Durante una conferencia televisada que captó la atención del país, el primer ministro Mark Carney lanzó una afirmación contundente: “Solíamos construir cosas grandes en este país, y solíamos construirlas rápido. Es hora de volver a hacerlo”. Con estas palabras, dio el banderazo de salida a una nueva estrategia nacional que pretende reformular la política de infraestructura energética e industrial de Canadá.
El gobierno canadiense identificó cinco proyectos estratégicos que tendrán prioridad en su nuevo esquema de aprobaciones rápidas. La decisión llega en un contexto marcado por crecientes tensiones comerciales con Estados Unidos, que han dejado en evidencia la necesidad de diversificar socios y fortalecer la autonomía económica del país. Carney, exgobernador del Banco de Canadá y del Banco de Inglaterra, no ha dudado en tomar una postura más proactiva frente a los desafíos estructurales que enfrenta la economía canadiense.
El proceso de obtención de permisos para proyectos industriales en Canadá ha sido históricamente complejo, con demoras que en algunos casos superan la década. Ante esta realidad, el nuevo enfoque busca recortar drásticamente los tiempos de evaluación, sin comprometer los estándares ambientales ni sociales. Para ello, se creó la Oficina de Proyectos Mayores (Major Projects Office), cuyo propósito será coordinar a nivel federal y con las provincias todos los aspectos regulatorios.
Entre los cinco proyectos seleccionados hay una clara apuesta por reforzar el portafolio energético del país, con una fuerte presencia del sector minero. El primero en la lista es la ampliación de la planta de gas natural licuado LNG Canada, liderada por Shell, ubicada en la provincia de Columbia Británica. Esta expansión busca duplicar su capacidad de producción, consolidando a Canadá como un proveedor confiable de energía limpia para los mercados asiáticos, especialmente Japón y Corea del Sur, que buscan alternativas al gas ruso.
La minería también ocupa un lugar destacado. La mina Red Chris, operada por la estadounidense Newmont, recibirá respaldo para ampliar sus operaciones de extracción de oro y cobre en la misma provincia occidental. Esta mina subterránea, ubicada en el cinturón geológico del Triángulo de Oro, ha ganado atención internacional por sus reservas de alta ley y su potencial para convertirse en una de las más productivas del hemisferio norte.
En la provincia de Saskatchewan, el proyecto de la empresa Foran Mining, centrado en la construcción de una nueva mina de cobre, también fue incluido en el grupo prioritario. El yacimiento está localizado en la región de McIlvenna Bay, y tiene como objetivo abastecer la creciente demanda de metales críticos para la transición energética, en especial para tecnologías relacionadas con la electrificación y los vehículos eléctricos. El cobre, como conductor esencial, es hoy un recurso estratégico a nivel global.
Este enfoque energético no se limita a combustibles fósiles o minería. En Ontario, el gobierno impulsará la construcción de un reactor nuclear modular pequeño (SMR, por sus siglas en inglés), una tecnología emergente que ha ganado terreno por su eficiencia, menor huella ambiental y costos reducidos en comparación con las plantas nucleares tradicionales. Canadá ya cuenta con una base sólida en energía nuclear gracias a su experiencia con los reactores CANDU, y este nuevo paso podría posicionarla como líder en innovación nuclear limpia.
El quinto proyecto es de carácter logístico: la ampliación del puerto de contenedores en Montreal. Este movimiento responde a una visión de largo plazo para robustecer la infraestructura comercial del este del país, especialmente frente a los cuellos de botella generados por el aumento en el comercio con Europa bajo el tratado CETA.
La selección de estos cinco proyectos obedece a una visión estratégica que combina diversificación energética, independencia económica y atracción de inversión extranjera directa. Al reducir la dependencia de Estados Unidos, especialmente en minerales y combustibles, Canadá busca asegurarse un lugar competitivo en un mundo multipolar que redefine constantemente sus cadenas de suministro.
Para la industria minera, estas noticias representan una bocanada de aire fresco. La percepción general de que Canadá es un entorno difícil para la inversión minera podría comenzar a cambiar si esta política de agilización regulatoria demuestra resultados tangibles. El país tiene enormes reservas aún sin explotar de minerales estratégicos como el níquel, el litio y las tierras raras, que podrían ser decisivos en los próximos 20 años.
Además, esta nueva dinámica podría facilitar la entrada de más empresas junior al ecosistema extractivo canadiense, tradicionalmente dominado por grandes corporaciones. Si el proceso de permisos se vuelve más predecible y menos oneroso, más proyectos exploratorios podrían convertirse en operaciones comerciales viables, contribuyendo al desarrollo regional y a la generación de empleo local.
Cabe destacar que el anuncio se da en medio de un auge global por los recursos naturales. La competencia por asegurar fuentes confiables de cobre, litio y uranio es cada vez más feroz. Mientras Estados Unidos promueve leyes para incentivar la minería nacional y Europa firma acuerdos estratégicos con países latinoamericanos, Canadá ha optado por mirar hacia adentro y optimizar sus propias capacidades.
La experiencia canadiense podría servir como modelo para otros países que enfrentan retos similares. México, por ejemplo, ha debatido durante años la necesidad de simplificar sus trámites mineros sin relajar la vigilancia ambiental. Lo que ocurre en Ottawa bien podría alimentar ese debate nacional sobre cómo conciliar desarrollo económico y sostenibilidad.
Carney ha dejado claro que este es solo el primer paso de un plan más ambicioso. En los próximos meses se espera la inclusión de más proyectos bajo el paraguas de aprobaciones rápidas, especialmente aquellos vinculados a minerales críticos. La apuesta es clara: hacer de Canadá no solo un país más ágil en infraestructura, sino también un actor relevante en la nueva geopolítica de los recursos.

