El gobierno de Estados Unidos anunció su respaldo formal a la construcción de una nueva fundición de minerales críticos en Tennessee, un proyecto encabezado por la empresa surcoreana Korea Zinc, cuya inversión alcanzará los 7,400 millones de dólares. La planta será clave para la estrategia de seguridad industrial estadounidense, al fortalecer su cadena de suministro de minerales esenciales, en un contexto de creciente tensión geoeconómica con China.
El anuncio se da en medio de una política activa de Washington para asegurar el abastecimiento de materiales que considera estratégicos, como el germanio, el galio, el antimonio y el indio, utilizados en tecnologías de punta, defensa, baterías y semiconductores. La nueva instalación será operada por una empresa conjunta denominada Crucible Joint Venture LLC, integrada por Korea Zinc y respaldada por inversionistas como JPMorgan Chase & Co.
El sitio elegido para la fundición es Clarksville, Tennessee, en un terreno anteriormente ocupado por la firma Nyrstar. Se prevé que la planta inicie operaciones comerciales en fases entre 2027 y 2029. El Departamento de Defensa de Estados Unidos y el Departamento de Comercio han estado involucrados en la estructuración financiera del proyecto, lo que subraya su importancia estratégica.
Con una capacidad proyectada de procesamiento de más de un millón de toneladas de materiales al año, la planta producirá aproximadamente 540,000 toneladas anuales de metales y subproductos terminados. Entre ellos se incluyen zinc, plomo, cobre, oro, plata y minerales críticos cuya disponibilidad fuera de China ha sido limitada en los últimos años.
Además de garantizar el suministro, la planta representará un avance en la autonomía tecnológica e industrial de Estados Unidos. Washington ha identificado como una vulnerabilidad crítica su dependencia de proveedores asiáticos y, particularmente, de China en cuanto a metales esenciales para sectores sensibles como la defensa, la energía limpia y la inteligencia artificial.
Korea Zinc, considerada la principal procesadora de zinc a nivel mundial, asume con este proyecto su expansión más ambiciosa en América del Norte. La compañía, con sede en Seúl, ha destacado que esta planta será la más avanzada en su tipo y que incorporará tecnologías de tratamiento de última generación con estándares ambientales rigurosos. Su presidente, Yun Choi, afirmó que el objetivo es “asegurar la estabilidad de la cadena de suministro para nuestros socios estratégicos en Estados Unidos”.
La planta generará miles de empleos durante la etapa de construcción y operación. Se anticipan inversiones complementarias en infraestructura energética, transporte y tratamiento de agua, lo que beneficiará a la economía regional de Tennessee. Las autoridades locales han recibido el proyecto con optimismo, destacando su impacto económico y tecnológico en una región que históricamente ha tenido una base industrial limitada en minería o metalurgia avanzada.
El Departamento de Comercio, por su parte, confirmó que el proyecto se alinea con los objetivos del CHIPS and Science Act y otras políticas federales que buscan estimular la producción doméstica de insumos esenciales. La estrategia de EE. UU. es clara: reducir la exposición a interrupciones globales, garantizar materiales estratégicos para sus industrias clave y generar empleos bien remunerados en el país.
Korea Zinc, a través de su filial Ark Energy, también busca posicionarse como un jugador relevante en el suministro de metales verdes. Ha comenzado a invertir en energías renovables y está evaluando alternativas para minimizar la huella de carbono de sus operaciones en Estados Unidos. El proyecto incluye planes para reciclar subproductos y minimizar residuos peligrosos, elementos clave para cumplir con regulaciones ambientales en el país norteamericano.
Tras el anuncio, las acciones de Korea Zinc registraron un aumento significativo en la bolsa surcoreana, reflejo del respaldo institucional del gobierno estadounidense y del optimismo de los mercados ante la apertura de una nueva era en la industrialización de minerales críticos fuera de Asia.
Además de su magnitud, la planta representa un hito: será la primera fundición de este tipo construida en Estados Unidos en más de cinco décadas. Desde los años 70 no se veía un desarrollo de esta envergadura en el procesamiento de metales no ferrosos dentro del territorio estadounidense, lo que marca un viraje decisivo en la política industrial y minera del país.
La decisión también tiene una lectura geopolítica. Washington apuesta por reforzar su soberanía mineral en sectores que serán determinantes en los próximos años. En este contexto, el proyecto liderado por Korea Zinc no solo es una inversión industrial; es una herramienta de política exterior, una pieza estratégica en la competencia por el dominio tecnológico global y una muestra de que la minería moderna puede contribuir de forma directa a la seguridad nacional y al desarrollo económico.

