Goldgroup acaba de dar un paso que cambia su tamaño y su narrativa en México. La minera canadiense anunció que aseguró el control total de Molimentales del Noroeste, la empresa que posee las concesiones de la mina de oro San Francisco, en Sonora. La clave no estuvo en un cheque directo por el activo, sino en un proceso judicial y financiero: el concurso mercantil. Ese mecanismo, pensado para reestructurar compañías en problemas, terminó por abrirle a Goldgroup una puerta que pocas junior logran cruzar sin diluirse de forma severa.
La operación todavía depende de la aprobación final de la TSX Venture Exchange, pero el núcleo del movimiento ya quedó amarrado en México. Goldgroup informó que el Segundo Tribunal de Distrito en Materia de Quiebras Mercantiles aprobó su plan de arreglo dentro del concurso mercantil. Con esa resolución, la reestructura de Molimentales se da por concluida, y la compañía puede avanzar hacia la transferencia del paquete completo: concesiones mineras, planta de proceso e infraestructura asociada.
En Sonora, donde la minería convive con la agricultura, la ganadería y una dinámica industrial cada vez más ligada a la frontera, este tipo de noticias suele leerse con lupa. ¿Por qué? Porque no se trata solo de un cambio de dueño en papel. Cuando una mina deja atrás un periodo de incertidumbre legal, también deja atrás la parálisis operativa que golpea empleo, proveedores y servicios alrededor del proyecto. Esa claridad, incluso antes de una reactivación formal, ya altera expectativas en el territorio.
San Francisco no es un nombre menor en el mapa aurífero del estado. Goldgroup describe el activo como una operación a cielo abierto, de gran escala, con dos tajos previos, San Francisco y La Chicharra, y con instalaciones de lixiviación en patio. Ubica el complejo en la porción centro-norte de Sonora, a unos 150 kilómetros de Hermosillo. También se ha documentado el proyecto como una mina de oro y plata en el municipio de Santa Ana, dentro de una zona minera con tradición y conectividad carretera relevante para logística.
La cercanía con otro activo de Goldgroup explica buena parte del interés. El CEO Ralph Shearing subrayó que la mina San Francisco está a 44 kilómetros, en línea recta, de Cerro Prieto, el proyecto aurífero que la empresa ya opera en Sonora. En términos prácticos, esa distancia sugiere posibilidades de sinergias, desde aprendizajes operativos hasta contratación regional y negociación con proveedores que ya conocen la zona. Nadie promete milagros por proximidad, pero en minería la geografía sí pesa, sobre todo cuando se buscan reinicios de bajo capital.
El comunicado de Goldgroup coloca el énfasis en el potencial geológico y en el “valor de reenganche” del distrito. La empresa citó un informe técnico histórico NI 43-101, fechado el 8 de agosto de 2020 y preparado por Micon International, que reportó recursos medidos e indicados por alrededor de 1.4 millones de onzas de oro, dentro de 99.7 millones de toneladas con una ley promedio de 0.446 g/t, usando un precio de oro de 1,500 dólares por onza para los cálculos. La compañía también aclaró algo que en periodismo minero conviene repetir sin adornos: se trata de una estimación histórica, y un “qualified person” todavía no la ha reclasificado como recurso vigente bajo los estándares actuales de la empresa.
Ese matiz importa por dos razones. La primera es regulatoria y de mercado: en Canadá, el lenguaje de recursos y reservas tiene reglas estrictas, y las empresas pagan caro cuando confunden al inversionista. La segunda es técnica: San Francisco tuvo actividad posterior al reporte de 2020, y Goldgroup indicó que la estimación histórica ya se habría agotado parcialmente por minería subsecuente, en alrededor de 119,589 onzas de oro. En otras palabras, el activo trae historia y trae cicatrices, y cualquier plan serio debe arrancar por confirmar qué queda, dónde está y con qué continuidad.
La apuesta de Goldgroup se lee como una combinación de control corporativo y control de pasivos. Antes de presentar su plan, la empresa compró 60.24% de la deuda reconocida por la corte a acreedores mayores, por un monto de 8.523 millones de dólares. Reportó pagos ya realizados por 7.496 millones, con un saldo pendiente de 1.027 millones para completar esa adquisición de deuda. Después, el plan contempló pagos adicionales por 2.566 millones de dólares, divididos en tres entregas iguales en diciembre de 2026, 2027 y 2028, destinados a los acreedores restantes que concentran 39.76% del adeudo reconocido.
El componente mexicano también aparece con números que no se pueden ignorar. Goldgroup señaló obligaciones por cuotas de concesión mineras, impuestos, cargos vinculados a la Comisión Nacional del Agua, adeudos con proveedores y costos del propio concurso. Estimó ese paquete en alrededor de 170 millones de pesos, equivalentes a unos 9.3 millones de dólares, según su cálculo. Aquí se juega una parte de la “licencia operativa” moderna: el reinicio de una mina ya no se sostiene solo con geología, sino con orden administrativo, cumplimiento y capacidad de gestionar agua, energía y residuos bajo estándares cada vez más vigilados.
Hay otro detalle que ayuda a entender la arquitectura del acuerdo. Goldgroup explicó que parte de los pagos se facilita al adquirir las acciones de Molimentales mediante un pago de 100,000 pesos a los dueños de esas acciones, y al capitalizar la empresa con 99.9 millones de pesos, para un total de 100 millones de pesos. No es un tecnicismo menor: este tipo de estructuras busca que la transferencia ocurra “libre de gravámenes y pasivos” una vez cumplidas condiciones, un objetivo típico cuando se rescata un activo que carga litigios o adeudos históricos.
Ahora viene la parte que define si esto se queda como noticia corporativa o se convierte en historia productiva. Goldgroup dijo que lanzará una campaña agresiva de perforación para confirmar y mejorar los recursos históricos, y para probar mineralización adicional dentro y fuera del perímetro actual del tajo. También afirmó que tomará una decisión rápida sobre reiniciar operaciones tras completar esa perforación de confirmación y expansión. El mensaje está alineado con lo que suelen premiar los mercados cuando el oro mantiene atractivo: proyectos con infraestructura existente, tiempos de puesta en marcha más cortos y necesidades de capital relativamente contenidas.
En su propio posicionamiento, la empresa fue más lejos y habló de un posible reinicio “de bajo costo” y de un crecimiento de capacidad que podría “más que triplicar” su producción actual hacia más de 60,000 onzas de oro al año. Esa cifra hay que leerla como expectativa corporativa, no como hecho consumado. Pero también hay que reconocer lo que implica: si un reinicio de este tipo se materializa, puede reactivar cadenas locales de suministro, desde transporte y mantenimiento hasta laboratorio, seguridad, servicios ambientales y empleos técnicos que Sonora suele absorber con rapidez.
El contexto geológico y metalúrgico también juega a favor del relato de “reinicio”. Goldgroup describió mineralización predominantemente aurífera, con presencia de oro libre y ocasional electrum, y citó recuperaciones metalúrgicas históricas en un rango de 67% a 72% en periodos recientes, además de capacidad instalada de trituración y lixiviación en sitio. Cuando una operación ya tiene caminos, energía de red y una planta que existe, la conversación cambia. Se habla menos de construir desde cero y más de optimizar, corregir cuellos de botella y elevar confianza técnica con datos frescos.
En mi lectura, el valor estratégico del movimiento está en la combinación de distrito y control legal. Sonora alberga un ecosistema minero donde la experiencia operativa y la relación con proveedores locales marca diferencias. Goldgroup ya opera en el estado y no llega “a ciegas”. Eso reduce fricción en el aprendizaje, aunque no elimina los retos típicos: permisos, agua, relación comunitaria y estabilidad de costos. La empresa también enmarca San Francisco dentro de una franja regional con múltiples ocurrencias auríferas y con un historial de producción relevante durante más de una década.
La parte sensible, como casi siempre, está en el equilibrio entre velocidad y rigor. Si una empresa acelera demasiado, suele pagar con sorpresas geotécnicas o con costos ocultos en rehabilitación. Si se mueve demasiado lento, el mercado castiga y la comunidad se desespera. Por eso el anuncio de perforación, más que una frase de cajón, representa el filtro técnico que separa la ambición del plan minero real. ¿Cuánto del recurso histórico se confirma? ¿Aparecen zonas nuevas que cambien la ley o el tonelaje? ¿La infraestructura responde bien a una reactivación sostenida? Esas preguntas definen el 2026 de Goldgroup en Sonora, y también el tono con el que el estado seguirá defendiendo su lugar como potencia minera del país.
En México, además, la conversación pública exige algo adicional: demostrar que la reactivación trae orden, cumplimiento y beneficios compartidos. Cuando una compañía reconoce pagos a acreedores, cuotas de concesión e incluso obligaciones ante Conagua, manda una señal que no siempre aparece en anuncios mineros: la reestructura no se resuelve con discurso, se resuelve con caja y disciplina. Ese tipo de señales puede ayudar a reconstruir confianza en regiones donde la minería convive con demandas legítimas por agua, empleo local y gestión ambiental responsable.
Goldgroup, por su parte, trata de construir una historia de consolidación en México. Se presenta como una compañía con activos de crecimiento, con Cerro Prieto en producción en Sonora y con Pinos como proyecto subterráneo de desarrollo en Zacatecas. La adquisición de San Francisco, si supera el último filtro bursátil y aterriza en un programa técnico convincente, la coloca en una liga más interesante dentro del segmento junior: el de empresas que no solo exploran, sino que pueden reactivar, operar y sostener una plataforma productiva con activos cercanos.

