Burkina Faso ha completado oficialmente la transferencia de cinco activos mineros auríferos al Estado a través de la Société de Participation Minière du Burkina (SOPAMIB), en cumplimiento con un decreto publicado el 11 de junio de 2025. Este movimiento marca un hito en la estrategia nacional para aumentar el control sobre sus recursos minerales y asegurar que los beneficios de la minería lleguen directamente a la población.
¿Qué activos fueron nacionalizados?
El paquete transferido al Estado consta de dos minas industriales en operación y tres licencias de exploración. Los activos provienen de filiales de las empresas Endeavour Mining y Lilium:
- Wahgnion Gold SA
- SEMAFO Boungou SA
- Ressources Ferké SARL
- Gryphon Minerals Burkina Faso SARL
- Lilium Mining Services Burkina Faso SARL
Inicialmente, se planeó vender los activos de Endeavour a Lilium, pero el proceso se estancó. Ante esta incertidumbre, el gobierno decidió intervenir directamente y asumir el control estratégico de los activos.
SOPAMIB: eje de una nueva política minera
La creación de SOPAMIB en 2024 marcó el inicio de un nuevo modelo de participación estatal en la minería. Esta empresa pública fue concebida no solo para operar minas, sino también para invertir en proyectos estratégicos, gestionar recursos y asegurar que el Estado participe activamente en toda la cadena de valor de la minería.
La nueva política minera de Burkina Faso, alineada con su reforma al código minero, establece que el Estado debe poseer participaciones significativas en toda operación minera. Esta tendencia también está presente en países vecinos como Mali y Níger, que han adoptado posturas similares.
Razones detrás de la nacionalización
Las autoridades burkinesas justifican esta medida como parte de una política de soberanía minera. El objetivo es doble: garantizar que las riquezas naturales se traduzcan en beneficios tangibles para la población y reducir la dependencia de empresas extranjeras en sectores estratégicos.
Además, esta medida llega en un contexto favorable: el precio del oro ha aumentado un 27 % en lo que va de 2025, lo que convierte al oro en una fuente vital de ingresos para el país. En 2023, Burkina Faso produjo más de 57 toneladas de oro, consolidándose como el cuarto productor del continente africano.
Repercusiones para los inversionistas
La reforma minera y las recientes expropiaciones han generado incertidumbre entre inversionistas occidentales. Empresas como IAMGOLD (Canadá), Nordgold (anteriormente con capital ruso) y West African Resources (Australia) han expresado preocupación por el ambiente regulatorio y los cambios abruptos en las reglas del juego.
West African Resources, por ejemplo, vio caer sus acciones hasta un 25 % tras rumores de que sus permisos podrían revocarse. Aunque luego se aclaró que sus activos no estaban involucrados en esta ola de nacionalizaciones, el daño reputacional ya estaba hecho.
¿Un cambio de paradigma en África Occidental?
Los movimientos de Burkina Faso no ocurren en el vacío. En toda África Occidental, especialmente en lo que se conoce como el “cinturón de los golpes de Estado”, los nuevos gobiernos están impulsando agendas de control soberano sobre los recursos. La tendencia también refleja una reconfiguración geopolítica: los vínculos con Francia y otros países occidentales se debilitan, mientras que se fortalecen las relaciones con países como Rusia y China.
Burkina Faso, por ejemplo, ha autorizado nuevas concesiones mineras a empresas rusas, buscando diversificar sus alianzas y reducir la influencia de las multinacionales occidentales.
¿Qué implica esto para la minería global?
El caso de Burkina Faso se suma a una serie de ejemplos en todo el mundo donde los Estados están retomando el control de sectores extractivos. Para la industria minera global, esto implica una necesidad urgente de revisar estrategias de inversión, evaluar riesgos geopolíticos y establecer relaciones más equitativas con los países anfitriones.
Si bien estas medidas pueden generar inestabilidad a corto plazo, también pueden abrir la puerta a modelos de minería más sostenibles y socialmente responsables, donde los beneficios se distribuyan de manera más justa.
La nacionalización de cinco activos mineros en Burkina Faso representa un giro decisivo en la forma en que el país gestiona sus recursos. Si bien el proceso ha generado alarma en algunos sectores, también ofrece una oportunidad para replantear el modelo extractivo en favor del desarrollo nacional. El éxito de esta estrategia dependerá de la capacidad del Estado para mantener la producción, asegurar transparencia y construir alianzas estratégicas sin depender exclusivamente de actores externos.

