La Agencia Nacional de Minería de Colombia (ANM) ha rechazado dos solicitudes fundamentales para la continuidad del proyecto Quebradona, desarrollado por AngloGold Ashanti en el suroeste del departamento de Antioquia. Esta decisión representa un obstáculo significativo para una de las mayores apuestas de inversión minera en el país, estimada en 1.400 millones de dólares.
AngloGold Ashanti había solicitado una prórroga para la etapa de exploración del proyecto, así como la suspensión de sus obligaciones contractuales, argumentando la existencia de circunstancias de fuerza mayor. La ANM desestimó ambas solicitudes, señalando que las peticiones eran contradictorias entre sí y que la empresa no logró demostrar adecuadamente las causas que justificarían una suspensión contractual conforme a los términos legales vigentes.
La resolución de la ANM ocurre en un momento en que el sector minero colombiano enfrenta presiones crecientes en materia ambiental, social y de gobernanza. El caso de Quebradona ejemplifica la complejidad de operar proyectos extractivos en un entorno donde las expectativas regulatorias y comunitarias han evolucionado de forma acelerada.
El proyecto, que se localiza cerca del municipio de Jericó, tenía previsto convertirse en uno de los pilares de la producción de metales en Colombia. Las proyecciones contemplaban la extracción de 1.4 millones de toneladas de cobre, además de significativos volúmenes de oro y plata durante una vida útil estimada en dos décadas. La iniciativa prometía un importante impulso económico regional, incluyendo generación de empleo e inversión en infraestructura.
Sin embargo, desde 2021, el proyecto ha estado detenido tras la decisión de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) de archivar la solicitud de licencia ambiental presentada por la minera. La entidad detectó deficiencias técnicas en el estudio de impacto ambiental, particularmente en lo relativo a los riesgos sobre los recursos hídricos y ecosistemas estratégicos del suroeste antioqueño.
AngloGold Ashanti anunció su intención de presentar un nuevo estudio de impacto ambiental, que incluiría modelaciones geotécnicas, hidrogeológicas e hidrológicas más precisas, en línea con las observaciones emitidas por la autoridad. Se espera que esta nueva versión del EIA esté lista en 2027. Mientras tanto, el rechazo de la ANM complica la continuidad operativa del proyecto, al impedir una prórroga que habría otorgado más tiempo para la reestructuración ambiental.
El contexto en el que se desarrolla esta disputa es complejo. Quebradona ha sido objeto de controversias con algunos sectores de la población local, que manifiestan preocupación por los posibles impactos ecológicos y sociales de la actividad minera en una región reconocida por su vocación agrícola y turística. AngloGold Ashanti ha buscado posicionar el proyecto como un modelo de minería moderna, con estándares internacionales de sostenibilidad, aunque la percepción pública sigue dividida.
A lo largo de 2022 y 2023, se han reportado incidentes de confrontación entre trabajadores del proyecto y grupos de agricultores, incluyendo el ingreso no autorizado a zonas de perforación y la remoción de maquinaria. En respuesta, la empresa presentó acciones legales contra algunos actores locales, lo que ha tensado aún más la relación entre la compañía y parte de la comunidad.
En el plano económico, la paralización de Quebradona representa una oportunidad perdida en un momento en que el cobre es considerado un recurso estratégico para la transición energética global. Colombia, a diferencia de países vecinos como Chile o Perú, carece de grandes operaciones cupríferas activas. Actualmente, El Roble, una mina subterránea ubicada en el departamento del Chocó y operada por Atico Mining, es la única explotación comercial de cobre de escala significativa en el país.
La detención del proyecto también refleja una tendencia global: más de seis millones de toneladas de capacidad de producción de cobre están actualmente en pausa por razones asociadas a desafíos ESG. Esta situación resalta las dificultades para desarrollar nuevas minas incluso cuando la demanda del metal es creciente, en especial por su papel en sistemas eléctricos, tecnologías limpias y movilidad sustentable.
No obstante, desde una visión de largo plazo, el caso de Quebradona puede ser interpretado como una oportunidad para fortalecer los estándares regulatorios y sociales de la minería en Colombia. La decisión de la ANM muestra que el Estado colombiano está dispuesto a ejercer un rol más estricto en la supervisión del sector, al tiempo que obliga a las empresas a elevar la calidad de sus propuestas técnicas y su capacidad de generar consensos con los territorios.
Para AngloGold Ashanti, la prioridad será reconstruir su propuesta ambiental, restablecer canales de comunicación con las comunidades y ajustar su modelo de relacionamiento institucional. El éxito futuro del proyecto dependerá, en buena medida, de su habilidad para navegar las complejidades socioambientales del país y demostrar que es posible una minería que conviva con el desarrollo sostenible.
La historia de Quebradona está lejos de concluir. Lo ocurrido con la ANM representa un obstáculo, pero no necesariamente un punto final. En una región que necesita oportunidades económicas, pero también exige respeto por sus recursos naturales y su tejido social, la minería tiene aún espacio para construir legitimidad si se compromete con una transformación profunda y transparente.

