La transición energética global enfrenta un reto significativo: la dependencia del cobre y, más específicamente, de la cadena de suministro dominada por China. De acuerdo con un informe reciente de Wood Mackenzie, alejarse de China en la provisión de minerales críticos como el cobre podría poner en grave peligro los objetivos de descarbonización del mundo.
La Importancia del Cobre en la Transición Energética
El cobre es un elemento vital en la electrificación. Desde la generación de energía renovable hasta la expansión de la infraestructura eléctrica, este metal es indispensable. Según Wood Mackenzie, se espera que la demanda de cobre aumente hasta un 75%, alcanzando 56 millones de toneladas para 2050. Sin embargo, satisfacer esta demanda no será tarea fácil.
La Agencia Internacional de Energía (IEA) proyecta que las minas existentes y los proyectos en construcción cubrirán solo el 80% de las necesidades de cobre para 2030. Este déficit subraya la importancia de ampliar no solo la producción minera, sino también las capacidades de procesamiento y fabricación, sectores donde China tiene una hegemonía casi total.
La Dominancia de China en la Cadena de Suministro de Cobre
China no solo es un jugador clave en la minería de cobre, sino que también domina los procesos de fundición y refinado. Desde el año 2000, el gigante asiático ha sido responsable del 75% del crecimiento en la capacidad global de fundición, controlando actualmente el 97% de esta capacidad. Esto ha resultado en una producción de más de 3 millones de toneladas de cobre refinado y una inversión cercana a los 25 mil millones de dólares.
Además, China ha añadido cerca de 11 millones de toneladas de capacidad de cobre y aleaciones desde 2019, representando alrededor del 80% de las adiciones globales. Dos tercios de estas instalaciones producen varillas de alambre, lo que otorga a China la mitad de la capacidad mundial de fabricación, con planes de expansión adicionales en marcha.
El Riesgo de Desvincularse de China
La posibilidad de desvincularse de la cadena de suministro de cobre controlada por China es alarmante. Se estima que alrededor del 50% de la demanda global de cobre proviene del uso interno de China. De acuerdo con Wood Mackenzie, para compensar la ausencia de China, se necesitarían aproximadamente 8.6 millones de toneladas adicionales de demanda de cobre en el resto del mundo durante la próxima década, impulsadas por el crecimiento en los sectores de transporte, energía y redes eléctricas.
Esto equivaldría a un aumento del 70% en la capacidad de fundición y del 55% en la capacidad de fabricación fuera de China. A nivel global, se requerirían cerca de 85 mil millones de dólares en nuevas capacidades de fundición y refinado para reemplazar el suministro chino, un objetivo que parece casi inalcanzable dado el estancamiento en la capacidad fuera de China en los últimos 20 años.
Un Compromiso Necesario para la Transición Energética
El informe de Wood Mackenzie advierte que mitigar los riesgos del suministro de cobre es posible, pero la escala del dominio de China significa que un reemplazo completo es inviable. Además, la construcción de nuevas instalaciones de procesamiento y fabricación podría acarrear mayores costos y retrasos en la transición energética, con una fuerte resistencia a nuevos proyectos de fundición por razones ambientales y sociales, especialmente en Europa.
La desvinculación total de China podría resultar en una transición energética más costosa y mucho más lenta. Para evitar esto, será necesario un enfoque pragmático y de compromiso. La colaboración internacional y la inversión en nuevas tecnologías serán claves para reducir la dependencia de China sin comprometer los objetivos de descarbonización global.

