El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a centrar la conversación económica en sus políticas arancelarias. Pese a la contracción registrada en el primer trimestre de 2025, Trump pidió paciencia a los estadounidenses y aseguró que su política comercial, aunque dura, sentará las bases de un auge económico.
Aranceles y contracción: ¿una relación directa?
El Producto Interno Bruto de Estados Unidos se contrajo debido, en parte, al aumento en la importación de bienes. Muchas empresas, anticipando nuevos aranceles, aceleraron sus compras internacionales, generando un desajuste temporal en el comercio. Este fenómeno ha sido ampliamente observado cuando se aplican políticas proteccionistas sin una transición ordenada.
Trump, sin embargo, desvinculó la caída del PIB de sus medidas arancelarias. En su estilo característico, apuntó contra su antecesor Joe Biden, acusándolo de dejar una “economía inflada de excedente” que ahora necesita ser purgada.
“Esto tomará un tiempo, NO TIENE NADA QUE VER CON LOS ARANCELES… cuando comience el auge, será como ningún otro”, aseguró Trump en declaraciones a medios.
Un discurso familiar: culpar al pasado, prometer el futuro
Trump ha utilizado estrategias similares en el pasado: atribuir responsabilidades a su predecesor mientras se presenta como arquitecto de un resurgimiento económico futuro. Este tipo de narrativa le permitió conectar con bases industriales y sectores afectados por la globalización, incluyendo la minería, la manufactura y la agricultura.
Durante su mandato anterior, Trump promovió el consumo de minerales estratégicos extraídos localmente y buscó reducir la dependencia de proveedores extranjeros, una postura que podría reavivar si regresa al poder.
¿Y los efectos reales?
Expertos señalan que los aranceles a menudo generan distorsiones temporales. En el corto plazo, encarecen los bienes importados, afectan cadenas de suministro y pueden desacelerar la inversión. No obstante, cuando se aplican de manera estratégica, pueden estimular la producción nacional y sectores como la minería de litio, tierras raras y cobre —materiales clave en la transición energética.
El problema, según analistas, radica en la ejecución. La “caótica” implementación de políticas arancelarias, sin una estrategia industrial clara que las respalde, genera incertidumbre en los mercados.
México, socio y afectado
La política arancelaria de Trump no es irrelevante para México. Como principal socio comercial de Estados Unidos y proveedor de materias primas esenciales, cualquier cambio en los aranceles estadounidenses impacta directamente la economía mexicana.
Durante la administración de Trump, México vivió tensiones arancelarias que afectaron productos agrícolas, automotrices y minerales. En este contexto, sectores como el minero tuvieron que buscar mayor resiliencia y diversificación de mercados.
Una eventual reelección de Trump podría reactivar esos desafíos, pero también oportunidades si se fortalecen las cadenas de valor regionales con enfoque en la autosuficiencia continental.

