La empresa australiana IGO Ltd informó que no considera viable continuar con el desarrollo de la planta de hidróxido de litio de Kwinana, ubicada en Australia Occidental, la cual opera en sociedad con la china Tianqi Lithium. El anuncio fue hecho por su director general, Ivan Vella, durante la junta general anual celebrada en Perth. La declaración representa un giro significativo para uno de los proyectos más ambiciosos en la cadena de valor del litio en el país.
La planta, diseñada para producir hidróxido de litio con grado batería a partir de concentrado de espodumena, ha enfrentado múltiples retrasos operativos desde su construcción. Aunque entró en operación hace tres años, no ha logrado alcanzar ni la mitad de su capacidad nominal. En el trimestre concluido en septiembre, la producción fue de apenas 2 775 toneladas, lo que representó un 46 % del objetivo de diseño. Pese a este avance parcial, el proyecto registró una pérdida operativa (EBITDA) de 19,6 millones de dólares australianos, una señal clara de que los desafíos persisten.
Desde la óptica de IGO, el principal problema radica en los altos costos estructurales. La empresa considera que, incluso si la planta llegara a operar a plena capacidad, los gastos vinculados a electricidad, mano de obra y la falta de un ecosistema industrial complementario hacen inviable su rentabilidad en el contexto actual. En palabras de Vella, los costos estructurales en Australia Occidental “no permiten que la planta sea competitiva”, independientemente de los precios del litio.
Esta situación llevó a IGO a depreciar 605 millones de dólares australianos en su balance correspondiente al ejercicio anterior, lo que refleja el nivel de incertidumbre respecto a la viabilidad futura del activo. El segundo tren de producción, originalmente previsto para ampliar la capacidad de procesamiento, ya había sido suspendido indefinidamente ante los bajos rendimientos del primer módulo.
En contraste con este resultado, la mina de Greenbushes —en la que IGO tiene participación indirecta a través de su sociedad con Tianqi— ha demostrado ser altamente rentable. Según la propia empresa, esta operación de extracción primaria muestra márgenes operativos sólidos, con un EBITDA del 66 % y potencial para incrementar su producción. Esta diferencia entre el rendimiento de la mina y la planta de procesamiento downstream subraya la complejidad de integrar verticalmente la cadena del litio en entornos con altos costos operativos.
Más allá del caso específico de Kwinana, la experiencia deja lecciones relevantes para otras regiones que buscan desarrollar capacidades industriales a partir de recursos minerales. En América Latina, particularmente en países como México, Argentina o Chile, donde se discute con frecuencia la necesidad de avanzar hacia el procesamiento local de minerales estratégicos, este caso resalta la importancia de evaluar cuidadosamente las condiciones estructurales necesarias para que tales proyectos sean sostenibles.
Los incentivos fiscales, la disponibilidad de energía a precios competitivos, el acceso a capital humano especializado y la existencia de cadenas de suministro cercanas son factores clave para determinar si una planta de procesamiento puede operar con éxito. Sin estos elementos, incluso los proyectos con respaldo tecnológico y acceso a materia prima pueden enfrentar dificultades similares a las observadas en Kwinana.
Por ahora, IGO no ha confirmado si buscará vender su participación en la planta ni cuál será el destino del activo. Lo que sí dejó claro es que la empresa continuará enfocándose en activos con mejores perspectivas de retorno, como Greenbushes, al tiempo que mantiene conversaciones con Tianqi para evaluar las opciones disponibles.
La decisión marca un momento de realismo para la industria del litio, particularmente en un contexto donde los precios del mineral han mostrado volatilidad significativa. Si bien el litio sigue siendo considerado un recurso clave para la transición energética global, su procesamiento eficiente requiere más que entusiasmo: necesita condiciones económicas y operativas alineadas con los objetivos de inversión.
El caso de Kwinana no desacredita la minería del litio, pero sí obliga a repensar la estrategia para desarrollar la cadena de valor completa. La extracción sigue siendo rentable y viable en muchas regiones, como lo demuestra Greenbushes. El desafío es trasladar esa rentabilidad al procesamiento y refinación, sin que los costos estructurales eliminen los márgenes.
Para México y otros países que buscan atraer inversión en procesamiento de litio, la lección es clara: deben crear entornos atractivos y estables, que permitan transformar los recursos naturales en productos de mayor valor agregado sin comprometer la sostenibilidad financiera de los proyectos. De lo contrario, corren el riesgo de repetir experiencias como la de IGO en Australia Occidental.

