China emitió por primera vez un conjunto de licencias generalizadas para la exportación de productos derivados de tierras raras, como parte de una estrategia para reactivar el flujo internacional de estos materiales críticos. La medida, confirmada el 2 de diciembre de 2025, marca un giro relevante en la política comercial del país asiático, tras meses de restricciones que afectaron el suministro global.
Tres empresas recibieron las nuevas licencias: JL Mag Rare-Earth Co., Ningbo Yunsheng Co. y Beijing Zhong Ke San Huan Hi-Tech Co., todas con sede en China continental. Las tres compañías son actores clave en la producción de imanes permanentes, esenciales para la fabricación de motores eléctricos, turbinas eólicas, sistemas de defensa y tecnologías de consumo masivo.
Las licencias generalizadas tienen una vigencia de un año y permiten realizar múltiples envíos sin necesidad de solicitar autorización para cada operación. Esto representa un cambio sustancial respecto al régimen anterior, que exigía aprobaciones individualizadas para cada embarque. El nuevo esquema, sin embargo, se limita a empresas seleccionadas, todas bajo estrecho control estatal.
Esta flexibilización se da en un contexto de acercamiento diplomático entre China y Estados Unidos, luego de la cumbre bilateral de alto nivel celebrada en octubre. Según fuentes cercanas al proceso, la emisión de licencias forma parte de los compromisos asumidos por Beijing para reducir la presión sobre las cadenas de suministro industriales, en particular en sectores sensibles como la electromovilidad y la defensa.
Durante buena parte de 2025, China mantuvo restricciones severas sobre la exportación de tierras raras y sus derivados, incluyendo controles sobre elementos como disprosio, terbio y neodimio. Estas medidas respondieron a preocupaciones estratégicas internas, pero provocaron reacciones en los mercados internacionales y presiones de organismos multilaterales.
Fabricantes en Europa, Estados Unidos y Japón habían advertido sobre la necesidad urgente de estabilizar el suministro, especialmente ante la creciente demanda derivada de la transición energética y el desarrollo tecnológico. Con la entrada en vigor de las licencias generalizadas, se espera que los flujos comerciales retomen cierta normalidad, aunque bajo supervisión estricta.
El Ministerio de Comercio chino no ha detallado públicamente los criterios de selección para estas licencias. No obstante, especialistas del sector afirman que las beneficiarias cumplen con estándares de trazabilidad, cumplimiento normativo y alineamiento con objetivos estratégicos del Estado. La posibilidad de ampliar el número de empresas autorizadas dependerá del desempeño inicial del esquema.
Desde una perspectiva técnica, las licencias generalizadas representan una herramienta administrativa más ágil que el modelo anterior. Permiten acelerar los procesos logísticos, reducir tiempos de espera en aduanas y brindar mayor certeza a los compradores internacionales. Al mismo tiempo, conservan los elementos de control que Beijing considera fundamentales para preservar su dominio en el sector.
China sigue siendo el principal proveedor mundial de tierras raras, con una participación superior al 60 % de la oferta global. Este liderazgo no se limita a la extracción, sino que se extiende a la refinación, separación y fabricación de componentes intermedios como imanes sinterizados. En consecuencia, cualquier ajuste en su política exportadora tiene efectos inmediatos sobre múltiples industrias.
El anuncio ha sido bien recibido en algunos sectores industriales. Representantes del sector automotriz europeo, por ejemplo, señalaron que las licencias ofrecen previsibilidad en un entorno de alta volatilidad. No obstante, también advierten que la medida es insuficiente si no se acompaña de una política clara de apertura o de reglas más estables para el comercio internacional.
En Norteamérica, la reacción fue moderada. Funcionarios del Departamento de Comercio de Estados Unidos reconocieron la emisión de licencias como un paso positivo, pero insistieron en la necesidad de acelerar la diversificación de fuentes. Canadá, Australia y Brasil han intensificado sus programas de exploración y desarrollo de tierras raras con el objetivo de reducir la dependencia de China.
Desde el ámbito académico, expertos en política comercial coinciden en que las licencias generalizadas son una concesión táctica, no estructural. Su implementación responde a la presión de mercados estratégicos y busca mostrar buena voluntad en un momento de tensión geopolítica. No implica, sin embargo, una liberalización del sector ni una renuncia al control estatal sobre los materiales críticos.
En paralelo, organismos como la Organización Mundial del Comercio han mantenido bajo observación las políticas de exportación chinas. Aunque las licencias actuales podrían mejorar la situación para algunos importadores, la ausencia de transparencia en su aplicación y la concentración del beneficio en unas pocas compañías generan preocupación sobre prácticas discriminatorias o anticompetitivas.
El impacto para países productores emergentes puede ser doble. Por un lado, la relajación del control chino podría reducir temporalmente la urgencia de diversificar el origen de las tierras raras. Por otro, subraya la importancia estratégica de estos materiales y refuerza la necesidad de establecer políticas industriales que permitan capturar parte del valor agregado de la cadena.
En América Latina, naciones como Brasil, Argentina y México podrían encontrar en este contexto una oportunidad para desarrollar capacidades técnicas e institucionales orientadas al aprovechamiento responsable de yacimientos de elementos estratégicos. Para ello será necesario articular iniciativas públicas y privadas que combinen sostenibilidad ambiental, seguridad jurídica y acceso a financiamiento.
A corto plazo, el sector minero global seguirá monitoreando las decisiones que adopte China en relación con sus exportaciones. La posibilidad de que el esquema de licencias generalizadas se amplíe o se mantenga dependerá no sólo de los resultados logísticos, sino también de los equilibrios políticos y comerciales que Beijing pretenda preservar.

