El níquel encontró piso, al menos por ahora, y el mensaje llegó desde Yakarta. El metal avanzó por tercer día y extendió el rebote desde un mínimo de ocho meses, después de que Indonesia, el mayor productor mundial, enviara señales de que quiere recortar la oferta de mineral en 2026.
En los mercados de metales, las señales pesan casi tanto como los datos. Esta semana, la señal fue clara: el plan de trabajo y presupuesto del gobierno para 2026 contempla una producción cercana a 250 millones de toneladas de mineral, por debajo del objetivo de 379 millones fijado para 2025.
El precio respondió con rapidez. El níquel subió hasta 1.5% el viernes y se colocó alrededor de 14,750 dólares por tonelada en la Bolsa de Metales de Londres en la mañana local, tras haber tocado 14,263 dólares el martes, su nivel más bajo desde el 9 de abril.
Detrás del movimiento hay una historia menos glamorosa que el rally de otros metales, pero más reveladora sobre cómo se ordena el tablero de los minerales críticos. El níquel, utilizado en acero inoxidable y en ciertas químicas de baterías para vehículos eléctricos, acumula presión por un desajuste persistente: la producción creció más rápido que la demanda. En el London Metal Exchange, el metal perdió alrededor de la mitad de su valor en tres años, una caída que coincide con la expansión de Indonesia y, en paralelo, con el empuje industrial de China.
Indonesia no solo produce más. También marca el paso de costos, márgenes y expectativas. Por eso, cuando el mercado escucha “recorte”, no piensa en un ajuste cosmético. Piensa en una palanca que puede mover el precio global. En una lectura de riesgo, la analista Gao Yin, de Shuohe Asset Management, advirtió que el plan introduce un problema para quienes siguen apostando a la baja justo cuando el precio roza costos de producción en Indonesia.
El contexto ayuda a entender la urgencia. El níquel fue el único metal con perspectiva de cierre anual en negativo, con una baja cercana a 3.7% en el año, mientras el estaño lideró ganancias con alrededor de 50% y el cobre avanzó cerca de un tercio. La fotografía muestra un mercado que premia escasez y castiga sobreoferta. También muestra que el níquel quedó rezagado pese a su narrativa de “metal para la transición”.
El contraste con el cobre es especialmente incómodo para los productores de níquel. El cobre rozó los 12,000 dólares por tonelada y marcó récord cerca de 11,952 dólares la semana pasada, impulsado por demanda robusta y disrupciones de oferta, además de compras e inventarios en Estados Unidos. El níquel, en cambio, lidia con inventarios que crecieron y con un mercado que aprendió a vivir con excedentes.
Ahí aparece otra pieza clave: el fenómeno de arbitrajes y posiciones cruzadas en metales base. Parte del rebote semanal se explicó por salida de inversionistas de operaciones de arbitraje en metales como cobre y aluminio, un flujo que puede mejorar precios en el margen cuando se desarman apuestas apalancadas. No cambia la tendencia por sí solo, pero sí acelera movimientos cuando llega una noticia que toca la oferta.
La pregunta que importa para 2026 es si Indonesia va más allá de una “señal” y concreta el recorte. El mismo plan que apunta a menos toneladas también abre la puerta a otra medida con efectos directos en caja: una revisión de la fórmula de precio de referencia del mineral, prevista para inicios de 2026. En esa revisión, el gobierno podría tratar subproductos como el cobalto como mercancías separadas sujetas a regalías, en lugar de considerarlos simples acompañantes del níquel.
Esa discusión parece técnica, pero toca un nervio político y fiscal. Si Indonesia cambia la fórmula, puede redistribuir valor dentro de la cadena, favorecer a ciertos actores y elevar la captación del Estado. También puede empujar a que los productores optimicen leyes de mineral, mezclas y rutas de procesamiento. En un mercado donde muchos proyectos ya operan al límite por precios bajos, una variación regulatoria puede funcionar como bisturí.
El mercado no carece de referencias sobre el tamaño del golpe posible. Macquarie ha advertido que recortes profundos en Indonesia podrían remover más de un tercio del suministro global, un escenario que reconfiguraría curvas de costos y expectativas de inversión. Esa lectura no nació ayer, pero cobra vigencia cuando los documentos oficiales empiezan a reflejar una intención de frenar la expansión.
Si el recorte se confirma, algunas casas ven una ventana de desempeño relativo. Bernard Dahdah, de Natixis, planteó que el níquel podría superar al resto del complejo de metales base si el ajuste ocurre, en un entorno donde otros metales ya tocaron máximos y podrían perder impulso. Esa tesis no promete un rally infinito; sugiere un cambio de jerarquías dentro de un grupo que hoy gira alrededor del cobre.
Hay otro efecto menos comentado, pero relevante para la minería fuera de Indonesia. Cuando el níquel indonesio domina la oferta y mantiene precios presionados, proyectos de sulfuro de mayor costo en Canadá, Australia u otras regiones batallan para financiarse. Un recorte indonesio, en cambio, puede elevar el precio de incentivo y mejorar el atractivo de proyectos que hoy se sienten “caros” frente al níquel laterítico procesado con energía competitiva. Un análisis del sector ha señalado que un recorte con impacto cercano a 35% de la oferta global podría mover proyectos de sulfuros hacia una mejor posición para asegurar contratos de largo plazo o financiamiento.
El gran matiz es que la demanda también cambió. China, que financió y construyó buena parte del boom del níquel en Indonesia durante la última década, ya no compra con la misma narrativa. La expansión arrancó con acero inoxidable y luego se reforzó con baterías para vehículos eléctricos, especialmente tras la prohibición indonesia de exportar mineral sin procesar en 2020. Sin embargo, fabricantes chinos de autos eléctricos aceleraron su preferencia por baterías LFP, más baratas y sin níquel, lo que debilitó el supuesto de consumo infinito.
El resultado se ve en bodegas. Los inventarios de níquel refinado en almacenes vinculados al LME se dispararon desde unas 54,000 toneladas métricas en enero de 2023 hasta cerca de 366,000 toneladas, alrededor de 10% del consumo global del año previo, de acuerdo con un análisis de Reuters. Ese inventario no desaparece con un comunicado. Puede tardar años en absorberse, y su existencia limita la velocidad de cualquier alza.
Reuters también recoge proyecciones que apuntan a que el mercado solo recuperaría déficit hacia 2030, con la Agencia Internacional de Energía viendo ese mismo punto de inflexión. Aquí aparece mi lectura: Indonesia parece intentar equilibrar dos objetivos que chocan. Quiere precios menos castigados para sostener empleo, recaudación y inversión. Al mismo tiempo, quiere mantener el papel central de su cadena industrial, que depende de volumen.
La tensión se agrava por la huella ambiental. Parte del procesamiento indonesio depende de energía a base de carbón, y los compradores occidentales suelen exigir métricas de emisiones más estrictas que las que aceptó la primera ola de demanda asiática. Si Indonesia ajusta oferta y, además, endurece regalías sobre subproductos, el mercado podría premiar material con mejor perfil ambiental, incluso si su costo nominal es mayor. Eso abre oportunidades para minería con electricidad más limpia y para proyectos con trazabilidad robusta.
¿Dónde entra México en esta película? México no lidera la producción global de níquel, pero sí forma parte de cadenas industriales que consumen acero inoxidable y que quieren anclar proveeduría para movilidad eléctrica en Norteamérica. Un níquel más caro o más volátil encarece componentes y vuelve más estratégico el aprovisionamiento. Para empresas que negocian contratos de suministro, el tema deja de ser “precio spot” y se convierte en “riesgo país” y “reglas del juego”. Indonesia, con un solo ajuste de cuotas, recuerda que la política minera también opera como política industrial.
Por eso, la señal indonesia tiene doble lectura. A corto plazo, mueve el precio y castiga a los bajistas. A mediano plazo, obliga a los consumidores a preguntarse si su estrategia dependía demasiado de material abundante y barato. Y obliga a los productores fuera de Indonesia a recalcular si vuelve a existir un precio que justifique nuevas minas, nuevas plantas y nueva exploración.
Nada de esto significa que el mercado ya cambió de ciclo. Significa que el actor dominante mostró intención de administrar el exceso. En commodities, esa intención vale, pero el mercado pide ejecución. Si el recorte queda en papel, el inventario manda. Si el recorte se concreta, el níquel recupera voz dentro del complejo de metales base.

