Bruselas presentó este martes una propuesta ambiciosa para blindar la industria siderúrgica europea ante la competencia global que considera desleal. La Comisión Europea plantea reducir a la mitad el volumen de acero que puede ingresar al bloque sin aranceles y elevar de 25 % a 50 % la tasa aplicada a las importaciones que superen ese umbral.
El plan apunta a entrar en vigor antes del 30 de junio de 2026, cuando vence el mecanismo de salvaguarda actual que grava con un arancel del 25 % las toneladas que exceden los cupos permitidos. La Comisión propone recortar estos cupos en cerca de un 47 %, fijando el volumen libre de impuestos en 18,3 millones de toneladas.
Uno de los elementos centrales de la propuesta exige que los importadores declaren el país de la primera fundición del acero, con la intención de evitar maniobras de triangulación destinadas a evadir los aranceles. La Comisión sostiene que, sin medidas más firmes, la sobrecapacidad mundial —impulsada por subsidios especialmente desde China— amenaza con desplazar a empresas europeas menos eficientes.
El vicepresidente comunitario responsable de la estrategia industrial, Stéphane Séjourné, defendió que estas acciones no son simples barreras proteccionistas, sino instrumentos para preservar empleos, competencias tecnológicas y la cadena de producción en sectores clave como la automoción o la defensa. “Sin acero no hay industria del automóvil ni industria de defensa”, argumentó.
La medida enfrentará negociaciones en el Parlamento Europeo y entre los gobiernos nacionales antes de su aprobación definitiva. De consolidarse, colocará a la Unión Europea en posición comparable a la de Estados Unidos y Canadá, que ya aplican tasas del 50 % o sistemas similares a ciertos productos siderúrgicos.
Para México y América Latina, el nuevo régimen importa. Si alguna exportación siderúrgica despuntaba hacia mercados europeos, ahora podría enfrentar tasas más agresivas. La propuesta también reaviva el debate sobre cómo encajan los productores latinoamericanos en cadenas globales de materias primas y manufactura. En el corto plazo, algunas empresas podrían perder competitividad frente a las tarifas más altas y a las barreras no arancelarias que acompañan esas políticas.
Desde el punto de vista estratégico, esta decisión refleja una etapa de reforzamiento de capacidades industriales europeas en un contexto global convulso. Si bien algunas voces la critican por sus efectos sobre comercio multilateral, desde la óptica de la minería y la metalurgia este tipo de políticas muestran que la industria sigue siendo considerada de interés geoestratégico. Aun con críticas legítimas, la minería del acero —y la cadena completa del hierro— tiene una función estructural que, bien apoyada, puede aportar valor agregado más allá de la mera extracción.

