En medio de crecientes exigencias ambientales y una demanda mundial en alza por cobre limpio, Chile ha dado un paso estratégico que podría consolidar su posición como líder en producción responsable de este metal. La Empresa Nacional de Minería (ENAMI) recibió esta semana la aprobación ambiental para construir una nueva fundición de cobre en Paipote, región de Atacama, lo que marca el inicio de una profunda transformación para uno de los activos industriales más relevantes del país.
La inversión asciende a 1.700 millones de dólares, una cifra que revela tanto la ambición como la urgencia del proyecto. Con esta modernización, la estatal busca sustituir completamente la antigua instalación Hernán Videla Lira, inaugurada en 1952, la cual ha operado durante décadas con tecnología ya obsoleta frente a los actuales estándares internacionales.
La nueva fundición tendrá capacidad para procesar hasta 850 mil toneladas de concentrado de cobre al año. Además, incorporará una moderna refinería electrolítica que podrá producir hasta 240 mil toneladas anuales de cátodos de cobre de alta pureza, producto esencial para la fabricación de equipos electrónicos, vehículos eléctricos e infraestructura para energías renovables.
La ubicación no es casual. Paipote, un histórico enclave minero de la región de Atacama, fue testigo del auge industrial del cobre en el siglo XX. Con esta renovación, el Gobierno chileno busca no solo revitalizar la economía local, sino también dar una señal clara de compromiso con la descarbonización de su cadena minera.
Ivan Mlynarz, vicepresidente ejecutivo de ENAMI, subrayó recientemente que el interés de los consumidores globales en asegurar cadenas de suministro más sostenibles podría traducirse en nuevas oportunidades de financiamiento para este proyecto. Sus declaraciones a la agencia Reuters revelan una estrategia que va más allá de la modernización técnica: ENAMI quiere posicionarse como un actor clave en el suministro de cobre verde.
No es menor el contexto geopolítico. La transición energética global ha elevado el valor estratégico del cobre a niveles sin precedentes. Mientras China, Estados Unidos y la Unión Europea buscan proveedores confiables para sus industrias tecnológicas y de movilidad eléctrica, países con depósitos importantes del metal rojo se ven obligados a cumplir estándares ambientales más estrictos. En ese escenario, una fundición moderna como la que plantea ENAMI no solo mejora el rendimiento económico del mineral, sino que también cumple con la normativa que hoy exigen los grandes compradores.
El nuevo complejo permitirá a ENAMI, además, captar concentrados de cobre de pequeños y medianos productores nacionales, que hasta ahora tenían pocas alternativas para el tratamiento de sus minerales. Esto fortalece un modelo de minería inclusiva y descentralizada que ha sido bandera de lucha de los mineros de menor escala en Chile.
La historia reciente de la fundición Hernán Videla Lira también influye en esta transformación. Diversas auditorías ambientales habían señalado su alto nivel de emisiones de dióxido de azufre, lo que generó conflictos con comunidades locales y presiones regulatorias. La promesa de una operación más limpia y tecnológicamente eficiente es también una respuesta a esas demandas sociales.
Este proyecto no solo representa una modernización técnica. También es una apuesta política por mantener viva la participación estatal en la cadena de valor del cobre, en un contexto donde la mayor parte de la producción está en manos privadas o de consorcios multinacionales. ENAMI, como brazo del Estado, demuestra así que la empresa pública puede innovar y adaptarse a las nuevas reglas del juego global.
Cabe destacar que la región de Atacama ha sido históricamente un pilar del desarrollo minero chileno. El regreso de inversiones de esta magnitud no solo tendrá efectos positivos en el empleo y la actividad económica regional, sino que también podría motivar nuevas alianzas público-privadas en materia energética, particularmente para alimentar la planta con fuentes renovables como solar o eólica.
El próximo desafío será la obtención de financiamiento. Aunque el respaldo ambiental es un hito importante, la magnitud del capital requerido hace imprescindible la articulación con bancos internacionales, fondos verdes y posibles socios estratégicos. La ventaja comparativa de ofrecer cobre refinado con menor huella de carbono puede ser un activo valioso en ese proceso.
Mientras tanto, desde Paipote hasta Santiago, el anuncio ha sido recibido con optimismo cauteloso. Aunque falta camino por recorrer, el proyecto ya se perfila como una pieza clave en el nuevo tablero del cobre mundial. ENAMI, con esta apuesta, parece haber entendido que el futuro no solo se escribe con más toneladas, sino también con mayor responsabilidad.

