Lilac Solutions amarró un acuerdo de venta a largo plazo que le da oxígeno comercial a uno de los proyectos de litio más observados en Estados Unidos. La empresa, con sede en California, firmó un contrato vinculante de offtake por 10 años con Traxys North America para suministrar carbonato de litio grado batería desde su futura instalación en el Great Salt Lake, en Utah.
El pacto llega en un momento políticamente sensible para la cadena de baterías. Washington quiere más litio producido en casa y menos dependencia de importaciones, en especial cuando la conversación pública insiste en el riesgo de concentración del suministro y el procesamiento en Asia. El litio se volvió un insumo estratégico porque sostiene el ritmo de la electrificación, y la industria sabe que sin contratos firmes los proyectos se quedan en el papel.
Según los términos divulgados por las compañías, Traxys comprará 50,000 toneladas de carbonato de litio durante la vigencia del acuerdo. Ese volumen equivale al 100% de la producción prevista para la Fase 1 del proyecto. Lilac apunta a iniciar entregas hacia finales de 2027, una fecha que ahora funciona como el primer gran examen para su calendario de obra.
La planta del Great Salt Lake se diseñó para producir 5,000 toneladas por año en su primera etapa. En la práctica, esa cifra casi duplicaría la producción actual de carbonato de litio en Estados Unidos, de acuerdo con la información pública que acompaña el anuncio. El dato importa porque, aun con el auge del vehículo eléctrico, el país sigue lejos de ser autosuficiente en químicos de litio listos para cátodos.
Lilac informó que ya completó la ingeniería y que avanzan los trámites de permisos. Ese punto suele sonar administrativo, pero en minería y químicos de batería define el destino de un proyecto. Los permisos se vuelven el terreno donde se cruzan tiempos de inversión, expectativas públicas y reglas ambientales. Utah ofrece ventajas de infraestructura, pero el Great Salt Lake también concentra vigilancia social y científica por la situación del lago y su entorno.
Traxys, por su parte, actúa como comerciante físico global y como puente entre producción y compradores industriales. En un mercado volátil, el “merchant” no solo mueve material; también administra riesgo, logística y, en ocasiones, estructuras comerciales que facilitan financiamiento. Para Lilac, un offtake por toda la Fase 1 reduce incertidumbre de ingresos y mejora la narrativa frente a bancos y potenciales socios.
El acuerdo incluye elementos típicos de contratos modernos de baterías. La comunicación corporativa señala un esquema “take-or-pay” y mecanismos de precio vinculados a índices de mercado. En español llano, el comprador asume obligaciones de compra o pago y el precio se ajusta con referencias públicas, en lugar de fijarse de forma rígida. Esa arquitectura intenta proteger a ambos lados cuando el litio sube o cae con fuerza.
En el centro del proyecto está la tecnología de extracción directa de litio, o DLE por sus siglas en inglés. Lilac se posiciona como proveedor y operador con intercambio iónico, y ha defendido que su proceso reintegra salmueras ya “deslitiadas” al sistema, con una huella operativa distinta a la evaporación tradicional. La empresa reportó resultados de piloto en 2025 con 87% de recuperación en salmuera de baja ley y un desempeño que, según su propia información, respaldó la base de diseño.
Aquí conviene separar promesa de ejecución. La DLE puede acelerar tiempos y elevar recuperaciones, pero también exige disciplina química, control de impurezas y estabilidad operacional a escala comercial. Muchos jugadores han anunciado DLE y pocos han demostrado operación sostenida a gran capacidad. Por eso, un offtake ayuda, pero no sustituye la parte más dura: construir, arrancar y mantener calidad grado batería sin sobresaltos.
El anuncio también reactiva un debate que la industria suele esquivar: no basta con extraer litio. La cadena de valor depende de conversión química, calidad consistente y, cada vez más, trazabilidad. El carbonato grado batería requiere especificaciones estrictas, y cualquier variación se paga con descuentos, reprocesos o, en el peor caso, con rechazo. Si Lilac cumple su objetivo de entregar hacia finales de 2027, el proyecto ganará relevancia como referencia industrial, no solo como experimento tecnológico.
La Fase 2 aparece como la gran palanca, pero todavía vive en el futuro del plan. Lilac plantea una expansión que elevaría la capacidad total a 20,000 toneladas anuales. Esa escala ya cambia la conversación porque puede influir en decisiones de abastecimiento regional, y podría conectar mejor con la demanda esperada de materiales para baterías en Norteamérica. El reto es que la expansión no ocurre por deseo; ocurre si la Fase 1 entrega producto, márgenes y confianza.
En términos de mercado, el offtake llega después de años de montaña rusa en precios de litio. La volatilidad dejó una lección clara: los ciclos castigan a quien produce sin contrato y a quien compra sin cobertura. Aun cuando el precio baje, un comprador serio puede preferir asegurar volumen y calidad, sobre todo si quiere opciones de origen estadounidense para clientes que valoran cumplimiento regulatorio y narrativa de suministro “local”.
Desde el ángulo político-industrial, el movimiento encaja con la presión por “domestic sourcing”. La conversación no se limita a geología; se trata de manufactura, empleos y seguridad económica. En ese tablero, cada tonelada producida dentro del país se usa como argumento para atraer gigafábricas, justificar incentivos y reducir cuellos de botella. Si el Great Salt Lake suma 5,000 toneladas anuales de carbonato grado batería, el efecto simbólico puede ser casi tan importante como el efecto volumétrico.
Ahora, la parte incómoda: el Great Salt Lake no es un sitio cualquiera. El lago y su cuenca han enfrentado presión por cambios hidrológicos y preocupaciones ambientales, y cualquier desarrollo industrial carga con un escrutinio alto. Lilac ha sostenido que su enfoque no consume el recurso de manera que reduzca niveles del lago y que reintegra salmuera tratada. Eso ayuda en el discurso, pero la conversación pública se gana con datos, monitoreo y transparencia, no solo con promesas.
El acuerdo con Traxys manda una señal positiva al mercado: Lilac consiguió un comprador para todo su arranque y fijó un horizonte de 10 años. Eso no ocurre cuando el proyecto luce frágil. Aun así, el contrato no elimina la complejidad de permisos, financiamiento y puesta en marcha. El verdadero valor del anuncio se medirá cuando la compañía muestre avances verificables de construcción y entregue las primeras toneladas con especificación constante.
También hay una implicación menos comentada. Cuando un comerciante como Traxys toma todo el volumen de una fase, se vuelve un “orquestador” del material. Eso puede abrir puertas a varios clientes finales, desde productores de cátodos hasta integradores de cadena en Estados Unidos. En un entorno donde la demanda pide flexibilidad y orígenes confiables, ese rol comercial puede acelerar la adopción del producto si la calidad responde.
En síntesis, Lilac acaba de convertir un proyecto planeado en un proyecto con salida comercial definida. El reloj, sin embargo, ya corre hacia finales de 2027. ¿Podrá la empresa demostrar que la extracción directa funciona a escala industrial en una salmuera de baja ley, con costos competitivos y permisos en regla? Esa respuesta definirá si este acuerdo queda como un hito fundacional o como una promesa más en la carrera del litio estadounidense.

