En medio de una atmósfera internacional cargada de incertidumbre, el oro vuelve a posicionarse como el activo predilecto de los inversionistas. Este lunes, los precios del metal precioso se fortalecieron de nuevo, impulsados por una combinación de factores que han despertado la necesidad de seguridad entre los participantes del mercado global. El temor a un cierre prolongado del Gobierno estadounidense, junto con la expectativa de una nueva ronda de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal, ha reavivado el apetito por refugios tradicionales.
Alrededor de las 09:51 GMT, el oro al contado ganaba 0,3%, cotizando en 4,259.84 dólares por onza, mientras que los futuros del oro en Estados Unidos para entrega en diciembre aumentaban un sólido 1,5%, situándose en 4,275 dólares. El impulso alcista se mantuvo firme a pesar de las correcciones registradas el viernes pasado, cuando el precio tocó un máximo sin precedentes de 4,378.69 dólares antes de retroceder un 1,8%.
La razón detrás de esta aparente resiliencia se explica en varios frentes. Por un lado, los inversionistas siguen viendo al oro como una cobertura ante el riesgo político, especialmente después de que el cierre del Gobierno estadounidense se prolongara sin señales claras de resolución inmediata. Este factor, aunque recurrente en la política de Washington, suele tener implicaciones profundas en los mercados, particularmente cuando la paralización amenaza con extenderse.
Por otro lado, la política monetaria de la Reserva Federal continúa desempeñando un papel central en el comportamiento de los metales preciosos. Con la posibilidad creciente de que se anuncien nuevos recortes en las tasas de interés, el oro se beneficia directamente, ya que los rendimientos reales negativos aumentan su atractivo frente a activos que sí generan intereses. La expectativa de flexibilización monetaria refuerza así la tendencia alcista.
El analista Ole Hansen, de Saxo Bank, ofreció un análisis directo y sin rodeos: mientras el oro se mantenga por encima de los 4,000 dólares y la plata arriba de los 50 dólares, no se anticipan liquidaciones importantes en las posiciones largas del mercado. Su lectura del mercado es clara: el sesgo sigue siendo fuertemente alcista.
No menos relevante resulta el contexto geopolítico. La inminente reunión entre los presidentes de Estados Unidos y China podría ser un punto de inflexión. Donald Trump, al hablar sobre la posibilidad de aplicar un arancel del 100% a los bienes chinos, sembró más incertidumbre. Aunque posteriormente reconoció que esa medida no sería sostenible, el daño ya estaba hecho. La tensión con Beijing ha ido en aumento, particularmente tras la amenaza estadounidense de imponer aranceles más severos en respuesta a los controles chinos sobre las exportaciones de tierras raras. Un episodio que recuerda lo fundamental que resulta Asia para la cadena global de suministros, especialmente en el sector tecnológico y energético.
En este panorama, la plata también mostró signos de recuperación tras una semana volátil. El metal avanzaba un 0,5%, cotizando en 52,12 dólares la onza. El viernes anterior había perdido un 4,4% después de alcanzar un máximo histórico de 54,47 dólares. Este rebote sugiere que los inversionistas siguen interesados en activos tangibles, pese a las bruscas fluctuaciones.
Los otros metales preciosos, sin embargo, enfrentaron una jornada menos favorable. El platino descendía un 0,9%, ubicándose en 1,595.85 dólares por onza, mientras que el paladio caía un 1,4%, cotizando en 1,452.89 dólares. A pesar de estas pérdidas puntuales, ambos metales continúan siendo parte esencial del portafolio de cobertura en tiempos de volatilidad.
Vale la pena recordar que el oro no es únicamente una inversión financiera. Su demanda también se ve influida por factores culturales y de consumo, especialmente en mercados como la India y China, donde se acerca la temporada de bodas y festividades. Este componente estacional, aunque menos analizado en el corto plazo, suele reforzar las tendencias alcistas cuando coinciden con incertidumbres macroeconómicas.
Hoy, más que nunca, el oro no solo brilla: actúa como termómetro del ánimo global. Ante una política fiscal incierta en Estados Unidos y una creciente tensión con China, los mercados están buscando estabilidad en lo conocido. En ese escenario, los metales preciosos, y el oro en particular, han resurgido como una herramienta de defensa.

