La administración federal de Estados Unidos reinstauró los permisos de derecho de vía que permitirán reanudar la construcción de una carretera de acceso al distrito minero de Ambler, en el norte de Alaska. La decisión representa un giro significativo en la política de infraestructura minera del país, luego de que la Oficina de Administración de Tierras (BLM, por sus siglas en inglés) anulara dichos permisos en abril de 2024. La medida abre nuevamente la puerta al desarrollo de una región rica en cobre y otros minerales considerados estratégicos para la seguridad energética nacional.
La carretera propuesta, de 340 kilómetros de longitud, es clave para conectar la red vial estatal con el Ambler Mining District, una zona que alberga algunos de los depósitos de cobre, zinc, plomo y cobalto más importantes del país. Entre estos se encuentran los yacimientos Arctic y Bornite, operados por Ambler Metals, una empresa conjunta entre Trilogy Metals y South32. Sin esta infraestructura, el acceso a la región resulta extremadamente complejo debido a las condiciones geográficas y climáticas del ártico alaskense.
La decisión federal, dada a conocer el viernes 18 de octubre, otorga a la Alaska Industrial Development and Export Authority (AIDEA) el derecho de paso por tierras federales durante 50 años, permitiéndole retomar actividades de planificación, presupuestación y diseño de ingeniería. La reactivación de este proyecto generó de inmediato una reacción positiva en los mercados financieros: las acciones de Trilogy Metals se incrementaron en más del 15 % en la Bolsa de Nueva York y registraron un alza cercana al 5 % en la Bolsa de Toronto.
En un comunicado oficial, Tony Giardini, presidente y director ejecutivo de Trilogy Metals, calificó la decisión como un avance relevante para garantizar el suministro nacional de minerales críticos. Según el directivo, “la carretera Ambler proporcionará acceso a un distrito con potencial significativo para convertirse en una fuente estratégica de cobre y otros minerales necesarios para la transición energética y la fabricación avanzada en Estados Unidos”.
El proyecto había sido objeto de intensos debates durante los últimos años. En 2020, bajo la administración del entonces presidente Donald Trump, los permisos fueron inicialmente aprobados. Sin embargo, con el cambio de gobierno, el Departamento del Interior ordenó una revisión ambiental más exhaustiva, que derivó en su cancelación en 2024, alegando impactos potenciales sobre los ecosistemas locales y las comunidades indígenas que habitan la región.
Uno de los principales puntos de preocupación ha sido el impacto sobre la migración de la manada de caribúes del ártico occidental, una de las más grandes del continente, y sobre las prácticas tradicionales de subsistencia de las comunidades nativas. Organizaciones medioambientales y algunas voces locales han manifestado su oposición al proyecto, argumentando que la carretera fragmentará hábitats naturales y facilitará el ingreso de otras actividades extractivas en territorios hasta ahora poco intervenidos.
A pesar de estas críticas, la medida se enmarca en una estrategia más amplia del gobierno federal para reducir la dependencia de importaciones de minerales esenciales y asegurar cadenas de suministro más resilientes. En este sentido, el caso Ambler representa una prueba concreta de cómo se están reconfigurando las prioridades en torno a la minería estratégica, especialmente en territorios con reservas de minerales que figuran en la lista de insumos críticos del Departamento de Energía.
En contraste con otros proyectos mineros que enfrentan incertidumbre regulatoria o indefinición en la etapa de permisos, la reanudación del proyecto Ambler envía una señal clara al mercado. Apuesta por la integración de infraestructura, la colaboración público‑privada y la exploración sustentada en criterios técnicos. No es casual que el repunte en el valor bursátil de Trilogy Metals haya coincidido con el anuncio, evidenciando que la claridad regulatoria y el respaldo institucional siguen siendo factores determinantes para la viabilidad minera a largo plazo.
La experiencia de Alaska también ofrece un espejo interesante para otras jurisdicciones con potencial minero, como México, donde varios proyectos de cobre y litio enfrentan desafíos similares en términos de infraestructura y relaciones comunitarias. En ese contexto, lo sucedido con Trilogy Metals puede interpretarse como una señal de que, incluso en entornos ambientalmente sensibles, es posible avanzar con proyectos mineros si se cuenta con planificación adecuada, evaluación de impactos rigurosa y voluntad de diálogo con las comunidades.
Cabe señalar que Trilogy Metals no ha anunciado aún una fecha estimada para el inicio de la construcción de la carretera, pero sí ha reiterado que continuará colaborando con AIDEA para avanzar en las etapas técnicas y legales que permitan concretar el proyecto. La empresa, con sede en Vancouver, ha defendido en repetidas ocasiones que su participación en Ambler Metals se sustenta en principios de sostenibilidad, respeto ambiental y compromiso comunitario, aunque su labor deberá ser evaluada conforme avance la implementación del plan vial.
En última instancia, la reactivación de los permisos para el corredor Ambler constituye una victoria estratégica para la industria minera en Estados Unidos. No sólo reactiva un proyecto de alto valor económico, sino que refrenda la importancia de contar con infraestructura adecuada para desarrollar yacimientos de clase mundial en regiones remotas. La decisión, sin embargo, también implica una responsabilidad mayor: demostrar que es posible armonizar desarrollo, conservación y derechos indígenas en un mismo territorio. Ese será, quizás, el desafío más complejo de todos.

