanes. En paralelo, reportes de riesgo han subrayado un punto incómodo: incluso cuando otros países pueden desarrollar minas, el cuello de botella suele estar en el procesamiento, la refinación y, sobre todo, la manufactura de imanes.
En ese contexto, Advanced Magnet Lab, conocida como AML, busca mover el tablero desde un ángulo distinto. Su propuesta no parte únicamente de “conseguir más tierras raras”, sino de cambiar la manera de fabricar el imán y abrir la puerta a más combinaciones de materiales, incluyendo opciones con menor contenido de elementos críticos o incluso sin tierras raras, según el caso de uso.
De la dependencia del NdFeB al problema real: fabricar con escala y costo competitivo
El NdFeB domina por desempeño. Su fuerza magnética habilita motores más compactos y eficientes, y por eso se convirtió en estándar para muchas aplicaciones premium. Pero esa superioridad técnica trae una factura: alta dependencia de neodimio y praseodimio, y en algunas formulaciones también de disprosio y terbio para mantener rendimiento a temperaturas elevadas. Cuando hay tensión comercial, cuando se endurecen licencias o cuando se concentra la oferta, el impacto se siente aguas abajo en la industria manufacturera.
Además, el debate público tiende a enfocarse en “quién tiene el yacimiento”. En la práctica, gran parte del poder de mercado se explica por la capacidad de separación, refinación y fabricación industrial de imanes, con una presencia china dominante en segmentos clave de la cadena. Esa realidad empuja a gobiernos y empresas a buscar alternativas que recorten riesgos sin sacrificar desempeño, y ahí aparecen dos rutas que no compiten, sino que se complementan: ampliar la oferta de minerales y reimaginar el proceso productivo del imán.
PM-Wire: una idea industrial para salir del molde
AML promueve una plataforma de manufactura denominada PM-Wire, descrita en presentaciones técnicas y materiales públicos como un enfoque que se parece más a una producción continua que a la lógica tradicional de compactado y sinterizado en bloques. La promesa industrial es clara: más automatización, mejor rendimiento de producción, flexibilidad de formas y la posibilidad de trabajar con distintas composiciones, desde aleaciones sinterizadas hasta alternativas no sinterizadas, según necesidades del cliente.
En términos de estrategia, el planteamiento ataca tres frentes que suelen frenar a nuevos jugadores en imanes de alto desempeño. Primero, la intensidad de capital y la complejidad del proceso tradicional, que exige inversión, experiencia y control de calidad extremo. Segundo, la rigidez tecnológica y de propiedad intelectual que por décadas condicionó el mercado, en particular en soluciones premium. Tercero, la exposición a volatilidad de insumos críticos, que se amplifica cuando los materiales representan una porción alta del costo final y cuando el abastecimiento se concentra en pocas geografías.
La pieza interesante es que PM-Wire no se vende como una única solución “milagro”, sino como una vía para ampliar el menú de materiales y diseños. Si una aplicación requiere NdFeB, el objetivo es producirlo con menos pasos, más repetibilidad y geometrías útiles para el ensamble industrial. Si una aplicación tolera menor densidad energética, se abre la posibilidad de reducir contenido de tierras raras o migrar a formulaciones alternativas. Este tipo de flexibilidad importa porque la transición energética no usa un solo “imán ideal”, sino familias de productos con requerimientos térmicos, mecánicos y económicos distintos.
La señal del sector público: defensa e industria como primeros clientes exigentes
La adopción de nuevas rutas de manufactura en imanes suele ser lenta, porque la certificación en automotriz, aeroespacial o defensa puede tomar años. Aun así, hay un indicio relevante: documentos y presentaciones vinculadas a programas de defensa en Estados Unidos muestran interés por calificar configuraciones y producción doméstica de imanes NdFeB, lo que en la práctica funciona como “cliente ancla” para acelerar validación y capacidad.
Esto no significa que el problema esté resuelto. Significa que hay dinero, urgencia y criterios de desempeño presionando para que la manufactura ex-China deje de ser un proyecto piloto y se convierta en producción confiable. En mercados industriales, esa es la diferencia entre una tecnología prometedora y un proveedor que entra a especificación.
Qué cambia para la minería y por qué conviene mirar más allá del yacimiento
Desde la óptica minera, este giro tiene una lectura directa: si más fabricantes pueden producir imanes con menos dependencia de elementos críticos, el mercado de tierras raras no desaparece, pero sí se vuelve más sofisticado. Se demandará trazabilidad, consistencia química y contratos de suministro que soporten planeación industrial. Al mismo tiempo, crecerá el valor de proyectos que no solo extraen, sino que avanzan en separación y metalurgia, porque ahí es donde se captura margen y donde se reduce vulnerabilidad.
También hay un efecto positivo que suele perderse en la discusión pública. Cuando la industria invierte en nuevas rutas de manufactura y en reciclaje, la minería gana un espacio para mostrarse como parte de la solución: no por “extraer más a cualquier costo”, sino por habilitar cadenas más limpias, más cortas y con mejores estándares. Esto aplica especialmente si los nuevos procesos permiten usar materia prima de distintas calidades, recuperar material de chatarra magnética y estabilizar demanda fuera de ciclos especulativos.
El punto clave es que la política industrial está empujando a integrar cadena: mina, separación, metal, aleación, imán, componente. Europa reconoce que su debilidad no es solo geológica, sino de integración y capacidad industrial en etapas intermedias. Esa es una lección útil para América del Norte.
México ante la oportunidad: demanda industrial y el reto de capturar valor
México no es un actor dominante en tierras raras, pero sí es una potencia manufacturera en automotriz, electrodomésticos y partes para electrificación, con un beneficio evidente si la región reduce riesgos de abastecimiento de imanes. Si Estados Unidos acelera capacidades de imanes y materiales críticos, México puede integrarse como proveedor industrial en componentes, ensambles y procesos metalmecánicos ligados a motores, actuadores y sistemas de tracción.
La oportunidad también se asoma por el lado minero, aunque con una condición: sin capacidades de procesamiento, el valor se va. La experiencia global sugiere que exportar concentrados y reimportar materiales refinados deja al país expuesto a cuellos de botella externos. Por eso, cualquier conversación seria sobre minerales críticos en México tiene que incluir permisos, energía competitiva, agua gestionada con rigor, infraestructura logística y una estrategia de innovación que conecte minas con industria.
La ventaja comparativa mexicana, si se juega bien, está en el ecosistema industrial y en el “nearshoring” de cadenas. La pregunta de fondo es si el país quiere ser un eslabón de manufactura avanzada que ensambla tecnología importada, o si también quiere impulsar capacidades para materiales e insumos de nueva generación. En imanes, el salto no es menor, pero tampoco es ciencia ficción si hay alianzas con empresas tecnológicas, universidades y clientes industriales regionales.
Un mercado que ya no premia solo el costo
Durante años, el precio mandó. Hoy, además del costo, pesan la continuidad de suministro, la trazabilidad y el riesgo geopolítico. Los controles a exportación y la concentración industrial elevaron el “valor” de contar con alternativas, aunque sean más caras al inicio, porque protegen líneas de producción enteras. En ese nuevo equilibrio, iniciativas como la de AML buscan ganar espacio con una propuesta industrial: fabricar mejor, con más opciones de materiales y con capacidad de adaptarse a distintos requerimientos.
Mi análisis es que esta ruta tiene probabilidades de avanzar si cumple tres condiciones que la industria no negocia. Debe ofrecer calidad consistente lote a lote, debe escalar sin disparar costos y debe integrarse con proveedores de materiales que aseguren continuidad. Si lo logra, el efecto no será “reemplazar” las tierras raras, sino reordenar su papel: menos dependencia de los elementos más sensibles, más competencia en manufactura y, con el tiempo, una cadena menos frágil.
Para la minería, eso abre un terreno fértil. A mayor diversificación tecnológica, más necesidad de minerales con especificaciones claras, más presión para elevar estándares y más posibilidades de construir proyectos integrados. El beneficio social también aparece si la industria invierte en procesos más eficientes, menor desperdicio y reciclaje de imanes, porque reduce huella y baja tensión sobre nuevos yacimientos, sin frenar la electrificación.

