La plata retrocedió desde niveles récord este jueves, en una corrección que reflejó toma de utilidades y un cambio inmediato en el ánimo del mercado. El ajuste llegó después de que el gobierno de Estados Unidos optó por no imponer, por ahora, nuevos gravámenes generalizados a importaciones de minerales críticos. Ese freno alivió el escenario más agresivo que muchos operadores habían descontado y que, durante meses, empujó a la industria a mover metal hacia bodegas estadounidenses.
El precio al contado cayó hasta 7% en la mañana y luego recuperó parte del terreno, para estabilizarse cerca de 90 dólares por onza. Un día antes, la plata había tocado un máximo histórico de 93.75 dólares por onza, según el reporte de Bloomberg.
El detonante inmediato fue político y comercial. El presidente Donald Trump evitó imponer aranceles amplios sobre minerales críticos, entre ellos la plata, y dijo que buscaría negociaciones bilaterales. También planteó la idea de pisos de precio, una señal que el mercado leyó como un enfoque más selectivo y menos automático.
Esa decisión cerró, al menos temporalmente, la posibilidad de un shock arancelario que alterara el flujo global de barras y concentrados. En las últimas semanas, la narrativa de “metal atrapado” en Estados Unidos se había fortalecido. Las empresas y traders reaccionaron a la expectativa de tarifas con una conducta defensiva: mover inventario a jurisdicción estadounidense para asegurar disponibilidad y reducir riesgos de entrega.
El dato que alimenta esa lectura aparece en los inventarios ligados al Comex, el mercado de futuros en Nueva York. Alrededor de 434 millones de onzas de plata se encuentran en almacenes vinculados a ese mercado, cerca de 100 millones más que hace un año. Esa acumulación coincide con el periodo de mayores temores por disrupciones asociadas a la política comercial.
El problema es que un inventario alto no siempre significa metal disponible y móvil. La analista Rhona O’Connell, de StoneX, advirtió que puede existir “esclerosis” en la salida de plata desde Estados Unidos. En otras palabras, el metal puede quedar inmovilizado por contratos, costos o aversión al riesgo, incluso si el volumen total luce abultado.
Este episodio deja dos lecturas simultáneas que conviven en tensión. Por un lado, la pausa arancelaria reduce el pánico y permite que el mercado respire. Por el otro, la plata ya entró al radar de seguridad económica de Washington y eso no se borra con un comunicado. En noviembre de 2025, el Departamento del Interior difundió la lista final 2025 de minerales críticos y añadió a la plata entre los nuevos materiales considerados estratégicos.
Para México, el giro resulta más que un titular financiero. México lidera la producción minera mundial de plata, con 6,300 toneladas estimadas en 2024, de acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos. Ese volumen coloca al país en el centro de cualquier conversación sobre cadenas de suministro, importaciones y seguridad industrial en Norteamérica.
Hay otro dato que conecta directamente con el comercio bilateral. Estados Unidos importa una parte relevante de su plata y México figura como su principal origen. En el periodo 2020–2023, México aportó 44% de las importaciones estadounidenses de plata, según el mismo resumen del USGS. Ese número ayuda a dimensionar por qué el mercado mira cada señal de Washington con lupa.
En el corto plazo, una pausa arancelaria evita un golpe de demanda “precautoria” que distorsione flujos. En el mediano plazo, la inclusión de la plata como mineral crítico mantiene un riesgo latente: medidas futuras podrían reaparecer bajo argumentos de seguridad nacional o de resiliencia industrial. Esa sola posibilidad eleva primas, encarece coberturas y vuelve más nerviosas las decisiones logísticas.
La volatilidad reciente también explica la magnitud del retroceso. Con liquidez delgada y compras aceleradas, el mercado se vuelve sensible a cualquier cambio en el equilibrio de posiciones. Movimientos rápidos activan ventas forzadas, ajustes de margen y cierres de cortos. Ese mecanismo puede amplificar caídas y repuntes, sin que cambie de fondo el consumo industrial en cuestión de horas.
La plata no opera como el oro, aunque a veces se mueva en paralelo. El oro suele absorber flujos de refugio de forma más directa. En esta ocasión, el oro permaneció cerca de su propio máximo, mientras la plata mostró un comportamiento más nervioso. Esa divergencia coincide con la naturaleza híbrida de la plata, mitad metal monetario y mitad insumo industrial.
En la demanda industrial está una de las razones de fondo que sostienen el tono alcista de los últimos años. El USGS estima que, en Estados Unidos, la plata se dirige a usos como eléctricos y electrónicos y también a fotovoltaicos, además de inversión física. Esa canasta hace que el metal reaccione tanto a tasas y dólar, como a ciclos de manufactura y a la instalación de capacidad solar.
La industria solar, en particular, se mantiene como un argumento de soporte estructural. MINING.COM destacó que el sector fotovoltaico empuja consumo y que, además, una ola especulativa en China sumó combustible en semanas recientes. El resultado fue un avance muy rápido, que elevó la probabilidad de correcciones técnicas como la de hoy.
También pesa la narrativa de déficits. El World Silver Survey 2025 reportó que 2024 registró el cuarto déficit consecutivo, con una brecha cercana a 148.9 millones de onzas. Con déficits repetidos, el mercado se vuelve más dependiente de inventarios y reciclamiento, y cualquier fricción logística se siente más.
En mi lectura, la historia de hoy no trata de “se acabó el riesgo” ni de “se rompió el rally”. Trata de un mercado que ya corrió demasiado rápido y que necesitaba una excusa para respirar. La pausa de aranceles funcionó como esa excusa. Cambió el escenario extremo, pero no eliminó el debate sobre minerales críticos, ni la competencia por asegurar suministro.
Para productores, incluidos los que operan en México, el mensaje es ambivalente. Menos tensión arancelaria reduce el riesgo inmediato de dislocaciones y puede estabilizar contratos de venta. Al mismo tiempo, el estatus de “crítico” tiende a atraer políticas industriales, financiamiento y compras estratégicas en Estados Unidos. Eso puede impulsar proyectos y refinación, pero también puede traer reglas nuevas, trazabilidad más estricta y presión política sobre las importaciones.
En el frente corporativo, la señal más útil no es el precio puntual de hoy, sino el rango de oscilación que el mercado ya aceptó. Con máximos sobre 93 dólares y retrocesos intradía cercanos a 7%, la gestión de riesgos se vuelve central. Los consumidores industriales mirarán coberturas con más disciplina. Los traders vigilarán inventarios y spreads. Los mineros seguirán de cerca la ventana de precios para asegurar flujos, sin asumir que la calma durará.
La última palabra la tendrá la política comercial estadounidense, porque el propio gobierno dejó abierta la puerta a medidas futuras. Si Washington retoma el tema con enfoque “quirúrgico”, el mercado tendrá que releer, metal por metal, qué queda dentro y qué queda fuera. Hoy la plata se llevó el golpe de la sorpresa. Mañana puede volver a liderar si el debate sobre seguridad de suministro escala otra vez.

