Los ministros de Finanzas del Grupo de los Siete (G7) se reunirán el próximo 12 de enero en Washington para abordar uno de los temas más sensibles en materia de seguridad económica global: el suministro de tierras raras y otros minerales críticos. De acuerdo con tres fuentes cercanas a las negociaciones, durante el encuentro se discutirá la posibilidad de establecer precios mínimos para estos materiales, una medida destinada a fortalecer la viabilidad de nuevos proyectos fuera de China.
La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia que el G7 adoptó en junio de 2023, cuando los países miembros acordaron implementar un plan de acción para asegurar sus cadenas de suministro de minerales esenciales. Este plan responde a la creciente preocupación por la dependencia casi total que mantienen países como Alemania, Canadá, Italia o Estados Unidos respecto a China en rubros clave como los imanes permanentes de tierras raras y los metales para baterías.
Hasta ahora, Japón ha sido la única excepción entre los miembros del G7, ya que ha logrado diversificar en mayor medida sus fuentes de abastecimiento. Sin embargo, el resto de los países continúa expuesto a posibles interrupciones comerciales o decisiones unilaterales por parte del gobierno chino. En este contexto, la discusión sobre precios mínimos cobra relevancia como mecanismo para fomentar la producción y el procesamiento de estos materiales en naciones aliadas, donde los costos suelen ser más elevados.
La adopción de un precio mínimo pretende reducir la incertidumbre para los inversionistas y garantizar márgenes que hagan rentables los proyectos fuera del dominio asiático. Estados Unidos fue el primero en establecer este tipo de mecanismo en un contrato para el suministro nacional de tierras raras, firmado el año pasado. Esta acción generó un precedente que podría replicarse o expandirse a nivel multilateral si existe consenso entre los miembros del G7.
La reunión de ministros tendrá lugar en el marco de otros encuentros económicos en la capital estadounidense, aunque hasta ahora no se ha confirmado una agenda pública. Un portavoz del Departamento del Tesoro de Estados Unidos declinó comentar sobre el encuentro, lo que refuerza la naturaleza estratégica de las conversaciones. No obstante, la inclusión del tema en la agenda del G7 demuestra que la política de minerales críticos ha escalado a niveles ministeriales y forma parte de las prioridades económicas del bloque.
La posición dominante de China en la cadena de suministro global de tierras raras es una preocupación persistente. Según datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), más del 70 % del procesamiento global de tierras raras se realiza en territorio chino. A esto se suma que el país asiático concentra también buena parte de la extracción primaria, especialmente de elementos como neodimio, praseodimio y disprosio, esenciales para tecnologías de energía renovable, vehículos eléctricos y sistemas de defensa.
Diversificar las fuentes de estos minerales no es una tarea inmediata. Además de establecer precios mínimos, los países del G7 consideran incentivos fiscales, apoyo a la investigación y desarrollo, y financiamiento a proyectos en etapas tempranas como parte de una solución integral. Sin embargo, estos mecanismos requieren tiempo, coordinación política y voluntad de asumir los costos asociados con una producción más sostenible y conforme con estándares laborales y ambientales más exigentes.
La dimensión geopolítica del tema es ineludible. La competencia estratégica con China se ha intensificado en los últimos años, no solo en el ámbito tecnológico, sino también en el acceso a recursos naturales esenciales. El G7 busca establecer una posición común para evitar vulnerabilidades que puedan comprometer su autonomía industrial y energética. En este escenario, asegurar un suministro confiable y predecible de minerales críticos se ha convertido en una cuestión de seguridad nacional.
Aunque el G7 concentra una parte significativa del PIB mundial, su capacidad de influencia sobre el mercado de minerales críticos depende de su coordinación interna y de su capacidad para asociarse con países productores fuera de su núcleo. América Latina, África y algunas regiones del sudeste asiático ofrecen potencial geológico, pero también presentan desafíos en términos de gobernanza, estabilidad política e infraestructura.
En América Latina, México se perfila como un actor con potencial aún no explotado en esta materia. Si bien el país no forma parte del G7, su cercanía geográfica con Estados Unidos y su marco de libre comercio podrían posicionarlo como socio estratégico en la diversificación del suministro de minerales críticos. Proyectos exploratorios en estados como Sonora o Chihuahua podrían beneficiarse de iniciativas multilaterales que buscan reducir la dependencia de insumos minerales controlados por una sola potencia.
La reunión de Washington no busca reemplazar el papel de los organismos multilaterales, pero sí enviar una señal clara sobre la voluntad política de los países más industrializados para redefinir las reglas del juego en un mercado clave para el siglo XXI. En este sentido, el establecimiento de precios mínimos o de mecanismos de compensación para inversiones en minería de minerales críticos se interpreta como una herramienta de política económica que busca responder a un entorno global más fragmentado y competitivo.

