Anglo American cerró 2025 con números rojos y dejó una señal clara sobre el momento que vive el diamante. La minera reportó una pérdida atribuible a sus accionistas de US$3,700 millones. El resultado incluyó un deterioro contable antes de impuestos de US$2,300 millones ligado a De Beers.
El ajuste no sorprende por el tamaño del problema, pero sí por su persistencia. Anglo acumula tres ejercicios con cargos relevantes en el negocio diamantífero. En 2023 reconoció un deterioro de US$1,600 millones. En 2024 sumó otro de US$2,900 millones.
Con el cargo de 2025, el valor en libros del negocio De Beers, en conjunto, quedó en US$2,300 millones al 31 de diciembre. En el detalle técnico, Anglo calculó un “monto recuperable” de US$2,100 millones para la unidad de diamantes naturales. La compañía usó una tasa de descuento de 8% en su evaluación.
Anglo intentó separar el ruido del diamante del desempeño del resto del portafolio. La empresa reportó un EBITDA subyacente de US$6,400 millones en operaciones continuas, ligeramente arriba de 2024. También informó una reducción de deuda neta a US$8,600 millones. Anglo atribuyó parte del avance a ingresos por desinversiones.
El mismo comunicado subrayó un giro estratégico que vale seguir de cerca en América Latina. Anglo describió 2025 como un año de “optimización” y resaltó cobre y mineral de hierro premium. Además, informó un acuerdo para fusionarse con Teck y crear “Anglo Teck”, con foco en minerales críticos.
Aquí conviene poner el tema en perspectiva para lectores en México. El diamante no marca la agenda minera nacional, pero sí influye en flujos de capital. Cuando un gigante reacomoda su portafolio, el mercado revalúa qué materias primas merecen inversión. En años recientes, el cobre gana narrativa por electrificación, redes y movilidad.
De Beers, por su parte, retrató un mercado áspero durante todo 2025. La compañía reportó ingresos de US$3,493 millones y un EBITDA subyacente negativo de US$511 millones. El margen EBITDA cerró en terreno negativo, cerca de -15%. El precio promedio realizado bajó a US$142 por quilate.
La propia empresa explicó el golpe con palabras que importan. El negocio enfrentó incertidumbre geopolítica y arancelaria, además de inventarios conservadores en el “midstream”. De Beers también señaló la penetración de diamantes de laboratorio como un freno para la demanda de diamante natural.
El deterioro contable que reconoció Anglo nace de esa lectura del mercado. De Beers atribuyó el ajuste a precios esperados más bajos. También mencionó un cambio de preferencia del consumidor entre diamantes naturales y diamantes de laboratorio. El reporte añadió un exceso de oferta de diamante en bruto frente a la demanda vigente.
El punto sensible, y muy concreto, aparece en la mecánica comercial. De Beers describió iniciativas de “rebalanceo” de inventarios. En términos prácticos, la compañía movió mercancía de baja demanda a precios más agresivos. Eso presionó utilidades y generó pérdidas relevantes en el negocio de trading.
La dinámica global ayuda a entender el trasfondo. Medios internacionales han documentado cómo los diamantes de laboratorio ganaron espacio en joyería, con especial tracción en consumidores jóvenes. Ese avance comprimió precios y debilitó el atractivo del diamante natural como compra aspiracional.
El impacto no se queda en Londres ni en el reporte anual. Botswana ilustra el costo macro de una crisis prolongada del diamante. Reuters reportó recortes de producción en Debswana, empresa conjunta entre el gobierno y De Beers, por demanda débil. El mismo despacho destacó la dependencia fiscal y cambiaria del país respecto al diamante.
Aun con esa presión, la minería de diamantes conserva un componente social que el mercado no siempre refleja en el precio. En países productores, los diamantes financian empleo formal, infraestructura local y cadenas de proveedores. Cuando el mercado se enfría, la discusión pública suele olvidar ese tejido económico. El reto consiste en sostenerlo con disciplina y transparencia.
De Beers intentó responder desde dos frentes: eficiencia y diferenciación. La empresa reportó un costo unitario de US$86 por quilate, por debajo del año previo. También recortó capex a US$353 millones, con medidas de preservación de caja. De Beers afirmó que avanzó en ahorros de estructura y en un plan de “streamlining”.
En paralelo, De Beers apostó por marketing y trazabilidad para reforzar el valor del diamante natural. La empresa mencionó el “Luanda Accord”, con compromiso gobierno-industria para mercadotecnia del diamante natural. También lanzó ORIGIN De Beers Group con respaldo de Tracr para trazabilidad.
Ese enfoque tiene lógica si uno mira el debate que vive el retail. De Beers reconoció que algunos minoristas retrasan la diferenciación total entre natural y laboratorio. El incentivo aparece en márgenes altos de venta al público para el sintético, pese a caídas en precios mayoristas. Esa fricción complica la narrativa del diamante natural.
La empresa también dio una guía que conviene leer con cautela. De Beers anticipó condiciones difíciles en el corto plazo y apuntó a una normalización gradual de inventarios en el mediano plazo. La firma espera estabilidad de demanda en Estados Unidos e India, con recuperación gradual en China.
Anglo ya se mueve como si el diamante no fuera central en su futuro. De Beers informó que Anglo persigue una separación por doble vía y que un proceso de venta estructurado sigue en marcha. Si el grupo concreta esa salida, cerrará un capítulo histórico y liberará foco gerencial.
Mi lectura es directa, sin dramatismo: el mercado castigó el diamante por razones estructurales, no solo cíclicas. El sintético cambió la relación calidad-precio y alteró la psicología de compra. Al mismo tiempo, la industria todavía puede defender una propuesta superior en trazabilidad, empleo y valor cultural. Esa defensa exige consistencia, no nostalgia.
Para México, la señal principal no vive en la joyería, sino en el tablero de materias primas. Un gran productor global reafirmó su apuesta por cobre y mineral de hierro, al tiempo que reduce exposición a un commodity en transición. Eso puede reordenar apetito por proyectos, asociaciones y fusiones en el continente.

