Te cuento una historia casi cinematográfica: imaginemos el paisaje angoleño, un terreno que guarda secretos bajo su corteza por décadas. Allí, De Beers, tras regresar al país en 2022 con un pie firme gracias a acuerdos con el gobierno, emprendió una exploración audaz. Su primera perforación en junio de 2025 tocó kimberlita, la roca madre de los diamantes, un hallazgo que no ocurría desde hace treinta años.
Este descubrimiento tiene un peso enorme. La empresa conjunta con Endiama, la firma estatal angoleña, se materializó luego de contratos de inversión firmados en 2022 y expandidos en 2024 para incluir procesamiento y exploración. Fue precisamente en julio del 2025 cuando, en la primera perforación dirigida a una zona prioritaria, apareció la kimberlita.
El CEO de De Beers, Al Cook, no ocultó su entusiasmo. Reiteró que Angola es, a su juicio, uno de los mejores lugares del planeta para buscar diamantes y que este hallazgo refuerza esa convicción. Lo más emocionante es que esto se inserta en un contexto estratégico para la empresa: su matriz, Anglo American, anunció en 2024 que planea vender o hacer pública a De Beers como parte de una reorientación hacia el cobre y el hierro.
Según reportes, al menos seis consorcios ya han mostrado interés en adquirir De Beers, entre ellos inversores de India y Qatar, e incluso un magnate como Anil Agarwal. Esto convierte al hallazgo en algo más que un hecho geológico: es una carta de valor que podría potenciar la venta o salida a bolsa de la compañía.
Siento que esto también marca una nueva esperanza para el sector minero y energético en Angola. Además, demuestra cómo una combinación de presencia política favorable, transparencia y buenas prácticas puede abrir camino hacia descubrimientos sorprendentes y transformadores, sin perder de vista los beneficios que la minería puede traer al desarrollo local.

