Las acciones de Grupo México amanecieron con resaca bursátil este miércoles. La empresa entregó un cuarto trimestre de 2025 mejor al esperado, pero el precio de la acción retrocedió en la Bolsa Mexicana de Valores. El ajuste lució pequeño, aunque reveló algo importante: el mercado ya había comprado buena parte de la historia.
El movimiento en pantalla resultó marginal. El papel se ubicó alrededor de 199.69 pesos, con una baja de 0.17% en la sesión. Aun así, enero ha sido un mes contundente para la emisora, con un avance cercano a 17.53%. Esa combinación explica el tono del día: toma de utilidades, no un cambio de tesis.
Grupo México juega en una liga global. Figura entre los mayores productores de cobre del mundo y opera con un portafolio que mezcla minería, transporte e infraestructura. Ese “mix” suele amortiguar golpes sectoriales, pero también abre frentes distintos de riesgo. En el trimestre, esa dualidad quedó clara.
En minería, la compañía presumió márgenes récord. El entorno ayudó: el cobre se movió con fuerza y los costos cedieron por eficiencias operativas. El mensaje al mercado fue directo: la empresa no solo se benefició del precio, también apretó la estructura para capturar más valor por tonelada.
Reuters reportó un salto marcado en utilidades. La firma habría casi duplicado su ganancia neta, hasta 1,430 millones de dólares, apoyada en el auge de los metales y mayores volúmenes. Los ingresos subieron 34% a 5,150 millones de dólares y superaron estimaciones de analistas.
El detalle fino también importó. La producción de cobre creció 2% y el oro avanzó 14%, según el mismo reporte. Del lado de precios, Reuters citó aumentos fuertes en cobre, plata y oro. Cuando esos vientos soplan al mismo tiempo, la palanca operativa se nota en el EBITDA y en la caja.
Ahí aparece otro dato que el mercado sí suele premiar, incluso cuando ajusta la acción en el corto plazo. Grupo México anunció un dividendo trimestral de 1.50 pesos por acción, con un rendimiento anualizado estimado de 3.1%. El dividendo manda una señal: la empresa se siente cómoda con su balance y con su generación de efectivo.
Sin embargo, el reporte también dejó motivos para la cautela. En transporte, la división mostró resiliencia, según analistas citados por El Economista. Esa parte del negocio suele beneficiarse de flujos industriales y del comercio regional, incluido el empuje manufacturero del norte del país. En infraestructura, en cambio, se observó debilidad y el trimestre cargó con ese contraste.
Reuters añadió una pieza relevante para entender ese flanco. La división de infraestructura registró pérdida neta, afectada por la suspensión de cuatro plataformas petroleras marinas de Pemex y por impactos cambiarios. Cuando un cliente público frena proyectos, el golpe no llega con drama inmediato, pero sí con goteo en resultados.
El mercado, además, no opera solo con “lo que pasó”, sino con “lo que sigue”. Y aquí el cobre se convirtió en protagonista otra vez. En enero, el metal alcanzó niveles récord en Londres, por arriba de 13,000 dólares por tonelada en algunos momentos. Ese rally eleva expectativas de utilidades futuras, pero también sube el estándar con el que los inversionistas juzgan cada trimestre.
Cuando el cobre corre, los inversionistas piden más que un buen trimestre. Piden guía clara, ejecución consistente y proyectos que aterricen. El propio mercado mira la continuidad del ciclo, porque la industria conoce de memoria lo rápido que un súper precio puede normalizarse. A mi juicio, el ajuste en la acción refleja esa matemática emocional: entusiasmo con freno de mano.
En esa discusión entra Tía María, el proyecto de Southern Copper en Perú. Analistas mencionan su integración gradual como parte del caso hacia 2026. La empresa lo presenta como un activo clave dentro de su cartera, con ubicación en Arequipa y dos yacimientos principales. Cada avance creíble en permisos, construcción y relación comunitaria suele tener impacto directo en valuación.
También conviene poner el foco en la lectura local. Para México, un Grupo México fuerte suele traducirse en inversión, empleos y derrama en cadenas de proveeduría, desde contratistas hasta servicios especializados. En un país que busca captar manufactura por cercanía con Estados Unidos, el cobre y la logística pesan más de lo que parece. Nadie electrifica fábricas ni redes sin cobre.
El contexto internacional refuerza esa idea. La demanda por electrificación, energías renovables, redes y centros de datos presiona el consumo del metal. Además, los inventarios y las tensiones comerciales pueden distorsionar flujos y precios. Ese coctel explica por qué el mercado habla tanto de déficit de oferta y de cuellos de botella.
En el plano corporativo, Reuters reportó planes de inversión relevantes a varios años en Estados Unidos, México, Perú y España. En particular, mencionó el interés por evaluar reaperturas o expansiones en instalaciones estadounidenses, como parte del brazo Asarco. Si esas iniciativas avanzan, la narrativa de crecimiento gana profundidad, aunque todavía depende de política industrial y permisos.
En México, el ambiente regulatorio sigue como variable que el mercado no suelta. Reuters indicó que la empresa negocia con el gobierno para reactivar inversiones importantes que se habían frenado. Ese punto merece atención, porque conecta con el humor de los inversionistas: sin certeza operativa, el múltiplo sufre aunque el cobre brille.
Dicho eso, el reporte del 4T deja un mensaje de fondo: Grupo México llega a 2026 con caja, con eficiencia y con retorno al accionista. El mercado puede ajustar el precio un día y aplaudir el mes completo. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez.
La pregunta que queda en el aire no es si la empresa tuvo un buen trimestre. La pregunta real es si el ciclo del cobre seguirá lo bastante alto para justificar expectativas más exigentes. Y, sobre todo, si los proyectos y las divisiones no mineras aportarán estabilidad cuando el metal deje de hacer el trabajo pesado.

