En un giro sin precedentes dentro de la diplomacia internacional, el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, propuso a su homólogo ruso, Vladimir Putin, un acuerdo que incluye acceso a minerales estratégicos como incentivo para alcanzar un alto al fuego en Ucrania.
La propuesta fue planteada esta semana durante la cumbre bilateral celebrada en Anchorage, Alaska, donde ambos mandatarios sostuvieron una reunión a puerta cerrada que se extendió por más de tres horas. Según reportes de medios como Al Jazeera, Reuters y AP, Trump habría ofrecido levantar sanciones selectivas contra el sector aeroespacial ruso y facilitar inversiones conjuntas en proyectos mineros estadounidenses, particularmente en Alaska, como parte de un paquete diplomático orientado a detener el conflicto en Europa del Este.
Además de los recursos estadounidenses, el acuerdo incluiría el reconocimiento de la presencia rusa en áreas de Ucrania oriental, donde se encuentran importantes yacimientos de litio y tierras raras, minerales esenciales para la tecnología limpia y la industria armamentista moderna.
Funcionarios del Departamento del Tesoro y asesores cercanos al presidente confirmaron que la estrategia busca “canalizar los intereses geoeconómicos de ambas naciones hacia una solución pacífica”, en palabras de Scott Bessent, actual secretario del Tesoro. Bessent ha liderado las negociaciones técnicas en coordinación con agencias de seguridad nacional y asesores en política energética.
Los términos concretos aún no han sido revelados oficialmente, pero fuentes cercanas a la Casa Blanca aseguraron que se está considerando la formación de consorcios mineros entre empresas estadounidenses y rusas para la exploración y explotación de minerales en zonas actualmente subutilizadas del norte de Estados Unidos. Asimismo, se incluiría un componente para integrar a Rusia en los circuitos internacionales de comercio de minerales críticos, actualmente dominados por China.
La iniciativa surge en un momento en que Ucrania, devastada por tres años de guerra, sigue siendo foco de atención internacional no sólo por razones humanitarias, sino también por sus reservas minerales. El país posee aproximadamente el 10 % del litio conocido a nivel global, y la mayor parte de estos depósitos se encuentra en regiones bajo control ruso.
En febrero de este año, la administración Trump rompió las negociaciones previas que había iniciado el gobierno de Joe Biden con Ucrania para establecer un fondo de reconstrucción financiado por explotación minera conjunta. Esa propuesta incluía compartir el 50 % de las ganancias de proyectos extractivos con el gobierno de Kiev, pero fue desechada por considerarse “ineficaz en el contexto actual”, según declaraciones del propio presidente.
Ahora, la nueva apuesta se centra en usar esos mismos recursos —pero con otra lógica: usarlos como moneda de negociación directa con Rusia.
Desde Bruselas, la respuesta ha sido cautelosa. Altos representantes de la Unión Europea han expresado su preocupación por lo que consideran una posible legitimación de la ocupación rusa a través de incentivos económicos. Al mismo tiempo, observadores internacionales advierten que esta política podría generar un precedente peligroso: permitir que una potencia agresora acceda a beneficios estratégicos a cambio de suspender su avance militar.
Dentro de Estados Unidos, la propuesta ha sido recibida con posiciones divididas. Algunos sectores republicanos aplauden la “visión pragmática” del presidente Trump, mientras que voces dentro del Partido Demócrata lo acusan de socavar los principios básicos del derecho internacional.
No obstante, el sector minero ve con buenos ojos la posibilidad de reactivar zonas inactivas en Alaska. Empresas como Graphite One y Ucore Rare Metals, con operaciones en el estado, ya han expresado su interés en participar en proyectos bilaterales si estos reciben la aprobación del Congreso.
En el plano geopolítico, expertos advierten que el acuerdo podría alterar profundamente el equilibrio mundial en la cadena de suministros de minerales críticos. Actualmente, China controla más del 60 % del procesamiento global de tierras raras. Un eventual acceso ruso-estadounidense a nuevas fuentes de litio, cobalto o grafito podría debilitar esa hegemonía.
Por su parte, Rusia ha mantenido silencio oficial respecto a la propuesta. No obstante, medios estatales rusos han comenzado a publicar editoriales favorables a la “diplomacia minera” como alternativa a la guerra prolongada. Algunos incluso aseguran que esta estrategia podría ser el primer paso hacia un acuerdo integral de seguridad regional.
Desde una perspectiva energética y económica, lo que está sobre la mesa es más que un acuerdo de paz. Se trata de una redefinición del rol que juegan los recursos naturales —y en particular los minerales estratégicos— como herramientas de política exterior. Lo que antes se resolvía con diplomacia o fuerza militar, ahora se negocia con litio, tierras raras y concesiones mineras.
El tiempo dirá si este enfoque logra poner fin a uno de los conflictos más sangrientos del siglo XXI, o si simplemente abre la puerta a una nueva era de acuerdos donde el subsuelo reemplaza al derecho como base de las relaciones internacionales.

