Caracas y los mercados del oro amanecieron con un nuevo factor de riesgo. Reuters y otros medios reportaron la captura de Nicolás Maduro en una operación de Estados Unidos este 3 de enero de 2026. Esa noticia, más allá del hecho político, mueve una variable minera concreta: la estabilidad de la cadena de custodia del oro que sale del sur venezolano.
El mercado del oro no castiga únicamente la extracción. El mercado castiga la falta de papeles, la opacidad en el transporte, la mezcla de producción formal con flujos irregulares y la incertidumbre sobre quién garantiza seguridad en ruta. En Venezuela, esos eslabones concentran el riesgo. El Departamento de Estado de EE. UU. incluso ha documentado la extracción y venta patrocinada por el Estado y sus redes asociadas, con énfasis en economías ilícitas y uso de insumos peligrosos.
El Arco Minero: escala grande, trazabilidad frágil
En 2016, el Ejecutivo venezolano decretó la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco. El propio marco de referencia ubica el polígono al sur del Orinoco y lo dimensiona en 111,843.70 km². Esa escala importa porque amplifica los desafíos de control, fiscalización y logística en territorio.
Con el evento de hoy, el problema central no cambia de nombre: el oro requiere trazabilidad creíble. La diferencia radica en el “timing”. Cuando el poder formal pierde coordinación, el comercio busca atajos. En minería aurífera, los atajos casi siempre degradan el rastro documental.
Sanciones y cumplimiento: el primer freno suele venir desde fuera
Los compradores internacionales no esperan un censo en minas. Ellos esperan señales de cumplimiento. En 2019, el Departamento del Tesoro de EE. UU. sancionó a Minerven y a su presidente de entonces, y justificó la medida por el rol de la empresa en el sostenimiento del aparato estatal. Ese precedente dejó una lección para la industria: cualquier ruido institucional incrementa la cautela de traders, refinerías y entidades financieras.
En escenarios de mayor riesgo, el mercado responde con tres ajustes típicos: eleva exigencias de debida diligencia, descuenta el metal por riesgo reputacional y endurece filtros de origen. Esos ajustes suelen ralentizar salidas “formales” y empujar más volumen hacia rutas grises. Ahí nace la paradoja: la presión por transparencia puede convivir con un aumento de opacidad, si el control territorial y la supervisión pública se deterioran.
Territorio, seguridad y ambiente: el costo oculto del oro
La minería aurífera del sur venezolano carga un componente humano y ambiental que ya pesa en la conversación global. Crisis Group ha descrito dinámicas de violencia y economías ilícitas ligadas al oro en el sur del país. Crisis Group La CIDH, a través de su Relatoría REDESCA, también ha advertido sobre los impactos devastadores de la minería ilegal, con énfasis en afectaciones a comunidades y ecosistemas. OAS
Ese contexto importa para la cadena del oro porque el mercado formal cada vez tolera menos señales de mercurio, trabajo forzado o control de actores armados. Un episodio de inestabilidad institucional no crea esos problemas, pero sí puede intensificarlos o volverlos más visibles.
Opinión del editor
Estimado lector, no omito mencionar que , no leo esta noticia como un giro “de precios” inmediato. La leo como un golpe directo al eslabón más sensible: la trazabilidad. El oro venezolano ya viaja con fricción y sospecha en varios tramos; el evento de hoy añade incertidumbre operativa, y esa incertidumbre siempre termina en más costo, más descuentos y más informalidad. Si el sector quiere reducir el daño, la salida técnica existe y no requiere propaganda: reglas claras de origen, custodia verificable y control real de rutas. Sin eso, el oro seguirá encontrando salida, pero lo hará por los caminos que peor reputación le dejan a toda la minería de la región.

