La firma de análisis BMI, parte de Fitch Solutions, proyecta que el año 2026 estará marcado por una competencia estratégica entre potencias globales para asegurar el suministro de minerales críticos. Esta dinámica, que ya muestra señales contundentes, modificará la estructura de precios, la política minera internacional y el patrón de inversiones a nivel global.
Según el más reciente informe de la consultora, la demanda de materiales estratégicos vinculados con la transición energética —como el litio, el cobre, el níquel y las tierras raras— se mantendrá firme en los próximos dos años. A pesar de un entorno macroeconómico volátil, especialmente en sectores como el inmobiliario en China, el apetito global por estos insumos clave no disminuirá. Por el contrario, será el factor determinante para reorganizar las prioridades del mercado.
BMI sostiene que el debilitamiento del sector inmobiliario chino limitará en cierta medida el desempeño de metales industriales tradicionales, pero la presión de la transformación energética global compensará esa caída. El enfoque de gobiernos e industrias se centrará en asegurar cadenas de suministro estables para tecnologías limpias, vehículos eléctricos y almacenamiento energético. Este giro estratégico consolidará el papel de los minerales críticos como activos geopolíticos y económicos de primer orden.
La tendencia apunta a una intervención creciente de los Estados. Estados Unidos y la Unión Europea continuarán con políticas activas para incentivar la producción interna y diversificar sus fuentes de abastecimiento fuera de China. A través de incentivos fiscales, subsidios y acuerdos comerciales bilaterales, ambos bloques buscarán reducir su dependencia de proveedores concentrados en Asia. Estas decisiones modificarán las rutas comerciales tradicionales y generarán una nueva geografía del suministro.
En respuesta, China no reducirá su influencia sin dar pelea. El país asiático mantendrá su liderazgo en refinación y manufactura, pero también fortalecerá su control sobre la exportación de ciertos materiales estratégicos. Las recientes restricciones a la venta de galio, germanio y tierras raras son parte de esa estrategia. Además, Beijing incrementará sus inversiones en países con altos niveles de reservas, particularmente en África y América Latina, mediante financiamiento, tecnología y acuerdos de infraestructura.
El escenario para 2026 también estará marcado por un mayor dinamismo en fusiones y adquisiciones dentro del sector. Las grandes compañías mineras buscarán asegurar activos en proyectos con potencial para la producción de minerales estratégicos, con énfasis en desarrollos de bajo riesgo geopolítico. La expansión de proyectos brownfield —aquellos ya existentes pero en proceso de ampliación— superará al desarrollo de minas greenfield, dada la presión por acortar los plazos de entrada en operación y reducir los costos regulatorios.
En ese contexto, países con recursos aún subexplotados, como muchos en América Latina, enfrentarán tanto oportunidades como desafíos. México, por ejemplo, podría posicionarse como un proveedor clave de litio, si logra avanzar en la certidumbre regulatoria y en una política industrial clara. Sin embargo, la falta de reglas transparentes y la incertidumbre en torno a la nacionalización del recurso limitan el interés de capital privado.
En otras regiones, especialmente en África, los gobiernos están endureciendo sus condiciones para permitir la inversión extranjera. Exigen mayor procesamiento local, transferencia de tecnología y beneficios tangibles para sus poblaciones. Esto refleja un giro hacia una nueva forma de nacionalismo de recursos, que busca mayor control soberano sin necesariamente cerrar la puerta a la inversión internacional. Esta postura, si bien genera fricciones, también obliga a las empresas a rediseñar sus estrategias de operación, con un enfoque más colaborativo.
El vínculo entre la industria minera y los sectores manufactureros avanzados será aún más estrecho en 2026. Empresas automotrices, tecnológicas y de defensa ya no se conforman con adquirir minerales procesados en el mercado abierto. La necesidad de contar con insumos estables y sostenibles ha llevado a muchos fabricantes a firmar acuerdos directamente con mineras o incluso invertir en proyectos de extracción. Este cambio representa un reordenamiento en la cadena de valor que beneficia a los países productores, si logran capitalizar su posición.
Más allá del precio o la oferta puntual, el aspecto que predominará en el análisis de los inversionistas será la resiliencia del suministro. Factores como estabilidad política, respeto a contratos, infraestructura logística y normativa ambiental serán igual o más relevantes que la calidad del recurso. Así, el atractivo de una jurisdicción no dependerá solo de sus reservas geológicas, sino de su capacidad institucional para garantizar un entorno confiable.
BMI advierte que 2026 no será un año de expansión desmedida. Las empresas mineras operarán con cautela. Los márgenes ajustados por inflación, la presión social y ambiental, y la volatilidad en los mercados financieros frenarán decisiones arriesgadas. La prioridad será posicionarse estratégicamente, no maximizar beneficios inmediatos. Esta visión a mediano plazo marcará el tono de la inversión minera global.
En términos de precios, se anticipa una recuperación moderada en comparación con 2023-2025, con mayor estabilidad en los valores de minerales clave. Esto se debe a que muchos de los proyectos nuevos aún no entrarán en operación plena, mientras que la demanda seguirá creciendo por la adopción tecnológica en sectores como movilidad eléctrica y energías renovables.
Para las economías en desarrollo, el momento es decisivo. Si los gobiernos logran diseñar políticas públicas que combinen seguridad jurídica, incentivos a la inversión y beneficios sociales, podrían insertarse con éxito en la nueva arquitectura de la minería crítica. De lo contrario, podrían quedar fuera del radar de los grandes actores del mercado global.
En definitiva, 2026 marcará un punto de inflexión. La competencia global por minerales críticos no solo determinará precios, sino que reconfigurará alianzas, impulsará transformaciones regulatorias y redefinirá el papel estratégico de la minería en el desarrollo económico global.

