China volvió a mover el tablero del oro con un dato que, por sí solo, explica varias conversaciones en mesas de dinero y casas de cambio. En un pasillo de un aeropuerto asiático, un operador me decía hace tiempo que el metal precioso “no grita, susurra”. Ese susurro hoy suena más fuerte. Las importaciones netas de oro de China a través de Hong Kong en noviembre saltaron 101.5% frente a octubre, según cifras oficiales del departamento de censo y estadística de Hong Kong.
El número central fue claro. China registró 16.16 toneladas métricas netas en noviembre, contra 8.02 toneladas en octubre. El total importado por esa vía llegó a 30.22 toneladas, apenas arriba de las 30.08 toneladas del mes previo. La diferencia entre el total y el neto importa, porque refleja reexportaciones y flujos que no siempre siguen una línea recta.
Conviene poner el dato en su contexto real. Hong Kong ofrece una ventana útil, pero no captura toda la historia. China también recibe metal por Shanghái y Pekín, además de otros canales. Aun así, el brinco de noviembre llama la atención por el momento en que ocurre. El mercado internacional viene de marcar máximos históricos, y la demanda china atraviesa una mezcla incómoda de cautela y oportunismo.
La señal más visible de esa mezcla apareció en el precio doméstico. En China, el lingote llegó a negociarse con descuentos de 15 a 30 dólares por onza frente al referencial internacional la semana pasada. Esa brecha se cerró desde descuentos de hasta 64 dólares vistos una semana antes, los más profundos en más de cinco años. Cuando el consumidor se enfría, el mercado ofrece “rebajas”. Cuando el ánimo especulativo asoma, el descuento se encoge.
Ross Norman, analista independiente, resumió bien esa volatilidad. Él observó movimientos en las primas chinas, desde un premio modesto hasta un descuento significativo. Ese vaivén sugiere un sentimiento muy dividido. A la vez, Norman apuntó a un factor estacional que suele imponerse sobre el ruido. La demanda tiende a fortalecerse antes del Año Nuevo Lunar, y eso vuelve atractiva la importación en esta época.
Aquí aparece una primera lectura que vale la pena subrayar. El aumento de importaciones no significa, de forma automática, un boom de joyería o compras minoristas. El propio descuento sugiere que el mostrador no hierve. Lo que sí sugiere es que alguien aprovecha ventanas de suministro, anticipa festividades, o busca posicionarse con metal físico en un entorno de alta incertidumbre.
La incertidumbre no es abstracta. En 2025, el oro acumuló un alza cercana a dos tercios y alcanzó un récord de 4,549.71 dólares por onza, de acuerdo con reportes de mercado. Con precios así, el comprador típico se vuelve más selectivo. También aparecen más incentivos para el arbitraje entre plazas, sobre todo cuando el tipo de cambio y las restricciones internas distorsionan el equilibrio.
En China, dos factores recientes explican parte del ajuste. Por un lado, el mercado operó con cupos de importación limitados, lo que suele tensar la oferta cuando la demanda repunta. Por el otro, un yuan más firme puede reducir el dolor de comprar en dólares. En la práctica, ambos elementos ayudan a sostener el precio local, incluso cuando el apetito minorista no luce exuberante.
La otra pata del análisis, quizá la más importante, está en el banco central. China sumó oro a sus reservas en noviembre y extendió su racha a 13 meses consecutivos. Sus tenencias llegaron a 74.12 millones de onzas troy finas al cierre de noviembre, desde 74.09 millones al cierre de octubre. El incremento mensual parece pequeño, pero la constancia manda el mensaje: Pekín quiere más metal en su balance.
Ese mensaje conecta con una narrativa global que gana espacio en reportes y discursos. Varios bancos centrales han aumentado compras de oro en los últimos años, y el debate sobre diversificación de reservas se intensificó. Cuando los gestores oficiales compran, el mercado siente un piso más firme. No compran por moda, compran por estrategia.
También influyó el mapa macro de Estados Unidos. Las expectativas de recortes de tasas suelen favorecer al oro, porque bajan el costo de oportunidad de mantener un activo que no paga cupón. Si además se combina con tensiones geopolíticas, el cóctel se vuelve potente. En 2025, ese cóctel se sirvió varias veces.
Ahora bien, el dato de Hong Kong deja una pregunta incómoda. ¿Se trata de un repunte saludable o de un movimiento táctico en un mercado distorsionado por descuentos, cuotas y especulación? Mi lectura se inclina por lo segundo, sin negar la estacionalidad. Veo más “gestión de inventarios” y “posicionamiento” que euforia del consumidor. El descuento, aunque se estrechó, sigue ahí.
Ese matiz importa para entender la influencia de China. China es el principal consumidor mundial de oro, y sus decisiones pesan sobre el precio global. Cuando el país compra más metal físico, la señal llega a mineras, refinerías, bancos y fondos. Cuando el país compra menos, la corrección suele doler.
En el lado de la oferta, los precios récord reordenan prioridades. Un oro arriba de 4,000 dólares por onza altera presupuestos de exploración, renegociaciones con proveedores y decisiones de expansión. Para la minería aurífera, el momento abre espacio para invertir en eficiencia, seguridad y tecnologías de procesamiento. También empuja a empresas a revisar portafolios y acelerar proyectos que antes no alcanzaban rentabilidad.
Desde una óptica minera, este ciclo tiene un lado positivo que a veces se pierde en el ruido financiero. El precio alto permite capturar valor y, si las compañías hacen bien la tarea, financiar mejores prácticas ambientales y relaciones comunitarias más robustas. El mercado no regala licencia social, pero sí da margen para ganarla con inversión real. Eso aplica en Asia, y también en regiones productoras de América Latina.
México conoce bien esa conversación. Cuando el oro y la plata suben, los municipios mineros sienten el movimiento en empleo, servicios y derrama local. También crece el escrutinio, y con razón. Un ciclo alcista exige más transparencia, más control de impactos y mejor diálogo. El precio no debe ser excusa para correr, sino para profesionalizar.
Volvamos a China y a la ruta de Hong Kong. El salto de importaciones netas en noviembre sugiere que los actores chinos no quieren llegar “cortos” al inicio de 2026. Nadie puede asegurar que el rally siga sin pausas, porque la volatilidad ya se nota. De hecho, el mercado registró caídas bruscas tras máximos recientes, en parte por ajustes técnicos y toma de utilidades. Pero la tendencia anual, hasta ahora, dejó claro que la demanda oficial y el clima macro sostienen el interés por el metal.
Si algo enseña este episodio es que el oro se mueve por capas. Está el comprador de joyería que mira el precio y decide esperar. Está el especulador que apuesta por recortes de tasas. Está el importador que cuida cuotas y logística. Y está el banco central que compra despacio, pero compra. Cuando esas capas se alinean, el mercado no sólo “susurra”. Empieza a hablar.

