Vale decidió ponerle una cifra contundente a su ambición en cobre. La empresa, a través de su unidad de metales base, busca convertirse en productor de 1 millón de toneladas al año. El objetivo rebasa su propia meta previa para 2035. La señal importa porque el cobre ya no compite solo por precio. Compite por urgencia industrial.
El mensaje llegó desde Riad, durante una reunión de la industria. Ahí, el director ejecutivo de Vale Base Metals, Shaun Usmar, sostuvo que la compañía puede “desbloquear” activos que llevan décadas en conversación. Bloomberg reportó que la unidad quiere llegar eventualmente a 1 millón de toneladas al año con desarrollo de activos existentes.
Ese “eventualmente” no equivale a una promesa de corto plazo. Vale ya trazó un escalón intermedio: duplicar aproximadamente su producción anual de cobre a 700 mil toneladas para 2035. Ese nivel, de entrada, colocaría a la empresa en otra liga. Fastmarkets recogió ese plan y lo ligó a una estrategia de crecimiento sin depender de adquisiciones.
Los números actuales explican por qué el anuncio pesa. Vale produjo 348.2 mil toneladas de cobre en 2024, contra 326.6 mil en 2023. La guía de 2025 se ubica entre 340 mil y 370 mil toneladas. Con ese punto de partida, llegar a 700 mil implica duplicar capacidad y consistencia operativa. Llegar a 1 millón exige, además, un portafolio que aguante precios, permisos, logística y ciclos políticos.
Vale también presume avances operativos que sostienen el argumento. En su reporte de producción, la empresa subrayó que el complejo Salobo alcanzó un récord anual en 2024. Salobo empujó el crecimiento de fin de año con mejor desempeño en sus plantas y con la conclusión del ramp-up de Salobo 3. En paralelo, Sossego bajó por una menor ley alimentada al molino, conforme al plan, según el mismo reporte.
La lectura estratégica resulta clara. Vale quiere competir en cobre con una receta que hoy seduce a varios directorios: crecer desde casa. La ola de fusiones y adquisiciones en minería se encareció. Además, el mercado castiga integraciones fallidas. En ese contexto, el enfoque orgánico también funciona como mensaje a inversionistas: “conocemos el activo, controlamos la curva de aprendizaje”.
El tamaño de la ambición queda más nítido cuando se compara con el “club del millón”. Bloomberg señaló que en 2024 solo Freeport-McMoRan, BHP, Codelco y Zijin superaron 1 millón de toneladas de producción de cobre. Entrar a ese grupo no depende solo de tener mineral. Depende de ejecutar expansión, mantener continuidad y financiar capex con disciplina.
El momento del anuncio no llega por casualidad. El cobre vive una presión estructural desde la demanda. Redes eléctricas, electrificación industrial, vehículos eléctricos y centros de datos empujan consumo. Reuters ha documentado cómo la expansión y modernización de redes eléctricas eleva el apetito por cobre y presiona un balance global ya estrecho. En esa dinámica, cada productor relevante busca asegurar crecimiento, o al menos evitar declive por leyes más bajas.
La Agencia Internacional de Energía también ilustra esa trayectoria. En su análisis sobre cobre, la IEA proyectó que la demanda total sube de 26,717 kt en 2024 a 31,348 kt en 2030, con crecimiento notable del componente “cleantech”. Ese dato no dicta el precio, pero sí explica el apetito corporativo por recursos y por proyectos con cronograma realista.
Vale intenta sostener su relato con una segunda palanca: Canadá. La compañía firmó un acuerdo con Glencore Canada para evaluar un proyecto “brownfield” en propiedades adyacentes en la cuenca de Sudbury. Vale explicó que el esquema usaría el tiro y la infraestructura existentes en Nickel Rim South. La empresa estimó una producción de 880 mil toneladas de cobre en 21 años, con un costo de capital de 1.6 a 2.0 mil millones de dólares. Vale añadió que el entorno polimetálico permitiría recuperar níquel, cobalto, oro y metales del grupo del platino.
Ese proyecto todavía vive en fase de evaluación, pero ya trae calendario. Vale prevé ingeniería, permisos y consulta durante 2026. La empresa espera una decisión final de inversión en la primera mitad de 2027. Para el mercado, ese detalle cuenta. Un “brownfield” suele recortar riesgo frente a un desarrollo totalmente nuevo, aunque no lo elimina.
Brasil sigue como la apuesta principal. Y ahí aparece el componente más delicado: territorio y licenciamiento. En Carajás, Pará, Vale opera activos de gran escala y alta productividad, pero también enfrenta sensibilidad ambiental y comunitaria. Mongabay ha señalado que el empuje por el cobre en esa región convive con preocupaciones por cercanía a áreas protegidas y presiones sobre el entorno amazónico. Esa tensión no invalida los proyectos, pero sí puede cambiar ritmos, costos y narrativa pública.
Aquí vale ponerlo en términos directos. Si Vale quiere multiplicar cobre, necesita algo más que geología. Necesita permisos a tiempo, relaciones comunitarias sólidas y una gestión ambiental que resista escrutinio. En América Latina, el ejemplo sobra: cuando la licencia social se fractura, el costo financiero aparece de inmediato. Eso lo entiende cualquier ejecutivo que haya visto retrasos por judicialización, cambios regulatorios o bloqueos logísticos.
También conviene mirar el impacto regional. Un Vale más grande en cobre redistribuye relevancia en el mapa latinoamericano. Chile mantiene liderazgo, Perú se sostiene como potencia, y México juega su propia partida con producción y fundición. Para México, el tema no se reduce a competencia entre mineras. Se relaciona con cadenas de suministro norteamericanas y con la conversación industrial que impulsa más manufactura eléctrica. Un aumento de oferta desde Brasil y Canadá podría influir en flujos de concentrado, contratos de tratamiento y decisiones de refinación.
En mi lectura, el rasgo más interesante del anuncio no es la cifra final. Es la elección del camino. Vale quiere crecer sin comprar a cualquier precio. Esa disciplina, si se mantiene, puede darle resiliencia en un mercado volátil. El reto real vendrá cuando el ciclo de precios deje de acompañar. Ahí, la eficiencia operativa y la calidad del portafolio separan a los aspirantes de los que llegan.
Por ahora, Vale ya puso sobre la mesa datos que soportan su argumento. Produjo 348.2 mil toneladas en 2024 y fijó una guía de 340 a 370 mil para 2025. Señaló un récord anual en Salobo y un ramp-up completado en Salobo 3. Además, abrió una vía en Sudbury con cifras de capex, volumen, coproductos y fechas clave.
El mercado del cobre seguirá mirando lo de siempre: proyectos, permisos, costos y continuidad. Vale quiere que también mire otra cosa: su capacidad de “desbloquear” activos propios y convertir ambición en toneladas. Bloomberg lo sintetizó con una frase que hoy pesa más que nunca en minería: la unidad de metales base quiere producir 1 millón de toneladas de cobre al año.

