Cuando el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, cortó la cinta de la mina de oro Wagagai en la región oriental de Busia, no solo celebró la puesta en marcha de una instalación minera; celebró un punto de inflexión para su país. Este ambicioso proyecto de 250 millones de dólares, financiado por capital chino, representa un hito en la estrategia nacional para transformar a Uganda en un jugador clave dentro del competitivo mercado del oro africano.
Durante décadas, Uganda ha contado con una variedad de recursos minerales —cobre, cobalto, hierro, entre otros— sin lograr convertirlos en una fuente robusta de crecimiento económico. Su producción de oro ha estado dominada por operaciones artesanales y de pequeña escala, cuya capacidad de refinación es limitada y cuya contribución a la economía formal es mínima. Pero la historia cambia con la entrada de Wagagai Mining (U) Limited, que ya ha comenzado a procesar 5,000 toneladas de mineral por día y espera producir cerca de 1.2 toneladas de oro refinado al año con pureza del 99.9%.
El contraste con la producción previa es abismal: en 2023, Uganda solo logró generar 0.0042 toneladas de oro doméstico. Esta nueva operación multiplica por casi 300 esa cifra, abriendo la puerta no solo a mayores ingresos fiscales, sino también a una red de beneficios industriales y sociales. Para Museveni, el mensaje es claro: sin valor agregado, los recursos minerales no despiertan su verdadero potencial.
La mina de Busia no solo es una fuente de oro, sino también un símbolo geopolítico. La participación china refuerza la creciente presencia de Beijing en África, una relación que ha sido tanto elogiada por su capacidad de inversión como criticada por la dependencia económica que puede generar. En este caso, sin embargo, la presencia china también llega con tecnología, infraestructura y un plan de refinación que evitará que Uganda exporte oro en bruto, como lo ha hecho históricamente.
En 2024, las exportaciones de oro representaron el 37% de los ingresos totales por exportación del país, con 3.4 mil millones de dólares generados, de acuerdo con el banco central. No obstante, la mayor parte de ese oro no provenía de minas ugandesas, sino que era reexportado. Con la operación de Wagagai, Uganda se posiciona para cambiar esta dinámica y convertirse en un productor neto de oro, no solo en un corredor comercial.
La apuesta no se queda ahí. Los ingresos generados por el oro serán canalizados a infraestructura estratégica. Museveni mencionó explícitamente el desarrollo de centrales eléctricas y del ferrocarril de ancho estándar que actualmente se construye con un presupuesto de 2.7 mil millones de euros. Esta obra conectará a Uganda con los puertos de Kenia, reduciendo de forma significativa los costos logísticos para importaciones y exportaciones. Una red de transporte más eficiente es crucial para garantizar que los minerales lleguen al mercado global en tiempo y forma.
En el fondo, este proyecto también es una declaración de soberanía minera. Museveni ha insistido en la necesidad de que Uganda controle todo el ciclo de producción de sus minerales: desde la extracción hasta la exportación del producto con valor agregado. Para él, no tiene sentido seguir regalando la riqueza subterránea sin antes transformarla en un bien que genere empleo, impuestos y crecimiento industrial.
Aunque Uganda todavía está lejos de alcanzar los niveles de producción de Ghana, el líder continental que exportó 11.6 mil millones de dólares en oro en 2024, la diferencia ahora es de dirección, no solo de escala. Ghana ya consolidó su dominio; Uganda recién comienza a construirlo, pero con un plan que prioriza la industrialización y la autosuficiencia.
Desde una perspectiva latinoamericana, lo ocurrido en Uganda ofrece lecciones importantes. México, por ejemplo, también ha debatido sobre la importancia de agregar valor a sus minerales estratégicos como el litio. La historia ugandesa muestra cómo una política minera bien estructurada, acompañada de inversión extranjera y una visión clara de desarrollo, puede marcar la diferencia entre ser un exportador de materia prima o una economía minera sólida.
En una región donde muchos países aún dependen de recursos no procesados, la mina Wagagai representa una apuesta audaz. Aún falta por ver cómo se desarrollará la operación a largo plazo y si los beneficios se distribuirán de manera equitativa entre las comunidades locales. No obstante, el precedente está sentado. Uganda quiere dejar de ser un punto de paso del oro africano para convertirse en un eje de producción con rostro propio.

