México ha tomado una decisión estratégica para modificar su estructura tarifaria sobre las importaciones que afectan directamente a la industria de los fertilizantes y los metales, con implicaciones significativas para la producción nacional y la cadena de suministro de industrias clave. A partir de este viernes, un nuevo decreto emitido por la Secretaría de Economía impondrá un arancel del 35% a las importaciones de sulfato de amonio, un componente esencial para la fabricación de fertilizantes.
Este cambio tarifario busca revitalizar una industria nacional que, entre 2019 y 2023, vio cómo su participación en el consumo aparente nacional de sulfato de amonio se redujo drásticamente, pasando de un 22% a un alarmante 51%. Esta situación no solo ha mermado la competitividad de los productores locales, sino que ha dejado una considerable capacidad instalada sin utilizar, a pesar de que la infraestructura y los recursos para satisfacer la demanda interna están plenamente disponibles.
Paralelamente, en una medida que parece contradecir el impulso proteccionista en el sector de fertilizantes, la Secretaría excluyó al aluminio sin alear y las aleaciones de aluminio de un decreto anterior. Esta decisión se tomó bajo la justificación de que México carece de producción nacional de aluminio primario y que la oferta de este metal en los países con los que México tiene tratados comerciales no es suficiente para cubrir las necesidades de industrias críticas como la automotriz, de autopartes y electrónica. Eliminar estos aranceles es esencial para mantener la integridad de la cadena de suministro y evitar interrupciones que podrían afectar gravemente a estas industrias.
Este conjunto de medidas tarifarias se inserta en un contexto más amplio donde México ha impuesto aranceles temporales de entre 5 y 50% a la importación de 544 clasificaciones de productos para captar las ventajas del nearshoring y combatir prácticas desleales de comercio. Estos ajustes arancelarios no solo reconfiguran el panorama económico interno, sino que también envían una señal clara sobre la dirección de la política comercial de México en un momento crítico de reconfiguración de las cadenas globales de valor.

