China continúa avanzando con paso firme en su estrategia para asegurar recursos minerales críticos como cobalto, níquel y cobre. Aunque la extracción submarina aún no es operativa, Pekín multiplica sus apuestas tecnológicas, diplomáticas y regulatorias.
Estrategia tecnológica e infraestructura
A través de empresas estatales como China Minmetals, China Ocean Mineral Resource R&D Association y Beijing Pioneer Hi‑Tech, el gigante asiático ya firmó cinco contratos de exploración con la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA), abarcando nódulos polimetálicos, costras y cúmulos de sulfuros en Pacífico e Índico. En julio de 2024, su prototipo Pioneer II demostró capacidades de extracción a más de 4.000 m de profundidad, un récord para el país. Beijing Pioneer planea una prueba con nódulos submarinos en el segundo semestre de 2025.
Aunque algunos expertos estiman que China presenta un retraso tecnológico de 2 a 5 años frente a compañías como la canadiense The Metals Company (TMC), Pekín goza de ventajas claras. Dispone de respaldo estatal integral, infraestructura para procesamiento y no depende de terceros. Así, puede sostener este esfuerzo a largo plazo, sin presión inmediata por producir.
Diplomacia azul y acuerdos clave
Más allá de la inversión en tecnología, China desarrolla una estrategia diplomática con énfasis geopolítico. Sus acuerdos con Islas Cook (Pacífico) incluyen mar territorial para exploración. También ha insinuado cooperación con Kiribati. Estos pactos no solo permiten acceso a recursos, sino que consolidan la influencia diplomática, ofreciendo ayuda como parte de su estrategia global.
Para Pekín, se trata de proyectar presencia en el océano, asegurarse respaldo de pequeños Estados insulares y posicionarse como actor respetuoso del derecho internacional. Al apoyar el desarrollo del “código minero” de la ISA, proyecta una imagen de defensor de normas, al tiempo que suma apoyos diplomáticos a su causa.
Impactos económicos y energéticos
Los nódulos marinos concentran concentraciones altas de cobre, níquel y cobalto. Estos minerales son esenciales para catalizar la transición energética: alimentan baterías de vehículos eléctricos, pilas de almacenamiento, sistemas de recarga rápida. China, con uno de los mayores mercados de automóviles eléctricos y baterías del mundo, percibe esta minería submarina no solo como un recurso adicional, sino como un instrumento para consolidar su posición en la cadena global de energía verde.
Aunque no depende de inmediato de esos depósitos, la estrategia le asegura maniobrabilidad en el mercado de materias primas y la capacidad de desestabilizar precios o sostenibilidad frente a rivales.
La trampa de EE. UU. y el rol de TMC
Mientras Estados Unidos no ratifica el estatuto de la ISA, la canadiense TMC solicitó el primer permiso para minería en aguas internacionales, eludiendo así las reglas de la autoridad. Esto presiona a la ISA a acelerar la aprobación de un código minero, y aumenta la competitividad.
China, según expertos, “no está especialmente preocupada” por que TMC salga primero; su meta principal es desarrollar sus capacidades, consolidar infraestructura y mantener su red global de influencia. Sólo cuando esté listo tecnológicamente presionará por operar.
Riesgos y oportunidad ambiental
Los defensores de océanos advierten sobre riesgos ecológicos graves: alteración de hábitats marinos, cascadas de turbidez, impacto bioquímico irreparable. La estrategia china a nivel global —incluido su apoyo legal y diplomático— pretende legitimar una minería submarina regulada. Sin embargo, el verdadero desafío será demostrar que esa actividad puede compaginarse con la protección del medio ambiente.
¿Qué sigue en la carrera submarina?
- ISA debe aprobar un código minero internacional.
- TMC podría iniciar trabajo comercial en aguas internacionales antes de 2027.
- China buscará acelerar sus pruebas técnicas (finales 2025) y cerrar más acuerdos territoriales.
- Potenciales alianzas entre TMC y actores asiáticos o europeos podrían surgir si la extracción se consolida.
La batalla por el control de los recursos del fondo marino se intensifica. Estados y empresas ya posicionan piezas. El control temprano de la tecnología, la infraestructura y el Derecho constituirá terreno decisivo para dictar las reglas del juego durante décadas.

