En el arranque de esta semana, el cobre volvió a situarse por encima de los US$10,000 por tonelada métrica en la Bolsa de Metales de Londres, consolidando una tendencia positiva que se ha fortalecido a lo largo del año. La jornada del lunes reflejó un tenue equilibrio entre los datos económicos poco alentadores de China y el renovado optimismo del mercado, alentado por las crecientes expectativas de estímulo económico en las dos principales potencias del mundo: China y Estados Unidos.
El metal rojo, considerado un barómetro clave de la actividad industrial global, alcanzó los US$10,101 por tonelada en su punto más alto del día, muy cerca del pico de US$10,126 registrado el viernes anterior, un nivel no visto en más de cinco meses. Aunque la variación fue ligera —apenas un aumento del 0,1% a US$10,073—, el hecho de mantenerse sobre el umbral psicológico de los diez mil dólares refuerza la percepción de una demanda estructural sólida, incluso frente a señales macroeconómicas menos alentadoras.
China, principal consumidor mundial de cobre, publicó cifras que no invitan al entusiasmo. La producción fabril y las ventas minoristas de agosto crecieron al ritmo más lento desde el año pasado, lo que ha intensificado la presión sobre Pekín para implementar más medidas de estímulo. Aunque la desaceleración ha generado preocupación en los mercados, también ha reforzado la idea de que se avecina un paquete de apoyo económico más robusto, algo que los inversionistas han comenzado a descontar en el precio de los metales.
En paralelo, el panorama en Estados Unidos también favorece la narrativa de políticas monetarias más flexibles. La Reserva Federal se prepara para una reunión decisiva esta semana, en la que se espera un recorte de tasas de 25 puntos básicos, impulsado por los débiles indicadores del mercado laboral. Este posible giro en la política monetaria estadounidense ha añadido combustible al impulso del cobre y de otros metales básicos.
Ole Hansen, jefe de estrategia de materias primas en Saxo Bank, lo resumió con claridad: “Esta semana el tema es el estímulo. No sólo lo que pueda venir desde China, después de esos datos tan flojos, sino también lo que haga la Fed con las tasas en EE.UU.”. Hansen también destacó un factor técnico relevante: el precio del cobre ha formado una figura de doble techo en la LME, con máximos registrados en marzo de este año y en septiembre del anterior, ambos cercanos a los US$10.160. Esta barrera técnica, según el analista, podría romperse sólo si llegan anuncios concretos de estímulo económico.
Los precios del cobre acumulan una ganancia de 14% en lo que va de 2025, aunque los intentos por consolidarse de forma sostenida por encima de los US$10,000 han sido intermitentes. Esto no sorprende a los operadores, dado que el cobre no sólo está condicionado por el comportamiento de la oferta y la demanda física, sino también por factores especulativos y geopolíticos.
Las negociaciones entre China y Estados Unidos, que esta semana tuvieron lugar en Madrid, son otro frente que los inversionistas observan con atención. Aunque el foco estuvo en la posible desinversión de TikTok por parte de Bytedance, el trasfondo es más amplio: aranceles, transferencia tecnológica y un eventual deshielo económico entre las dos potencias.
En el mercado asiático, el contrato más negociado de cobre en la Bolsa de Futuros de Shanghái cerró con un alza de 0,4%, cotizando en 81.000 yuanes por tonelada, lo que equivale a US$11.371,77. Este movimiento confirma que el apetito por el cobre también se mantiene vivo en el mercado interno chino, a pesar del enfriamiento de sus indicadores macroeconómicos.
El desempeño del cobre no puede analizarse en aislamiento. Otros metales industriales también mostraron señales mixtas durante la jornada. El aluminio subió un 0,1% y el níquel avanzó un 0,6%, mientras que el plomo retrocedió un 0,6%, el estaño bajó 0,1% y el zinc se mantuvo prácticamente sin cambios.
Si bien las cifras actuales no garantizan una tendencia lineal hacia la recuperación global, sí dejan entrever un entorno donde los metales industriales, y el cobre en particular, siguen siendo un termómetro confiable de la actividad económica y de las expectativas de los mercados.
Desde una mirada más estructural, el repunte del cobre también responde a factores de mediano y largo plazo. La transición energética, la electrificación del transporte y la creciente necesidad de infraestructura tecnológica dependen del suministro constante de este mineral. Esto da al cobre un papel estratégico, no sólo como insumo industrial, sino como activo geopolítico.
Más allá de los movimientos técnicos y los indicadores de corto plazo, la verdadera pregunta es: ¿cuánto tiempo podrá mantenerse el cobre sobre los US$10,000? Aunque el mercado aún duda, lo cierto es que cada vez que el precio toca ese nivel, lo hace con más consistencia. Y si los estímulos en China y Estados Unidos se concretan, es muy probable que este umbral deje de ser psicológico y pase a convertirse en una nueva base.

