La industria estadounidense enfrenta limitaciones persistentes para importar tierras raras desde China, pese al acuerdo alcanzado entre ambos países en octubre de 2025, durante las negociaciones lideradas por el expresidente Donald Trump y el mandatario chino Xi Jinping. Aunque el pacto fue presentado como un avance para restablecer el flujo comercial de minerales críticos, operadores del sector aseguran que las barreras regulatorias impuestas por Pekín siguen dificultando el acceso a insumos clave.
China, principal productor mundial de tierras raras, mantiene controles estrictos sobre la exportación de óxidos, metales y compuestos esenciales para fabricar imanes permanentes, motores eléctricos, turbinas eólicas, baterías avanzadas y dispositivos de defensa. Según fuentes de la industria consultadas por Mining.com, las restricciones afectan especialmente a las exportaciones de materias primas no procesadas, en contraste con los productos semiacabados que sí fluyen con mayor libertad hacia otros mercados.
Empresas estadounidenses señalan que, a pesar del marco bilateral acordado para reducir tensiones comerciales y facilitar el comercio de insumos estratégicos, las autoridades chinas no han expedido licencias de exportación en los volúmenes prometidos. Algunos actores reportan retrasos, procesos burocráticos opacos y falta de claridad respecto a los criterios de elegibilidad para obtener permisos.
Un ejecutivo del sector de manufactura de imanes en Estados Unidos, citado bajo condición de anonimato, confirmó que su empresa aún no ha podido adquirir volúmenes adecuados de óxidos de tierras raras directamente desde China, lo que ha obligado a recurrir a intermediarios en terceros países con precios significativamente más altos. La situación ha encarecido los costos de producción y afectado la planeación estratégica en cadenas de suministro industriales.
El Departamento de Comercio de EE. UU. sostiene que China ha mostrado apertura en ciertos rubros y que el acuerdo incluye cláusulas que podrían permitir un aumento gradual en los envíos. No obstante, datos comerciales recientes muestran que el volumen total de tierras raras exportado desde China a Estados Unidos en el último trimestre no refleja un cambio sustancial frente al promedio de los doce meses anteriores.
Pekín afirma que las decisiones en torno a licencias se basan en criterios técnicos y de seguridad nacional. Desde 2023, el gobierno chino ha fortalecido el escrutinio sobre la exportación de tecnologías y materiales considerados estratégicos, en un contexto de creciente competencia con Occidente por el control de industrias emergentes. Estas políticas, según voceros oficiales, buscan evitar que ciertos recursos sean utilizados en desarrollos militares extranjeros o que comprometan intereses tecnológicos nacionales.
En julio de 2025, China amplió su lista de productos sujetos a control exportador, incluyendo nuevos tipos de aleaciones magnéticas, polvo de tierras raras con aplicación en defensa, y metales pesados con trazabilidad compleja. La medida generó alarma en sectores industriales de Estados Unidos, Europa y Japón, al considerar que representa una herramienta de presión geoeconómica, más que una medida ambiental o técnica.
A pesar de los acuerdos comerciales firmados durante la administración Trump, tanto la industria como expertos en geopolítica coinciden en que el acceso estable a estos insumos dependerá menos de compromisos diplomáticos y más de la capacidad de diversificación de la cadena de suministro estadounidense. En 2024, el gobierno federal destinó más de 2 mil millones de dólares a proyectos de exploración y procesamiento de tierras raras en Texas, Alaska y California, con la meta de reducir la dependencia de China antes del año 2030.
Sin embargo, esos proyectos enfrentan desafíos técnicos y ambientales, así como plazos de maduración largos. Actualmente, más del 85 % del procesamiento global de tierras raras sigue realizándose en China, lo que limita el margen de acción de los compradores estadounidenses en el corto plazo.
El contexto internacional también añade presión. La Unión Europea y Corea del Sur han manifestado preocupaciones similares y están desarrollando alianzas estratégicas para el suministro de minerales críticos. Estados Unidos participa en iniciativas multilaterales como la “Minerals Security Partnership” (MSP), impulsada por el G7, para coordinar inversiones y tecnología con países como Canadá, Australia y Brasil.
Las implicaciones de esta tensión van más allá de lo comercial. Las tierras raras son consideradas insumos clave para la transición energética, la electrificación del transporte y el desarrollo de tecnologías limpias. La limitada disponibilidad y el riesgo de interrupciones en su suministro representan un desafío directo para los objetivos climáticos de países desarrollados.
La falta de implementación efectiva del acuerdo entre Trump y Xi genera cuestionamientos sobre la viabilidad de confiar en pactos bilaterales en un sector donde la política industrial, la seguridad nacional y la soberanía tecnológica convergen. Analistas del sector consideran que, sin una redefinición de la estrategia de suministro por parte de Washington, la dependencia estructural de China se mantendrá en los próximos años, aun con acuerdos diplomáticos de por medio.
Aunque la minería de tierras raras ha sido tradicionalmente cuestionada por sus impactos ambientales, Estados Unidos enfrenta la necesidad estratégica de fortalecer sus capacidades extractivas y de procesamiento interno. La discusión ya no gira únicamente en torno a si se debe permitir esta industria, sino en cómo garantizar que su desarrollo sea competitivo, sostenible y alineado con los intereses nacionales.

