Viridis Mining and Minerals mueve sus fichas en un mercado que ya no se guía solo por oferta y demanda. La empresa australiana negocia acuerdos de compra de tierras raras con clientes en Estados Unidos y Europa, con un objetivo claro: asegurar ingresos y reducir el impacto de la volatilidad que suele marcar el sector. Ese giro ocurre mientras China endurece su postura en materiales críticos y recuerda, una vez más, que domina el eslabón más sensible de la cadena: el procesamiento y la manufactura de imanes permanentes.
El proyecto Colossus, en el estado brasileño de Minas Gerais, se convirtió en el centro de esas conversaciones. Viridis lo plantea como una fuente occidental de tierras raras magnéticas, es decir, las que terminan en motores eléctricos, turbinas eólicas, electrónica avanzada y sistemas de defensa. La empresa trabaja con la idea de firmar contratos que incluyan un precio piso para parte de su producción. Con esa fórmula, busca darle certidumbre a bancos y compradores, y evitar que un ciclo de precios deprimidos frene la inversión.
El apetito por estos acuerdos no nace de la nada. China conserva una posición dominante en el refinado y, sobre todo, en la cadena de imanes de tierras raras. Cuando Beijing ajusta controles o licencias, el impacto llega rápido a fabricantes de autos, electrónica y defensa. El riesgo ya no se mide solo en costos; también se mide en paros de líneas, retrasos logísticos y vulnerabilidad política.
Durante 2025, China anunció y amplió restricciones de exportación sobre varias tierras raras y productos relacionados, además de controles vinculados a tecnologías y componentes. Organismos y analistas han advertido que la concentración de suministro convierte estas medidas en un factor sistémico para la industria global. Por eso, gobiernos y empresas buscan más producción fuera de China, aunque ese camino implique CAPEX alto, permisos complejos y años de desarrollo.
En ese contexto, Brasil aparece cada vez más en la conversación. No solo por geología, también por el momento político y regulatorio. Minas Gerais, con tradición minera y experiencia industrial, empieza a perfilarse como un polo para proyectos de tierras raras. BNamericas reportó que Viridis estima iniciar producción alrededor de 2028, un calendario que encaja con la urgencia occidental, pero también con la realidad de permisos, financiamiento y construcción.
Viridis busca diferenciar a Colossus por su tipo de mineralización. La compañía trabaja con arcillas de adsorción iónica, un estilo geológico que suele permitir procesos menos intensivos que los depósitos duros tradicionales, si la metalurgia acompaña. En presentaciones corporativas y reportes técnicos, Viridis destacó avances metalúrgicos y recuperaciones relevantes para neodimio y praseodimio, claves para imanes.
La empresa también presume un perfil de radiación relativamente bajo, un punto que pesa en permisos y aceptación social. En tierras raras, la conversación pública suele tensarse por el manejo de subproductos y la disposición de residuos. Por eso, cualquier proyecto que logre demostrar controles sólidos y trazabilidad gana puntos frente a clientes que ya enfrentan auditorías ambientales estrictas, sobre todo en Europa.
El avance regulatorio reciente refuerza la narrativa de “proyecto financiable”. Minas Gerais otorgó la Licencia Previa para Colossus en diciembre de 2025, según documentos de la empresa y reportes de mercado. Esa autorización no equivale a luz verde total, pero confirma viabilidad ambiental y abre la puerta a la siguiente etapa de instalación. Para los prestamistas, ese hito reduce un riesgo que suele ser decisivo.
El financiamiento, sin embargo, no se resuelve solo con permisos. Viridis ha buscado respaldo de agencias de crédito a la exportación, una herramienta que se volvió común en minerales críticos. En enero de 2026, la empresa comunicó una carta de apoyo de Export Finance Australia por hasta 50 millones de dólares estadounidenses, ligada a un paquete de deuda para el proyecto. Ese tipo de soporte suele ayudar a destrabar costos de capital y a darle estructura a contratos de suministro.
Aquí entra el punto más político del debate: el precio. Occidente quiere cadenas de suministro resilientes, pero el mercado castiga a quien produce más caro sin protección. Un precio piso en contratos de offtake funciona como cinturón de seguridad. Si el mercado cae por sobreoferta o por estrategias comerciales agresivas, el proyecto mantiene un flujo mínimo. BNamericas recogió la idea con claridad: sin ese tipo de cláusulas, los bancos se resisten a financiar.
El caso no es aislado. En Brasil, Serra Verde también ha ajustado su estrategia comercial para reducir dependencia de acuerdos vinculados a China, de acuerdo con Reuters. El interés de compradores en Estados Unidos y Europa crece, y no solo por “diversificar”. Las industrias que compiten en vehículos eléctricos, defensa y electrónica ya tratan estos insumos como estratégicos, aunque el público general apenas los mencione.
Para América Latina, este momento abre una ventana que conviene leer con frialdad. La región puede capturar inversión, empleo y transferencia tecnológica, pero también enfrenta el reto de no quedarse en extracción. En tierras raras, el valor real se concentra en separación, refinado y manufactura de imanes. Si Brasil logra empujar esa cadena, arrastra servicios, infraestructura y capacidades industriales. Si no, el riesgo es repetir la historia de vender concentrados y comprar productos terminados.
México observa este tablero desde una posición distinta, pero no ajena. La industria automotriz instalada en el país depende cada vez más de imanes para motores y sistemas auxiliares. Una disrupción en tierras raras no suena abstracta cuando se traduce en retrasos de producción o encarecimiento de componentes. Por eso, el avance de proyectos en Brasil importa más de lo que parece desde fuera del sector minero.
También vale poner sobre la mesa un matiz incómodo: más minería no siempre significa más seguridad de suministro. La cadena de tierras raras necesita escala, ingeniería química y tiempo. En el corto plazo, los controles chinos y la concentración industrial siguen pesando. En el mediano plazo, proyectos como Colossus pueden aportar alternativas, sobre todo si cierran contratos que permitan financiar plantas y sostener operación durante ciclos de precios bajos.
Viridis intenta ubicarse justo en esa intersección entre geología, financiamiento y geopolítica. Si concreta acuerdos con clientes occidentales con un marco de precio piso, colocará una señal potente para el sector. No se trataría solo de vender toneladas; se trataría de vender estabilidad, cumplimiento y un suministro menos expuesto a shocks políticos. En 2026, esa promesa ya vale casi tanto como el mineral.

