Rio2 concretó el primer vertido oficial de oro en su mina Fenix Gold, en la Región de Atacama, y abrió formalmente la etapa operativa del proyecto. La compañía informó que el hito ocurrió el viernes 23 de enero de 2026 y que el vertido produjo alrededor de 897 onzas de oro.
El arranque no llegó de golpe. Durante diciembre, en plena etapa de comisionamiento de planta, Rio2 ya había producido aproximadamente 358 onzas adicionales. La empresa también reportó que ambos vertidos sumaron cerca de 131 onzas de plata, un recordatorio de que la mineralización local suele traer créditos metálicos que ayudan a la ecuación del negocio.
En el plano de ejecución, Rio2 sostuvo que completó la infraestructura crítica “a tiempo y en presupuesto”, alineada con su propia guía. Ese punto importa porque el sector vive una presión creciente por cumplir cronogramas, sobre todo en proyectos medianos, donde el financiamiento castiga cualquier desvío. Con este hito, Fenix se posiciona como la mina de oro más nueva en Chile, un país que mantiene una base minera robusta, aunque con menos estrenos auríferos que en décadas pasadas.
La compañía ya fijó el foco en la rampa. Rio2 busca llevar la operación a un ritmo de 20,000 toneladas por día de mineral apilado en pad durante el resto del año. Con ese plan, apuntó a una producción de 60,000 a 70,000 onzas de oro en 2026, una cifra que el mercado seguirá de cerca porque marcará la estabilidad del proceso y la consistencia metalúrgica del yacimiento.
Fenix Gold se ubica en la provincia de Copiapó, dentro de la franja mineral Maricunga, un distrito conocido por su potencial aurífero. Rio2 describe el proyecto a unos 160 kilómetros al noreste de Copiapó, con acceso por la ruta internacional CH-31. La propia empresa enmarca el distrito como un corredor con más de 70 millones de onzas de oro, donde conviven operaciones y depósitos de referencia, además de proyectos en distintos grados de madurez.
En términos de huella local, la compañía señala que no existen centros poblados relevantes en las inmediaciones del proyecto. También menciona la presencia de un número reducido de familias indígenas en comunidades que desarrollan actividades agropecuarias en valles de la región, sin asentamientos inmediatos al sitio. Ese contexto suele influir en la gestión social, porque concentra el diálogo en rutas, empleo, proveedores y uso de agua, más que en desplazamientos.
El diseño productivo de Fenix se apoya en minería a cielo abierto y procesamiento mediante lixiviación en pilas para mineral oxidado. En la industria, ese esquema destaca por su simplicidad relativa frente a plantas de molienda y flotación, aunque exige disciplina en control de soluciones, manejo de cianuro y protección ambiental. Un estudio de factibilidad divulgado por la empresa en 2023 planteó recuperación promedio cercana a 75% mediante lixiviación tipo ROM, junto con una vida de operación que ronda los 17 años y una producción total estimada de 1.32 millones de onzas de oro.
Ese mismo documento técnico también ayuda a dimensionar el proyecto en costos e inversión, al menos en la foto de factibilidad. Reportó un AISC promedio de vida de mina de 1,237 dólares por onza, con una inversión inicial de 117 millones de dólares y capital de sostenimiento de 88 millones, además de trabajos previos que la empresa cuantificó como capex de preconstrucción cercano a 29 millones. En paralelo, la ficha del proyecto que divulga Rio2 presenta una inversión total de 235 millones de dólares como referencia global del desarrollo.
La lectura periodística aquí es clara: el primer doré no “prueba” por sí solo el desempeño anual, pero sí valida que el circuito completo ya funciona. En proyectos de lixiviación, el reto real aparece en la repetibilidad diaria, en especial cuando sube el tonelaje y el clima pone a prueba tuberías, geomembranas, pozas y bombeo. Atacama ofrece ventajas operativas por su baja precipitación, pero exige rigor por la fragilidad ambiental y la sensibilidad social al recurso hídrico.
En permisos, Fenix atravesó un camino largo antes de llegar a este punto. Rio2 documentó que el proceso de evaluación ambiental arrancó en 2019 y que presentó su EIA en 2020 ante el SEA. También indicó que el proyecto enfrentó un rechazo en 2022 y que posteriormente recurrió a una apelación administrativa. Más tarde, el Comité de Ministros calificó favorablemente el proyecto en diciembre de 2023, y el proyecto obtuvo la Resolución de Calificación Ambiental en 2024.
Ese antecedente explica por qué el sector observa con atención la etapa operativa. En Chile, la discusión pública suele exigir trazabilidad en compromisos ambientales y planes de cierre. En el caso de Fenix, la compañía enmarca su plan de cierre como un instrumento que debe presentarse y actualizarse ante SERNAGEOMIN, alineado con medidas para estabilidad física y química en el cierre.
Desde una óptica económica regional, una mina nueva en Copiapó tiende a mover empleo directo, contratos de servicios y compras locales, además de logística. Rio2 comunica cifras de referencia para empleo, con más de mil personas en construcción y cientos en operación, aunque esas cifras varían según etapa y definición de contratistas. Más allá del número exacto, la señal para proveedores resulta concreta: la transición a operación abre demanda más estable de mantenimiento, combustibles, transporte, reactivos, seguridad industrial y monitoreo ambiental.
También hay un ángulo de mercado. Con precios del oro que han sostenido el interés inversor, la puesta en marcha de un proyecto oxidado con lixiviación suele gustar por su menor complejidad relativa y su rampa más rápida, siempre que el control metalúrgico responda. En mi lectura, Fenix le ofrece a Chile algo que no aparece todos los años: una operación nueva con narrativa clara de ejecución, y un caso que puede revitalizar el pipeline aurífero en un país dominado por el cobre.
El siguiente capítulo se escribirá con métricas operativas, no con comunicados. La rampa a 20,000 toneladas diarias y la meta de 60,000 a 70,000 onzas en 2026 pondrán el estándar. Si Rio2 consolida estabilidad, Fenix podría convertirse en un activo “escuela” para demostrar que una junior puede construir, permisionar y operar en Chile con resultados, algo que el mercado premia cuando busca proyectos financiables en América Latina.

