Un lienzo dorado recorre los mercados globales este 29 de septiembre de 2025. El precio del oro alcanzó un nuevo máximo histórico, superando los 3 800 dólares por onza. Esa escalada refleja la convergencia de factores geopolíticos, decisiones monetarias y un ambiente global cargado de incertidumbre.
El repunte se siente con fuerza: el oro al contado llegó a cotizarse en 3 833,24 dólares por onza, lo que representa un alza cercana al 1,95 % respecto al cierre del viernes anterior. Futuros con vencimiento en diciembre subieron hasta 3 828,40 dólares. La senda alcista no ha sido casualidad: la moneda estadounidense pierde terreno frente a otras divisas, y los inversores buscan reducir la exposición al dólar, apostando al metal precioso como refugio.
Diversas señales alimentan ese cambio de ánimo. Datos recientes de inflación en EE. UU. resultaron más suaves de lo previsto, reforzando las expectativas de que la Reserva Federal pueda recortar tasas de interés. Una menor presión sobre los rendimientos de activos de renta fija hace que el oro—que no genera intereses—se vuelva más competitivo.
Al mismo tiempo, un dólar más débil abona el terreno para que los compradores en otras monedas incrementen su demanda por oro. La tensión política y fiscal en EE. UU., y los temores sobre un posible cierre parcial del gobierno, agregan una capa adicional de nerviosismo a los mercados.
En este panorama cabe destacar cómo los bancos centrales del mundo, especialmente en economías emergentes, intensifican sus compras de reservas de oro como medio para diversificar riesgos monetarios. China, en particular, impulsa su rol como custodio global del metal precioso, a través del fortalecimiento del mercado de oro en Shanghái y la apertura de nuevos canales de transacción.
Para México, este contexto tiene implicaciones significativas. La minería de oro fortalece su posición estratégica. Un precio en ascenso puede mejorar la rentabilidad de proyectos ya existentes y reactivar exploraciones que habían sido postergadas. Al mismo tiempo, eleva el valor de reservas y activos mineros nacionales. Si bien es esencial operar bajo estándares de sostenibilidad, esta coyuntura ofrece una ventana para consolidar inversiones y atraer financiamiento.
No obstante, esa bonanza no está exenta de riesgos. Una caída inesperada en la inflación o una reversión brusca en la política monetaria estadounidense podría revertir las ganancias. Tampoco es descartable una corrección técnica tras un tramo prolongado de alza. Expertos como los de JPMorgan ya advierten que, aunque las proyecciones siguen apuntando hacia arriba, la volatilidad podría aumentar.
En lo inmediato, el desafío será para los inversionistas: decidir cuánto asignar al oro sin sacrificar exposición en otros activos. Para el sector minero mexicano, se impone reforzar la transparencia ambiental, optimizar cadenas de valor y aprovechar la ventaja competitiva que da una alta cotización.

