La Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) publicó un informe que genera preocupación en la industria minera del continente. Chile, líder mundial en producción de cobre, enfrenta hoy los costos de inversión más altos de América para nuevos proyectos del metal rojo. La advertencia llega en un momento crítico para la minería chilena, que debe competir en un mercado global donde eficiencia y rentabilidad definen el destino de miles de millones de dólares.
El informe compara 67 iniciativas de tipo greenfield —es decir, proyectos nuevos y no ampliaciones— en América. Los datos muestran que las plantas concentradoras de cobre en Chile requieren más capital que en cualquier otro país del continente. Las cifras dejan poco espacio a la interpretación: tanto en proyectos de tamaño medio como grande, la intensidad de capital en Chile supera la media regional.
Esa intensidad, medida como dólares invertidos por tonelada de capacidad instalada, es una de las variables más relevantes al decidir una inversión minera. Los proyectos chilenos analizados requieren hasta US$19.000 por tonelada, mientras que en países como Perú o Canadá los costos son considerablemente menores. Cochilco sostiene que este diferencial puede actuar como desincentivo para nuevos desarrollos.
Los costos energéticos son uno de los principales factores que empujan esta diferencia. El proceso de molienda, fundamental en la producción de concentrados de cobre, consume cantidades significativas de electricidad. En Chile, los precios promedio alcanzan los US$11,1 por kilovatio hora. Esta cifra supera a los principales competidores mineros de la región, generando un sobrecosto operativo difícil de ignorar.
La electricidad representa entre 25 % y 35 % de los costos operativos de una planta de concentración. En faenas chilenas, el costo de molienda por tonelada procesada puede oscilar entre US$2,40 y US$3,00. En Perú o Estados Unidos, este valor se mantiene por debajo de US$2,00, según los datos de Cochilco y fuentes privadas del sector energético.
El gasto en mano de obra también presiona los márgenes. Los costos laborales por tonelada procesada son los más altos entre los países analizados. En plantas de gran escala, los proyectos en Chile presentan cifras cercanas a US$1,08 por tonelada, lo que refleja una estructura salarial elevada y desafíos logísticos en zonas alejadas de los centros urbanos.
Esta situación laboral se explica, en parte, por el déficit de trabajadores calificados en áreas críticas como mantenimiento, operación de equipos automatizados o procesamiento metalúrgico. A pesar del esfuerzo de universidades y centros técnicos, la formación de profesionales especializados no ha acompañado el crecimiento de las necesidades del sector.
Otro factor determinante es la ley del mineral. Chile enfrenta una baja progresiva en el contenido de cobre en los yacimientos. Para mantener niveles de producción, las empresas deben procesar más mineral, lo que incrementa el consumo de energía, agua e insumos químicos. Esta característica geológica, aunque no exclusiva del país, agrava el contexto de costos altos cuando no va acompañada de mejoras tecnológicas.
El estudio de Cochilco no se limita al diagnóstico. También presenta escenarios de inversión en los que, a pesar de los altos costos, los precios del cobre podrían hacer viables algunos proyectos. No obstante, aclara que esta viabilidad dependerá del contexto global y de la capacidad del país para reducir ciertas barreras estructurales.
Desde el sector privado, la percepción es similar. Ejecutivos consultados por medios especializados y gremios como el Consejo Minero coinciden en que Chile conserva ventajas como estabilidad jurídica, infraestructura desarrollada y experiencia operativa. Sin embargo, advierten que si los costos siguen al alza, otras jurisdicciones podrían captar parte importante de la inversión futura.
En ese sentido, Perú aparece como el principal competidor regional. Con leyes más altas de mineral, costos laborales menores y una cartera de proyectos atractiva, el país andino ha mejorado su posición en los rankings internacionales de competitividad minera. Canadá, con una regulación favorable y recursos abundantes, también gana terreno frente al histórico liderazgo chileno.
Los precios internacionales del cobre podrían ofrecer un respiro temporal. A diciembre de 2025, el metal se mantiene por encima de los US$3,70 por libra, impulsado por la demanda de sectores como energía renovable, autos eléctricos y redes de transmisión. Sin embargo, la volatilidad del mercado impide considerar este precio como garantía para la rentabilidad futura.
Chile no está exento de oportunidades. Algunas compañías ya exploran tecnologías para reducir consumo energético, mejorar recuperación metalúrgica y automatizar procesos. Proyectos como Quebrada Blanca Fase 2 o la modernización de Los Pelambres incorporan soluciones de eficiencia que podrían servir de modelo para futuras inversiones.
Además, el país avanza en una matriz energética más limpia. Las regiones mineras del norte cuentan con una alta penetración de energías renovables, lo que podría traducirse en menores tarifas eléctricas en el mediano plazo. El desafío está en acelerar ese abaratamiento y garantizar estabilidad de suministro para las operaciones intensivas en energía.
El informe también plantea interrogantes sobre el marco regulatorio. Aunque Chile mantiene un sistema legal sólido, los cambios recientes en materia tributaria y ambiental han generado incertidumbre en el sector. Inversionistas y analistas financieros siguen de cerca la implementación de normas como la nueva Ley de Royalty Minero, cuyo impacto aún está por definirse en términos prácticos.
Cochilco concluye que para mantener su liderazgo, Chile deberá actuar con rapidez y estrategia. El país no solo compite por inversión con otros productores de cobre, sino también con regiones emergentes que ofrecen menores costos iniciales, incluso si no cuentan con la misma experiencia minera.
La minería del cobre sigue siendo pilar del desarrollo económico chileno. El reto está en equilibrar competitividad, sostenibilidad y rentabilidad en un entorno donde cada punto porcentual de costo puede decidir el futuro de un proyecto. Las decisiones que se tomen hoy marcarán el rumbo de la industria durante las próximas décadas.

