Noruega, la primera nación en abrir las aguas para la minería submarina de carácter comercial, ha pospuesto los planes de explorar los optativos depósitos minerales en su territorio ártico. La decisión ha nacido a partir de un pacto político con el Partido Socialista de la Izquierda (SV), que fijó su apoyo al presupuesto nacional a cambio de un retraso de la altamente controvertida iniciativa.
El poder ejecutivo había fijado la emisión de las primeras licencias de exploración para el 2025, pero el proceso ahora se centra en la realización de estudios de impacto ambiental más perseptivos y en generar un consistente marco regulatorio.
Consecuencias económicas y políticas
Este aplazamiento supone un traspiés importante para empresas como Green Minerals, que vio caer un 40% su precio de acción por esta noticia, cerrando a 0,32 euros por acción, aunque la compañía mantiene su previsión de comenzar la extracción de minerales a finales de la década de 2020.
La otra cara de la moneda es que esta decisión también recoge el creciente escrutinio internacional hacia la minería de fondos marinos, un sector que pese a estar en un estadio muy inicial promete grandes beneficios económicos.
La extracción de metales como el cobre, níquel o manganeso es clave para la necesaria transición energética del mundo y para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
El debate medioambiental
Grupos ambientalistas como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) consideraron esta pausa como “una gran victoria”. En estos momentos el WWF se enfrenta al gobierno noruego en sus propios tribunales para argumentar que los estudios de impacto previos no tienen suficiente rigor. Los detractores de la minería submarina.
Por otro lado, los interesados del lado de la minería hacen hincapié en su importancia estratégica. Acorde con el informe de la Agencia Internacional de Energía (IEA), la demanda global de minerales como el cobre, el níquel, y las tierras raras aumentará hasta un 90% para el 2040 como consecuencia de la transición hacia tecnologías limpias.
Ante los límites de la minería terrestre, los depósitos de minerales que se encuentran en el mar representan una opción potencialmente menos invasiva. Perspectiva global Noruega no es, sin embargo, el único país en esta carrera.
La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA) ya ha emitido 32 contratos de exploración en aguas internacionales, liderados por empresas como la canadiense The Metals Company. La ISA espera aprobar su marco regulatorio para el 2025, aunque su nueva líder, Leticia Carvalho, ha confirmado que tiene dudas sobre la viabilidad de aprobarlo. Según Carvalho, aún faltan años de negociaciones para proteger los ecosistemas marinos.
El futuro de la minería submarina ¿Puede la minería submarina ser una fuente clave de recursos para la transición energética? Sin lugar a dudas, pero este futuro dependerá de conseguir equilibrar intereses económicos con la protección del medio ambiente. Noruega, como líder de esta nueva industria, podría establecer normas que minimicen impactos negativos con la obtención de beneficios sostenibles.

