La hegemonía china en minería y refinación de materias primas críticas (CRM) ha encendido las alarmas en Occidente. Estados Unidos y Europa han comenzado a implementar políticas activas para reducir su dependencia. La urgencia proviene no solo de la transición energética, sino también del auge de sectores como la inteligencia artificial y la defensa.
Según Barclays, China sigue dominando la refinación del 65 % del litio, 80 % del cobalto y casi 90 % de las tierras raras. Este monopolio ha motivado a los países occidentales a aplicar tres estrategias principales: sustitución, producción nacional y reciclaje.
Sustitución: una vía tecnológica y económica
La sustitución de materias primas críticas por otras más abundantes o accesibles gana fuerza. Cobre y níquel emergen como alternativas viables. Ambos materiales se destacan por su disponibilidad y por su capacidad de asumir funciones clave en baterías, sistemas eléctricos y componentes industriales.
Además, científicos e ingenieros exploran materiales de próxima generación que puedan cumplir funciones similares sin depender de zonas geopolíticamente sensibles.
Producción nacional: minas en casa
Estados Unidos y la Unión Europea aceleran proyectos mineros locales. En Europa, el “Critical Raw Materials Act” ha dado paso a iniciativas como el proyecto Barroso Lithium en Portugal, que busca suministrar litio de forma sostenible para baterías. En Estados Unidos, el Departamento de Energía financia exploración y reapertura de minas estratégicas.
La minería en aguas profundas también entra en escena. Aunque aún genera debates ambientales, representa una opción viable para diversificar el origen de minerales críticos como el manganeso y el cobalto.
El impulso a la producción nacional también dinamiza la industria de maquinaria. Empresas como Epiroc y Sandvik, proveedores de equipos mineros, figuran entre las beneficiadas por el nuevo contexto.
Reciclaje: clave en una economía circular
El reciclaje de CRM gana protagonismo, especialmente en lo que respecta a tierras raras y tungsteno. Epiroc, por ejemplo, ha mejorado procesos de reciclaje de carburo de tungsteno, reduciendo la necesidad de nuevas extracciones.
No obstante, el reciclaje de baterías de vehículos eléctricos aún se queda corto. Falta infraestructura, tecnología y marcos regulatorios más claros para escalar esta industria. Aún así, los analistas prevén que el reciclaje jugará un papel clave en la transición energética a mediano plazo.
Una carrera de largo aliento
Pese a los avances, la capacidad de refinación sigue siendo el talón de Aquiles de Occidente. Incluso si se abren nuevas minas, el procesamiento sigue dependiendo en gran medida de plantas ubicadas en China.
Desarrollar infraestructura de refinación propia podría tomar años, incluso décadas. Sin embargo, el impulso actual refleja una voluntad política y empresarial que no se había visto en décadas.

