Puntos clave
- Flota operativa: 4 camiones eléctricos en ruta real de 470 km (Salar de Atacama a Planta Carmen)
- Récord regional: Ruta minera eléctrica más extensa de Chile, sin pilotos de laboratorio
- Emisiones evitadas: Reducción de 700-900 g CO₂/tonelada vs. camiones diésel convencionales
- Alineación ESG: Responde a exigencias de compradores asiáticos y europeos de trazabilidad de huella de carbono
| Tecnología | Camiones eléctricos pesados |
| Aplicación | Transporte de concentrado de litio en ruta logística de 470… |
| Empresa | Novandino Litio |
Cuatro camiones eléctricos. 470 kilómetros de ruta. Un trayecto que conecta el Salar de Atacama con la Planta Química de Litio Carmen y que, de un golpe, convierte a Novandino Litio en operadora de la ruta minera eléctrica más extensa de Chile. No es un piloto de laboratorio ni una promesa de hoja de ruta ESG: es una flota en operación real, sobre asfalto real, moviendo concentrado de litio en uno de los corredores logísticos más estratégicos del norte chileno.
- El problema que resuelve: logística fósil en una cadena que se vende como verde
- Los 470 kilómetros: por qué esta ruta importa más allá de Novandino
- Cuatro camiones: ¿suficiente para medir el modelo?
- La infraestructura de carga: el verdadero cuello de botella
- Señal para el sector: ¿quién sigue?
- Chile como laboratorio: lo que se prueba aquí se replica en la región
El dato merece detenerse. En un país donde el litio define cada vez más la agenda minera, la discusión tecnológica se ha concentrado en la extracción y el procesamiento. La logística, ese eslabón silencioso que une salares con plantas y puertos, seguía operando bajo el paradigma diésel de siempre. Novandino acaba de cambiar esa ecuación.
El problema que resuelve: logística fósil en una cadena que se vende como verde
La contradicción era visible desde hace tiempo. Chile produce litio para baterías que alimentan la transición energética global. Sus compradores en Asia y Europa exigen cada vez más trazabilidad y certificación de huella de carbono a lo largo de toda la cadena. Pero el litio llegaba a las plantas y puertos sobre camiones diésel, quemando combustible fósil en cada uno de esos kilómetros.
Para una ruta de 470 kilómetros operada de forma continua, esa huella no es trivial. Un camión diésel pesado en ese tipo de recorrido puede emitir entre 700 y 900 gramos de CO₂ por tonelada-kilómetro transportada, dependiendo de la carga y el perfil altitudinal. Multiplicado por flotas completas y operaciones de 365 días, el impacto acumulado borra parte del argumento verde que acompaña al litio en cada negociación comercial.
Novandino identificó esa brecha y apostó por cerrarla en el tramo logístico. La decisión tiene lógica comercial además de ambiental: los compradores de litio —fabricantes de baterías en China, Corea del Sur, la Unión Europea— ya exigen informes de Scope 3 que incluyen emisiones de transporte. Una cadena logística eléctrica no es solo marketing; es una ventaja competitiva en la negociación de contratos de largo plazo.
Los 470 kilómetros: por qué esta ruta importa más allá de Novandino
El corredor Salar de Atacama–Planta Química de Litio Carmen no es una ruta cualquiera. Atraviesa una de las zonas de mayor presión hídrica y ambiental del planeta, donde la minería convive —a veces en tensión— con comunidades atacameñas y con un ecosistema frágil que atrae escrutinio internacional permanente.
Operar camiones eléctricos en ese trecho tiene una dimensión que va más allá de las emisiones de CO₂. Elimina también las emisiones locales de material particulado y óxidos de nitrógeno que afectan directamente a las comunidades y fauna en la zona. Es un argumento de licencia social tan importante como el ambiental.
Además, la extensión de la ruta —470 kilómetros— es el dato que hace relevante este anuncio a escala nacional. No existe en Chile, hasta ahora, una ruta minera eléctrica de esa magnitud. Las implementaciones anteriores de vehículos eléctricos en minería chilena se han concentrado en flotas intra-mina: LHDs eléctricos en túneles, camiones de bajo perfil en minas subterráneas, vehículos de servicio en superficie. El transporte de larga distancia entre operación y planta seguía siendo territorio diésel.
Novandino cruza esa frontera. Y al hacerlo, establece un precedente operativo que otras compañías —incluyendo las grandes— no podrán ignorar por mucho tiempo.
Cuatro camiones: ¿suficiente para medir el modelo?
Una flota de cuatro unidades es pequeña en términos de volumen. Pero es exactamente el tamaño correcto para validar un modelo operativo antes de escalar. Permite medir consumo energético real en altitud y temperatura extrema, gestionar la infraestructura de carga a lo largo de la ruta, entrenar conductores y equipos de mantenimiento, y documentar métricas de confiabilidad que justifiquen la siguiente inversión.
La pregunta técnica más relevante no es si los camiones funcionan —la tecnología de vehículos eléctricos pesados está probada en Europa y en flotas mineras de Australia y Canadá—. La pregunta es si funcionan en las condiciones específicas de la Puna atacameña: altitudes superiores a 2,400 metros sobre el nivel del mar, temperaturas extremas nocturnas, tramos sin infraestructura eléctrica establecida.
A mayor altitud, las baterías de iones de litio pierden eficiencia por las bajas temperaturas. Los motores eléctricos, sin embargo, ganan ventaja frente al diésel porque no sufren la pérdida de potencia por enrarecimiento del aire que castiga a los motores de combustión. El balance neto en esas condiciones es uno de los datos operativos más valiosos que Novandino generará en los próximos doce meses.
La infraestructura de carga: el verdadero cuello de botella
Desplegar cuatro camiones eléctricos en una ruta de 470 kilómetros exige resolver un problema que la industria automotriz convencional todavía debate: dónde cargar, qué tan rápido, y con qué fuente de energía.
En el norte de Chile, la respuesta lógica es energía solar. La región de Antofagasta tiene una de las irradiaciones solares más altas del planeta. Varias mineras ya operan con contratos de energía solar que cubren el 100% de su consumo eléctrico en ciertos períodos. Si Novandino conecta la carga de su flota a fuentes renovables —lo que sería el paso lógico y coherente con su estrategia de descarbonización—, la cadena completa desde extracción hasta entrega en planta puede presentarse con una huella de carbono radicalmente distinta a la de sus competidores.
El desafío es la infraestructura física: estaciones de carga rápida a lo largo de una ruta que cruza zonas remotas. Eso implica inversión en infraestructura propia o acuerdos con operadores externos. La viabilidad económica de esa infraestructura mejora radicalmente si otros actores —mineras, transportistas de carga general, operadores turísticos— pueden compartir el acceso. Un corredor de carga eléctrica en esa ruta podría convertirse en infraestructura crítica regional, no solo en un activo privado de Novandino.
Señal para el sector: ¿quién sigue?
Codelco, BHP, Antofagasta Minerals y Teck operan corredores logísticos que suman miles de kilómetros de transporte de cobre entre minas, plantas y puertos. La descarbonización de esa logística es un compromiso que todos tienen en sus reportes de sustentabilidad, pero la implementación a escala industrial sigue siendo marginal.
El movimiento de Novandino les pone un espejo incómodo. Si una operadora de menor escala puede desplegar y operar una ruta eléctrica de 470 kilómetros, la pregunta que los directores de operaciones de las grandes tendrán que responder —ante sus directorios y ante sus compradores— es cuándo escalan ellos.
SQM, que comparte el Salar de Atacama con otras operaciones y que desde 2025 opera en partnership con Codelco, tiene incentivos adicionales para observar de cerca este piloto. Cualquier diferenciación en huella de carbono de la cadena logística del litio chileno impacta directamente en la competitividad frente al litio australiano y argentino, mercados que también están presionados por las exigencias ESG de los compradores asiáticos.
Chile como laboratorio: lo que se prueba aquí se replica en la región
Chile no es solo el mayor productor de cobre del mundo. Es también el país latinoamericano con mayor madurez en la adopción de tecnología minera avanzada. Lo que se prueba operativamente en Atacama, Antofagasta o Coquimbo termina siendo la referencia para decisiones de inversión en Perú, Argentina y, con rezago, en otras jurisdicciones de la región.
La ruta eléctrica de Novandino es exactamente ese tipo de experimento con potencial de réplica. Perú, tercer productor mundial de cobre, tiene corredores logísticos mineros similares en longitud y complejidad. Argentina, con su litio en desarrollo en Jujuy y Salta, enfrenta el mismo dilema de transporte en zonas remotas de alta montaña. Si Novandino valida el modelo operativo y económico en los próximos 18 meses, esos mercados tendrán un caso de referencia concreto, no una promesa de PowerPoint.
470 kilómetros sin diésel en el norte más árido del continente. Si los camiones aguantan el primer año completo de operación y los números de eficiencia energética se sostienen, Novandino no solo habrá descarbonizado su logística: habrá escrito el manual operativo que toda la industria estaba esperando.

