Durante una visita oficial a la República Democrática del Congo (RDC), el ministro de Asuntos Exteriores de Bélgica, Maxime Prévot, expresó el interés de su país en ampliar su participación en el sector minero congoleño. Este movimiento forma parte del esfuerzo de Kinshasa por diversificar sus socios internacionales y atraer nuevas inversiones que impulsen el desarrollo de sus vastos y ricos yacimientos minerales.
La RDC posee algunas de las mayores reservas de minerales estratégicos del planeta, incluyendo cobre, cobalto, litio y uranio. Estos materiales son esenciales para la transición energética mundial, especialmente en la fabricación de baterías, energías renovables y vehículos eléctricos. Sin embargo, décadas de inestabilidad han frenado las inversiones necesarias para aprovechar su verdadero potencial.
Una relación histórica y con proyección
Bélgica no es ajena al sector minero congoleño. Empresas como Umicore y John Cockerill han estado activas en el procesamiento y comercio de minerales como el cobalto y los diamantes. En 2023, Umicore firmó un acuerdo con la minera estatal Gecamines para exportar concentrados de germanio a Europa, lo que evidencia el interés continuo y creciente de Bruselas por reforzar su cadena de suministro de materiales críticos.
“Contamos con experiencia de talla mundial en el tratamiento de materiales críticos”, señaló Prévot, subrayando el papel que pueden jugar firmas belgas en el procesamiento local de estos recursos. Esto podría significar una alternativa más equilibrada frente a la actual hegemonía de China en el sector, que ha sido criticada por enfoques extractivos y poco sostenibles.
Una inversión que puede beneficiar a ambas partes
El enfoque de Bélgica, según su canciller, es más cooperativo que transaccional. Prévot resaltó que el modelo belga busca un desarrollo equitativo con beneficios tangibles para ambas naciones. Esta postura cobra especial relevancia considerando los crecientes cuestionamientos éticos sobre cómo operan algunas potencias extranjeras en África, con poco respeto a los derechos humanos o al desarrollo local.
Además de los intereses económicos, la visita de Prévot a zonas como Beni, afectadas por conflictos armados, indica una intención política más amplia de apoyar la estabilidad y los derechos humanos en el país africano. Esto podría ser bien recibido por un gobierno congoleño que necesita socios que impulsen desarrollo y no solo extracción.
Bélgica frente al dominio chino y la expansión estadounidense
El Congo también ha iniciado conversaciones con Estados Unidos, a raíz de una propuesta para intercambiar recursos minerales por seguridad. Esto se suma a la presencia dominante de China, cuyo modelo de inversión ha sido criticado por priorizar intereses económicos sobre desarrollo sustentable.
En este contexto, Bélgica podría posicionarse como un socio alternativo, con una oferta de valor basada en tecnología, sostenibilidad y beneficios compartidos. Su experiencia en tecnologías limpias y reciclaje de minerales añade un valor diferencial importante.
Minería como motor del desarrollo
La minería, cuando se realiza con responsabilidad, puede ser un motor de transformación económica y social. El caso del Congo es paradigmático: el país necesita transformar sus recursos naturales en infraestructura, educación y empleo. Empresas con experiencia, tecnología limpia y un enfoque inclusivo, como algunas belgas, pueden marcar una diferencia.
También es clave que las inversiones extranjeras fortalezcan la capacidad industrial congoleña. El procesamiento local de minerales, en lugar de su simple exportación, puede generar cadenas de valor, empleo calificado y transferencia tecnológica.
La apertura de Bélgica a una mayor inversión en el sector minero del Congo puede representar una oportunidad histórica para ambas naciones. Si se priorizan modelos de desarrollo compartido, respeto a los derechos humanos y sostenibilidad, esta alianza podría convertirse en un referente de cooperación minera moderna.

