China comenzó a ser noticia desde junio del año pasado cuando estalló su burbuja bursátil. Sin embargo, la raíz de sus problemas se encuentra mucho más atrás, en la crisis de 2008-2009. En ese entonces decidió estimular su economía con una ronda impresionante de expansión crediticia, que hizo lucir los esfuerzos occidentales en el mismo sentido como un juego de niños.

La lección –que por cierto volveremos a ver aquí en México en el futuro próximo, aunque a una escala mucho menor-, es que no hay crecimiento con cargo a la deuda que dure para siempre.

Como resultado, tras construir ciudades fantasma, centros comerciales donde nadie compra, infraestructura que no se utiliza, etc., la economía china –la segunda más grande del mundo-, comenzó a desacelerarse. Las burbujas de crédito siempre estallan cuando llegan los incumplimientos de pago en cascada.

Esa desaceleración es uno de los factores que ha arrastrado también los precios de las materias primas (commodities).

China pues, está en aprietos, pero no está condenada como muchos creen y la propaganda occidental vaticina.

A pesar de sus tropiezos, los chinos continúan avanzando en su plan para encumbrar a su divisa, el yuan o renminbi (RMB), como moneda de reserva. De hecho, en octubre próximo será incluida ya dentro de la cesta de divisas de los Derechos Especiales de Giro del Fondo Monetario Internacional (FMI), mientras avanza en su liberalización. Quieren desplazar al dólar estadounidense, y eventualmente lo lograrán, no tienen prisa.

Beijing ha hecho públicas sus aspiraciones de avanzar hacia un mundo “desamericanizado”, y para ello, ha decidido avanzar con pesados pies de oro.

China ya es de hecho el principal productor y consumidor global del metal precioso, y desde el año pasado, se dio a conocer que lanzaría su propio precio referencial en yuanes en la Bolsa de Oro de Shanghái (SGE, por sus siglas en inglés).

Por motivos que no están claros –pero que podrían estar asociados al nombramiento del entonces titular de la SGE, Xu Luode, como vicepresidente del Banco Popular de China (PBoC por sus siglas en inglés)-, el lanzamiento del precio referencial (“fix”) que se esperaba para finales de 2015, se pospuso.

No obstante, Reuters informó esta semana que el nuevo precio de referencia llegaría por fin en abril próximo.

Fuentes revelaron a esa agencia que los bancos extranjeros importadores del metal están siendo presionados por el gobierno para participar en el nuevo mecanismo del “fix” chino. Hay reticencias porque no quieren someterse al mayor escrutinio que ello significa.

Recordemos que el precio de referencia del oro más importante del mundo, el histórico London Gold Fix fue remplazado el año pasado por el nuevo LBMA Gold Price (Precio del oro de Londres), como consecuencia de la manipulación de cotizaciones que orquestaban los participantes.

Pero el gobierno chino ha advertido a los bancos extranjeros que de negarse a entrar en el nuevo “fix”, podrían ver restringidas sus operaciones en el país.

Este asunto es de la mayor trascendencia, porque como explicamos el año pasado en este mismo espacio, con su propio referencial tendrán el poder de devaluar al yuan por la puerta de atrás.

Hasta ahora todo mundo habla y señala a Beijing por “controlar” su moneda, pero llegado el momento, bastaría con que el PBoC ordenara elevar la cotización “fix” del oro para devaluarla de facto. Nadie podría reclamar más una manipulación.

Beijing va a liberalizar tarde o temprano su mercado de divisas, por lo que usaría al oro para estimular sus exportaciones.

Pongamos un ejemplo simplificado: Beijing ordena subir el precio del oro en yuanes en la SGE al doble. Esto generaría un enorme incentivo para que los tenedores de oro extranjeros acudieran a vender su metal y comprar dos veces más mercancías en moneda local, importarla y venderla en sus respectivos países. Las exportaciones chinas se catapultarían y se arrasaría con la industria foránea, en especial la estadounidense, sin contar que China se convertiría en un “agujero negro” devorador de oro.

Esta devaluación de facto del yuan tendría que ser respondida disparando el precio del oro en dólares también para neutralizarla –lo que sería la sentencia de muerte del dólar como divisa de reserva mundial-, o embarcando oro en cantidades suficientes para bajar el precio en yuanes. Esto último sería inviable dadas las limitadas existencias de oro en el planeta. En cualquier escenario, los chinos ganan.

Sí, hoy son noticia porque tumban las bolsas y disparan al dólar. Están pagando el precio de sus errores al imitar a Occidente con estímulos crediticios, imponiendo controles en los mercados y continúan “quemando” reservas en masa. Pero el oro es el as bajo la manga que Beijing utilizará para consolidar su ascenso al liderazgo global.

Por su antigua cultura y experiencias históricas, conocen de sobra la regla dorada: quien tiene el oro pone las reglas.

Así que a pesar de estas turbulencias y la propaganda en contra, la realidad es que China está aprendiendo, fortaleciéndose con oro y seguirá avanzando en la liberalización de sus mercados. Más vale prepararse para esa nueva realidad del mundo que viene para sacarle provecho, en vez de querer enfrentarse al “dragón”.

Forbes México

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