La reciente tensión entre Estados Unidos y China se ha intensificado debido a la sospecha de que China podría estar ayudando a Rusia a evadir la prohibición estadounidense sobre las importaciones de uranio ruso. Esta situación surgió después de que el gobierno chino rechazara una investigación de EE.UU. sobre posibles violaciones a la prohibición, afirmando que Pekín siempre ha estado en contra de “las sanciones unilaterales ilegales”.
El martes, la agencia Reuters informó que el Departamento de Energía de EE.UU. y otras agencias relacionadas están monitoreando de cerca las importaciones de China. El objetivo es asegurar que se cumpla adecuadamente la prohibición firmada en mayo por el presidente Joe Biden, la cual bloquea las importaciones de uranio enriquecido procedente de Rusia. Esta medida es parte de un paquete más amplio de sanciones que buscan reducir los ingresos de Moscú destinados a financiar su guerra contra Ucrania.
La preocupación de EE.UU. radica en la posibilidad de que China esté utilizando uranio ruso en sus propias plantas de energía y luego exportando el uranio producido a nivel nacional hacia Estados Unidos. De esta manera, se socavaría la intención del embargo, permitiendo que Rusia continúe obteniendo ingresos a pesar de la sanción. Aunque las autoridades chinas no negaron de manera explícita que los envíos podrían estar eludiendo la prohibición, señalaron que “China siempre ha estado en contra de cualquier sanción unilateral ilegal y la jurisdicción extraterritorial”.
En respuesta a preguntas formuladas por Reuters, el Ministerio de Relaciones Exteriores chino indicó que “la cooperación entre China y Rusia es una decisión independiente tomada por dos países soberanos basada en sus respectivas necesidades de desarrollo”. Esta cooperación, afirmaron, no tiene como objetivo a ninguna tercera parte ni debería ser interferida por otros países. Además, China dejó claro que continuará su “cooperación económica y comercial normal” con todos los países, incluida Rusia.
Estas declaraciones reflejan la creciente tensión entre Washington y Pekín en torno a la guerra en Ucrania. La prohibición estadounidense del uranio ruso, que bloqueará por completo las importaciones de la empresa estatal nuclear rusa en 2028, es solo una de las muchas sanciones impuestas a Moscú por su invasión.
Otro factor que preocupa a Estados Unidos es el posible impacto en la cadena de suministro de combustible de uranio en su propio país. La industria recibió un impulso de $2.7 mil millones en fondos públicos bajo la legislación que prohíbe las importaciones de uranio ruso. Sin embargo, el aumento en los envíos de uranio enriquecido desde China y la posibilidad de que esto permita a Rusia eludir la prohibición, pone en riesgo esos esfuerzos.
Si Estados Unidos determina que China está ayudando a Rusia a evitar la prohibición, tiene algunas opciones para responder. Una de ellas sería aumentar los aranceles sobre las importaciones de uranio enriquecido procedente de China, que actualmente tienen una tasa del 7.5%. Otra opción sería expandir la prohibición actual sobre el uranio ruso para incluir el uranio que proviene de China. Sin embargo, ambas medidas podrían tardar tiempo en implementarse.
El desarrollo de esta situación subraya las complejas relaciones entre las grandes potencias en torno al conflicto en Ucrania, así como el papel que juegan los recursos estratégicos como el uranio en las dinámicas geopolíticas. Si bien la prohibición estadounidense fue diseñada para debilitar la capacidad financiera de Rusia, la cooperación entre China y Rusia en el sector energético podría complicar aún más la situación y representar un desafío para los esfuerzos de Washington de aislar económicamente a Moscú.

