El gobierno indonesio acordó con Freeport‑McMoRan suspender las operaciones en la mina Grasberg para centrarse en la búsqueda de trabajadores atrapados después de un alud.
A inicios de este mes ocurrió un flujo de lodo de gran magnitud que dejó a siete trabajadores atrapados en la sección subterránea Grasberg Block Cave. Dos de ellos han sido localizados sin vida. Los restantes continúan desaparecidos.
La mina Grasberg figura entre las más grandes del mundo en producción de cobre, y esa unidad subterránea representa la mitad de las reservas de Freeport Indonesia. Se estima que este yacimiento abastecerá cerca del 70 % de la producción de cobre y oro de la empresa hasta 2029.
El ministro de Minería del país, Bahlil Lahadalia, confirmó que después del incidente la mina permanece detenida y aún no hay señal de reanudación. Dijo que el gobierno y Freeport dialogan sobre cuándo reactivar operaciones.
Aunado al rescate, las autoridades también negocian extender el permiso minero de Freeport más allá de 2041. Ese punto elevó su complejidad pues implica revisar condiciones legales, ambientales y contractuales.
Freeport declaró fuerza mayor en la mina subterránea, lo cual indica que no se le puede exigir cumplimiento de obligaciones normales ante circunstancias extraordinarias.
En cuanto al mercado, Freeport ajustó su guía para el tercer trimestre, reduciendo sus expectativas de venta de cobre en un 4 % y de oro en un 6 %, en comparación con sus estimaciones de julio.
Este anuncio impulsó el precio del cobre a niveles no vistos en 15 meses, ante el temor de que la oferta se estreche.
Analistas de BMO esperan que la producción de Grasberg no regrese al nivel previo al incidente hasta 2027, lo que añade presión al mercado del cobre.
Uno de los mayores riesgos para Indonesia es el impacto fiscal. La paralización no solo afecta los ingresos por producción sino también por regalías, empleos locales y cadenas vinculadas. El país depende en buena medida de la minería para divisas y desarrollo regional.
Aun en esta situación crítica, debe enfatizarse que la minería responsable puede generar beneficios importantes: desarrollo local, transferencia tecnológica y estabilidad económica, siempre con estándares de seguridad y protección ambiental.
Este suceso evidencia lo esencial que es reforzar protocolos de seguridad subterránea. Las fallas geológicas, drenajes, infraestructura de soporte y monitoreo deben revisarse exhaustivamente. Las comunidades cercanas y los trabajadores merecen garantías claras de protección ante riesgos latentes.
En el contexto global, la interrupción en Grasberg llega en un momento de tensión creciente entre oferta y demanda de cobre. Muchas economías diversifican su matriz energética usando tecnologías que dependen del cobre y otros minerales. La reducción de suministro desde una mina clave puede ampliar las brechas estructurales del mercado.
Además, el gobierno indonesio enfrenta un dilema: proteger vidas humanas y mantener la reputación de su sector minero, todo mientras evalúa si concede o no extensiones a los permisos operativos de gigantes del sector como Freeport. Esa decisión determinará parte del rumbo del modelo minero en el país.

