Petrobras acordó con Vale el suministro de diésel S10 para las operaciones del grupo minero en Minas Gerais. El combustible incluye la mezcla obligatoria de 15% de biodiésel, en línea con la política brasileña de biocombustibles.
El anuncio llegó este lunes 5 de enero de 2026. Petrobras presentó el pacto como un paso para consolidar ventas directas a grandes consumidores. Vale, por su tamaño y demanda logística, encaja en ese objetivo.
Minas Gerais concentra activos críticos de Vale, en especial minería y procesamiento vinculados al mineral de hierro. Ese ecosistema depende del diésel para equipos móviles, transporte interno y servicios auxiliares. En minería, el combustible no es un insumo menor. Define ritmos de producción y costos.
El acuerdo también tiene una lectura política y de mercado. Brasil empuja la descarbonización sin soltar la mano de su economía extractiva. En ese equilibrio, los combustibles con contenido renovable se vuelven un puente pragmático. No sustituyen de golpe al diésel fósil, pero recortan intensidad de emisiones.
Petrobras no divulgó montos ni volúmenes. Aun así, el mensaje resulta claro. La petrolera busca blindar demanda con contratos estables y clientes ancla. Vale necesita continuidad de suministro con especificaciones consistentes. Esa combinación reduce riesgos operativos y abre espacio para planes energéticos de mediano plazo.
El diésel S10 como estándar operativo y ambiental
El diésel S10 se asocia con bajo contenido de azufre. En flotas pesadas, ese atributo ayuda a reducir emisiones contaminantes locales y permite un mejor desempeño de tecnologías de control. En minería, donde el polvo y la operación continua elevan el escrutinio ambiental, el estándar del combustible importa.
La mezcla de biodiésel agrega una capa adicional. Brasil ha incrementado sus mandatos de biodiésel en diésel en los últimos años, con una trayectoria que llevó a elevar el componente renovable. Reuters reportó que el Consejo Nacional de Política Energética aprobó en junio de 2025 el aumento a 15% de biodiésel en diésel, con aplicación a partir del 1 de agosto de 2025.
Ese contexto explica por qué Petrobras subraya el 15%. No lo vende como un experimento, sino como un combustible que ya forma parte del marco regulatorio. Para Vale, ese detalle evita la discusión típica de compatibilidad y cumplimiento. La minera compra un producto alineado con la norma.
El uso de biodiésel tampoco está exento de debate. En Brasil, parte de la discusión pública ha girado sobre impactos en precios y cadenas agrícolas. Reuters documentó que el gobierno mantuvo el nivel de mezcla en 14% durante 2025, tras preocupaciones inflacionarias, y luego habilitó el salto a 15%.
Para la industria minera, la prioridad suele ser otra. Importan la disponibilidad, la calidad del combustible y la confiabilidad del proveedor. En operaciones remotas, un atraso de suministro se traduce en equipos parados. Y en minería, el minuto ocioso cuesta.
Una relación que viene de antes y apunta a más combustibles
El acuerdo de suministro no aparece en el vacío. Vale y Petrobras formalizaron en 2023 un marco de cooperación orientado a soluciones de menor huella de carbono. Ese entendimiento incluyó temas como combustibles bajos en carbono y tecnologías asociadas.
Vale también comunicó que su alianza estratégica contempla frentes como gas natural para insumos industriales y pruebas con combustibles con contenido renovable para logística marítima. La compañía describió, por ejemplo, un bunker con contenido renovable para test en un buque de transporte de mineral.
Ese hilo importa porque la minería ya no discute solo “si” descarboniza, sino “cómo” lo hace sin perder competitividad. Vale vende mineral de hierro a cadenas siderúrgicas que enfrentan presión para bajar emisiones. Petrobras, a su vez, busca reposicionarse en un mercado energético que pide transición, pero exige continuidad.
En esa ecuación, el combustible líquido sigue dominando el corto plazo, sobre todo en maquinaria pesada. El diésel renovable, el HVO y otras alternativas compiten por escalar. Sin embargo, los mandatos de biodiésel operan como mecanismo inmediato. Obligan a mover el mercado sin esperar a que maduren otras rutas.
El acuerdo en Minas Gerais también puede funcionar como laboratorio operativo. Si Petrobras y Vale estabilizan logística y desempeño con B15 en volúmenes relevantes, ganan argumentos para ampliar otros productos. La prensa especializada ya mencionó conversaciones comerciales alrededor de combustibles como Diesel R y HVO, aunque el contrato informado se centra en S10 con la mezcla obligatoria.
Implicaciones para costos, seguridad de suministro y reputación
Un contrato de suministro directo puede reducir fricciones comerciales. Petrobras acorta cadena de intermediación y amarra demanda. Vale reduce exposición a variaciones de oferta regional y mejora la planeación. En minería, la planeación no es una frase. Es un mapa de turnos, mantenimiento y mineral movido.
También entra el factor reputacional. Vale ha reforzado su narrativa de descarbonización tras años de presión social y regulatoria. Petrobras, por su parte, opera bajo la lupa de una transición energética que no perdona discursos vacíos. Un acuerdo tangible, con combustible definido y cliente emblemático, permite a ambas compañías mostrar ejecución.
En Minas Gerais, la conversación pública sobre minería siempre resulta sensible. El estado vive con el peso económico del mineral, pero también con el recuerdo de tragedias y tensiones socioambientales. Cada decisión que reduzca impactos locales, aunque sea incremental, suma puntos frente a comunidades y autoridades.
No conviene exagerar el efecto climático del B15 por sí solo. La mezcla recorta parte de las emisiones netas, pero no elimina el problema central del diésel. Aun así, en sectores difíciles de electrificar, las mejoras marginales se acumulan. Y la minería entra en esa categoría, al menos por ahora.
Desde la óptica latinoamericana, el movimiento también deja una señal. Los grandes jugadores de recursos naturales están integrando energía y minería con más coordinación. Brasil lo hace con Petrobras y Vale. En otros países, las mineras suelen depender de redes privadas o importación de combustibles. Esa diferencia puede afectar costos y resiliencia.
Para Petrobras, el acuerdo con Vale también dialoga con una meta de portafolio. La empresa necesita demostrar que puede crecer en segmentos industriales sin depender únicamente del mercado minorista. En un entorno de transición, la demanda estable vale oro. En minería, además, la demanda es constante.
Vale enfrenta el reto de sostener producción y, al mismo tiempo, mostrar disciplina climática. El combustible es una pieza de ese rompecabezas. La otra parte está en eficiencia, electrificación selectiva y cadenas de suministro más limpias para clientes siderúrgicos. El diésel con biodiésel no cierra el tema, pero evita quedarse inmóvil.

