A veces, las grandes apuestas no se hacen con ruido, sino con convicción estratégica. Eso parece tener claro Aclara Resources, la empresa canadiense que acaba de confirmar un ambicioso plan de inversión por alrededor de 1,300 millones de dólares. El destino: desarrollar tierras raras en Sudamérica y procesarlas en Estados Unidos.
José Augusto Palma, vicepresidente ejecutivo de la compañía, dio a conocer estos planes durante un encuentro con actores clave del sector minero. Lo hizo en un tono firme, pero sin triunfalismos, en el contexto de un mercado que se ha vuelto crucial para la transición energética y tecnológica global. Y es que las tierras raras, lejos de ser un recurso exótico, están en el centro de la competencia geopolítica por los insumos críticos del futuro.
En términos concretos, Aclara planea invertir entre 150 y 170 millones de dólares en un proyecto minero en Chile, aproximadamente 600 millones en otro yacimiento en Brasil, entre 300 y 400 millones en una planta de separación, y 400 millones más en una instalación de metalización en Estados Unidos. Cada pieza de este rompecabezas busca construir una cadena de suministro estratégica que reduzca la dependencia de China, que actualmente domina más del 80 % del mercado global de tierras raras procesadas.
Pero, ¿por qué ahora? ¿Y por qué estos países?
La respuesta está tanto en el potencial geológico como en el contexto político y económico. Chile y Brasil cuentan con recursos no explotados de tierras raras pesadas, particularmente itrio, disprosio y terbio, fundamentales para fabricar imanes permanentes. Estos componentes son esenciales para turbinas eólicas, motores eléctricos, misiles guiados y smartphones. A diferencia de otras materias primas, las tierras raras no son abundantes en forma económicamente viable, lo cual explica el alto costo de desarrollo y el interés estratégico de gobiernos e inversionistas.
Aclara ya puso en marcha una planta piloto de procesamiento en Brasil. Este paso es más que simbólico: significa que la compañía avanza con cautela pero de forma decidida hacia un modelo de producción propio, que busca minimizar el impacto ambiental con tecnologías que eviten el uso de productos químicos agresivos. Palma fue claro al destacar que la sostenibilidad será un pilar clave de ambos proyectos.
Además, hay respaldo institucional. A principios de este mes, la U.S. International Development Finance Corporation (DFC) comprometió hasta 5 millones de dólares para financiar el estudio de factibilidad del proyecto brasileño. Este apoyo no solo aligera la carga financiera inicial, sino que envía una señal política potente: Estados Unidos quiere diversificar sus fuentes de tierras raras, y lo quiere hacer con socios en el hemisferio.
El calendario es ambicioso. Tanto el proyecto brasileño como el chileno esperan finalizar sus estudios de factibilidad hacia mediados de 2026. Si todo marcha según lo previsto, la construcción arrancaría ese mismo año, con una meta clara: iniciar operaciones en 2028. Esto colocaría a Aclara como un proveedor clave en el mercado occidental de tierras raras, justo cuando se espera un aumento de la demanda por la electrificación del transporte, la expansión de energías renovables y el fortalecimiento de las industrias de defensa.
En la industria minera, pocos elementos generan tanto debate como las tierras raras. Son escasas, pero esenciales. Su extracción ha sido históricamente contaminante, pero empresas como Aclara apuestan por cambiar esa narrativa. El objetivo es demostrar que se puede producir de forma responsable, transparente y con trazabilidad. Y aquí es donde se abre una oportunidad para América Latina: no solo como proveedor de minerales, sino como actor en la transformación industrial del continente.
Cabe recordar que Chile, si bien reconocido por su litio y cobre, ha comenzado a explorar más activamente su potencial en minerales críticos. La estrategia minera nacional incluye incentivos para proyectos sostenibles y acuerdos con empresas extranjeras que promuevan la transferencia de tecnología. En tanto, Brasil no solo posee una gran extensión territorial rica en recursos, sino que cuenta con una base industrial robusta que puede facilitar la transición de una minería extractiva a una minería con valor agregado.
Aclara Resources parece entender que el verdadero valor no está solo en extraer, sino en procesar, transformar y distribuir. Su apuesta por establecer plantas de separación y metalización fuera de China no es menor: es un movimiento que puede redefinir las cadenas de suministro globales, particularmente en un contexto donde las tensiones geopolíticas siguen en aumento.
Desde un punto de vista más amplio, este anuncio representa un respiro para la minería de tierras raras en América Latina, una región que ha estado en la periferia de este mercado, pero que ahora podría posicionarse como actor central. No es casualidad que compañías como Aclara estén priorizando proyectos en países con marcos jurídicos relativamente estables y con apertura a la inversión extranjera directa.
Ahora bien, los desafíos no son pocos. Desde los trámites ambientales, la obtención de licencias sociales, hasta la logística y la capacitación técnica. Sin embargo, el respaldo institucional, la claridad del plan de inversión y el enfoque en sostenibilidad colocan a este proyecto en una posición distinta frente a otros intentos fallidos de desarrollo de tierras raras en la región.
Aclara Resources no está improvisando. Está apostando a una necesidad global con visión regional. Y si logra ejecutar sus proyectos conforme al plan, no solo marcará un hito para la empresa, sino también para la capacidad de América Latina de insertarse de forma estratégica en los mercados del futuro.

